17/07/1997 | 548

¿Quien va a pagar ahora el derrumbe?

La crisis financiera que se desató en las últimas semanas en el Sudeste de Asia y en algunos países de Europa oriental, se ha trasladado a las principales naciones del Sur de América.


La Bolsa argentina cayó un 1.7% el lunes y un 3.5% el martes, sumando un retroceso del 5.5%. En dinero contante, la caída representa una pérdida de capital de cerca de 10.000 millones de dólares.


La Bolsa brasileña, que había caído un 3.5% el lunes, se había acercado el martes a un derrumbe del 9.0%. En sólo 48 horas se produjo una desvalorización de 65.000 millones de dólares.


Un derrumbe igualmente importante se ha producido en México.


La fuerte presión devaluatoria contra numerosas divisas de los llamados ‘países emergentes’, provocó el martes una suba generalizada en la cotización internacional del dólar. La revaluación del dólar dará lugar a nuevos conflictos comerciales de Estados Unidos con Japón, ya que ese hecho encarece las exportaciones norteamericanas y las desplaza de la competencia internacional.


El primer ministro de Japón advirtió recientemente, sin embargo, que en caso de una guerra comercial con Estados Unidos, Japón retiraría la enorme masa de capitales que tiene invertida en la Bolsa de Nueva York.


La onda de derrumbes monetarios se inició en mayo pasado, cuando los especuladores comenzaron a retirar sus capitales de los ‘países emergentes’ para devolver los préstamos que habían tomado en Japón, ante el temor de que Japón pudiera subir sus tasas de interés, que están muy bajas. Dado el colosal endeudamiento externo de los países afectados y su creciente déficit comercial, este retiro de fondos dejó al Estado y a las empresas de estos ‘países emergentes’ sin fondos para amortizar su enorme deuda externa.


De ahí la devaluación. Ahora deberán enfrentar la crisis industrial, las quiebras y el desempleo masivo.


De acuerdo a un informe del diario The Wall Street Journal, que La Nación publicó el martes 15, la crisis que se ha iniciado tiene raíces muy profundas, pues responde a un fenómeno más general, que es la sobrecapacidad de producción de China, la que ha desplazado a los países del Sudeste asiático de los mercados internacionales. Podríamos agregar que las perspectivas son aún peores que las señaladas por el diario, toda vez que la crisis de sobreproducción está afectando a la propia China, al punto que el 40% de los préstamos otorgados por los bancos chinos son considerados irrecuperables.


Por otro lado, la sobrecapacidad de producción caracteriza también a todos los países desarrollados.


En la ronda mundial de la crisis, el turno le ha tocado ahora al Brasil, para quien se prevé un déficit corriente con el exterior de 36.000 millones de dólares para todo 1997; el déficit fiscal brasileño es del orden de los 140.000 millones de dólares anuales. La caída espectacular de su Bolsa obedece a una fuga de capitales claramente motivada por el temor a una incapacidad para pagar esa deuda. Esa fuga, a su vez, abre el camino para una devaluación del real.


La devaluación de la divisa brasileña convertiría en realidad las peores pesadillas de la burguesía argentina y del menemismo. Es que esa devaluación haría retroceder las exportaciones argentinas a Brasil y seguramente provocaría una salida de capitales de la Argentina. Roque Fernández asegura que se han tomado todas las disposiciones para evitar la devaluación del peso y la crisis bancaria, pero la crisis en el Sudeste asiático acaba de demostrar que esas medidas preventivas no se pueden poner en ejecución a la hora del estallido.


Durante la mayor parte del gobierno menemista, los trabajadores argentinos fueron obligados a pagar de sus salarios la suba de la Bolsa, las ganancias de los bancos, los negociados de las privatizaciones y los superbeneficios de las patronales. La crisis pone a los trabajadores ante la expectativa de que tengan que financiar ahora el hundimiento de esa misma especulación capitalista y el derrumbe de sus mercados.


Es hora de decir basta. Se ha agotado un régimen político y se ha agotado un régimen económico. En esta situación, los explotados no tienen salida.


Es necesario proceder a la nacionalización de la banca bajo control obrero.


Abrir las cajas fuertes de los capitalistas y convertir el capital destinado a la especulación en un ahorro nacional que sirva a los intereses de las grandes masas.


Hay que nacionalizar el comercio exterior.


Cesar el pago de la fraudulenta deuda externa.


Llamar a los trabajadores del Mercosur y de América Latina a unirse en un marco político y estatal, para poner freno al saqueo y planificar conjuntamente la utilización de nuestros gigantescos recursos.


Es necesario un aumento inmediato del 50% de los salarios y jubilaciones, establecer un subsidio a los desocupados de 450 pesos sin excepción y repartir las horas de trabajo disponibles entre todos los trabajadores.


Es necesario que se vayan Menem y Duhalde y de que gobiernen los trabajadores.

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