27/07/1994 | 424

Quiénes son los responsables

Un ataque contra los trabajadores

Cualquiera haya sido la causa o el origen del atentado contra la Amia; se trate de una acción del grupo Hezbollah, ligado a Irán o con vinculaciones con Siria; se trate de una fracción de los servicios sionistas que trabajan por cuenta de los colonos israelíes que se oponen a los acuerdos de “paz” con Arafat; exista o no una conexión local en la Argentina, más enquistada o menos enquistada en el aparato del Estado; en cualquiera de las hipótesis que se manejen (y que se manejan), lo único cierto es esto: se trata de una acción de grupos vinculados a los Estados capitalistas que explotan a sus pueblos y que oprimen a otros, todos relacionados política y económicamente con el imperialismo mundial en cualquiera de sus formas, con el que trabajan para impedir que los trabajadores subviertan el “orden” presente de explotación social.


El encubrimiento de esta realidad es el trabajo al que se dedican todos los que se han puesto a escribir o a hablar sobre el atentado. Pero es precisamente el encubrimiento del carácter social de los grupos y Estados que apadrinaron el atentado, lo que garantiza el encubrimiento de sus verdaderos autores y la impunidad. Por eso, un ministro de “ecología” del gobierno sionista, de “izquierda”  él, ya anunció que se ejecutaría a los autores materiales del atentado allí donde se los encuentre —que es siempre la mejor manera de tapar la realidad que se encuentra detrás de un crimen.


Este ajuste de cuentas entre quienes defienden un mismo régimen de explotación y un orden internacional con el que discrepan en cuestiones de grado y matices, pero no de sustancia; este ajuste de cuentas tiene por víctima material y política a los trabajadores, a la democracia y al socialismo. Más aún cuando las organizaciones que debieran representar a los trabajadores no toman la iniciativa de la lucha contra este terrorismo, de Estado de una parte, y antiobrero de la otra.


De un atentado al otro


El encubrimiento político ya resulta claro cuando han pasado más de dos años del atentado a la embajada. La responsabilidad de ello no sólo le cabe a Menem, toda vez que involucra a Estados más poderosos, Estados Unidos e Israel —la CIA y el Mossad. Si el Side argentino no colaboraba con éstos, es algo de lo cual nos enteramos ahora, y es, por supuesto, completamente falso. La “mano de obra” desocupada, a la que Alfonsín y Menem le dieron el indulto, no es otra cosa que el topo que tienen guardado los servicios extranjeros dentro de los argentinos. Existe una larga relación entre ellos, por lo menos desde el golpe de 1976, apoyado por los yanquis y los sionistas.


Aunque se habló algo de la supuesta advertencia de un funcionario norteamericano, Robert Gelbard, acerca de un atentado en Argentina, lo único cierto es esto: los yanquis han ocupado su tiempo, últimamente, en enganchar a Menem para una eventual invasión contra Haití; para preparar la reunión de fin de año con Clinton, en Miami; y para prever las consecuencias de un triunfo de Lula en Brasil. Lejos de una falta de contactos entre los servicios, la agenda estaba repleta. Nada lo demuestra mejor que la cuestión de la Supersecretaría, un invento yanqui copiado por Cavallo a los mexicanos (sin pagar la propiedad intelectual, por supuesto), mucho antes del atentado. El atentado ha servido, precisamente, para crear la Supersecretaría, la SS, lo que demuestra el “modo de usar” que lleva estampado en la etiqueta este tipo de acciones.


En el plano internacional, las presiones terroristas han servido para presionar, principalmente a los palestinos, al “acuerdo de paz” con Israel, que convierte a la OLP en una policía de su propio pueblo, esto baja la mirada atenta del ejército sionista. Una lucha revolucionaria contra los “acuerdos de paz” debe ser librada en Palestina y los países árabes, contra todos sus regímenes reaccionarios; hacerlo con una bomba a la Amia es contrarrevolucionario, es un ataque a los trabajadores de los otros países del mundo.


Los jefes de Estado la tienen clara: Peres, ministro exterior de Israel, dice: “Por el atentado a la embajada enviamos investigadores y estamos trabajando duro…” (Noticias, 24/7/94); no es cierto, entonces, que se les impida “trabajar” o que no exista una injerencia constante en la Argentina. Lo que hay es encubrimiento político. Dice Rabin, el primer ministro sionista: “Creo que Siria no está directamente involucrada en el atentado…; cuando más avance la paz, creo yo, el peso de (los) grupos radicales irá disminuyendo” (ídem). Muy claro: no hay que comprometer al gobierno de Assad y hay que subordinar la acción de los servicios al desarrollo de los “acuerdos” que establecen la completa supremacía de Israel y el imperialismo yanqui en Medio Oriente.


Una primera conclusión es que el menemismo está esperando que la Constituyente reaccionaria le saque la reelección, para lanzarse, SS mediante, a una implacable represión contra la resistencia en ascenso de los trabajadores.


Menem en la cuerda floja


La burguesía no esperó más que 24 horas para establecer su política después del atentado: la culpa es de la impunidad, de la falta de seguridad jurídica, del amateurismo y corrupción de los funcionarios. Esto lo dijo La Nación el martes 19, no Beraja, de la DAIA: Beraja sólo repitió después lo que La Nación escribió antes, sin importarle, claro, que La Nación fue partidaria del indulto, de los decretos antijurídicos que viabilizaron la “reforma del Estado” y de la corruptela de las privatizaciones. Es un llamado a inviabilizar la reelección de Menem, quien ahora es visto como un obstáculo para garantizar el “proceso”. Una semana antes de La Nación, había dicho lo mismo The Financial Times.


Todo esto podría explicar los avances del grupo de Cavallo en el gobierno y en una futura reorganización del gabinete. La orden del imperialismo sería cavallizar al PJ (y también al FG), ante la posible inviabilidad de un segundo mandato menemista.


Es cierto que Menem está pagando el precio de sus veleidades: ayer con Khadaffi y Assad, hoy con Rabin, Clinton o Bush. Pero la burguesía le pasa la factura ahora, no antes; no cuando la Bolsa subía y los capitales entraban; cuando todo era “tudo bem”, sino ahora, que la tendencia se invierte —ahora viene el “reproche moral”. Como decía el viejo Marx: la política y la moral están condicionadas por la economía. La crisis política provocada por el atentado es una consecuencia de la crisis creciente del “plan” Cavallo.


La reacción del menemismo (inspirada por Neustadt) ha sido patear la pelota para afuera; decir que es un asunto internacional y pegar un viraje al nacionalismo, con alusiones a la injerencia del Estado de Israel. Por esta vía, sólo se está cavando más la fosa.


Movilización obrera


Lo más lamentable dentro de las reacciones populares contra el atentado fue la falta de iniciativa de las organizaciones que convocaron a la Marcha Federal, que no percibieron que una movilización contra este atentado habría profundizado las posibilidades de éxito del 2 de agosto (no hablemos ya del Frente Grande, sólo preocupado por copiar a Cavallo, defender el medio ambiente y meter en la Constitución el Tratado de Costa Rica, lo que nos convierte en colonia y prohíbe el derecho al aborto). La clase obrera quedó excluida de la lucha contra el atentado, es decir contra los encubridores, es decir contra el imperialismo y contra Menem y su política, por la falta de una dirección.


Por la misma razón, los trabajadores son privados de la posibilidad de tener una apreciación de conjunto de la crisis de la burguesía y del gobierno que esconde el atentado, y más aún, de las maniobras que se están haciendo para recomponer fuerzas en perjuicio de las masas.


Para los trabajadores, el atentado, el encubrimiento y la colaboración con el imperialismo forman una sola línea de continuidad con el indulto; con los casos de Carrasco, María Soledad, Ingeniero Budge y la “policía brava”; con el envío de tropas al Golfo, Yugoslavia y Haití; con la entrega de la soberanía nacional; con la miseria y el hambre; con el gobierno por decreto.


Esta es la situación.

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