23/07/2003 | 810

Jorge Telerman (1955) tenía una suplencia en la UBA, por el sánguche y la coca. En ese entonces, corría 1986, concursó en el programa Todo Nuevo, producido por Juan Alberto Ramón Badía – hombre de doble apellido que vació de vida a la FM de la Ciudad y la llenó de música enlatada— y ganó el primer premio en el rubro periodista, siendo votado por una familia elegida al azar, con diez puntos, por un informe sobre las guerras hecho en una juguetería con soldaditos de plomo. La productora y compaginadora de ese informe fue Marisa Badía, ya que Telerman carecía de conocimientos periodísticos y televisivos. El premio de este concurso era un contrato en Canal 13 por un año. Lo empieza a ejercer como movilero del programa Telemóvil, programa que recorría el país, siendo Telerman uno de sus cronistas. (Otro de los debutantes en ese programa fue Daniel Hadad.) En el ejercicio de esta profesión tuvo, Jorge, serias dificultades, debido a la imposibilidad de los productores de entender qué quería decir cuando salía al aire.


Al empezar la nueva temporada anual de Badía y Compañía, también por el 13, que era un éxito, Telerman pasa a ser integrante de la mesa de periodistas del programa. Esa mesa de periodistas solía entrevistar a políticos de alto rango. Ahí es donde Telerman tiene el honor de conocer a don Antonio Cafiero, quien cae rendido ante los poderes seductores del pelado y al año siguiente se lo lleva a la Gobernación de la provincia de Buenos Aires como su vocero personal. Así da inicio la carrera política de Jorge Telerman.


El primer accidente lo tiene cuando Cafiero pierde las internas contra Menem. Pero se recompone rápidamente, ya que Guido Di Tella, que era ministro de Cafiero en la gobernación, se convierte en el canciller del menemismo. Entonces Telerman pasa a ser vocero del canciller – su padrino menemista – dando inicio a su carrera diplomática. Ésta tiene, entre sus logros, el mayor accidente de su carrera: el derrumbe del Pabellón Argentino en la Exposición del Quinto Centenario, en Sevilla. Telerman, con Alberto Lataliste, era el máximo responsable. La Nación quedó debiendo 800.000 dólares.


Luego de ese bochorno histórico, desapareció un tiempo, hasta que reaparece como jefe de Prensa de la OEA, un cargo altísimo. Varios años ocupa ese cargo, hasta que le pide a Menem el pase de la OEA a la embajada argentina en Cuba. Allí defendió las políticas menemistas ante Fidel Castro y fue anfitrión del riojano, en 1999, y de cada menemista que pisó la isla. Ya había empezado a usar trajes importados, que bien se los podía pagar con su sueldo de 10.000 dólares ¡en Cuba! Tiempo antes, en la época de la OEA, abrió «La Trastienda» (Balcarce y Belgrano, San Telmo), con otros socios (entre ellos, Gustavo Gianetti – el ex propietario de la original «Trastienda» en el Palermo Viejo de los ’80 – y Daniel Feito – que es actualmente uno de los principales funcionarios de la Secretaría de Cultura, amen de continuar ambos siendo propietarios de «La Trastienda», sin que esto les represente ningún conflicto – . Contaban, entre sus apoyos, con las carteleras municipales, que regentea su ex mentor Enrique Albistur (el tema de las carteleras municipales será otro capítulo de esta historia).


Sin embargo, ahora están enfrentados, ya que Albistur abrió el teatro «ND Ateneo», haciéndole competencia a La Trastienda por la similar programación. Albistur, por supuesto, tiene a su favor la gratuidad de la concesión monopólica de las carteleras municipales, que lo han hecho millonario en la última década. (¿Por qué? ¿cómo puede ser? Hasta el Gobierno de la Ciudad le tiene que pagar «sus» carteleras a quien se las dio en concesión. Insólito.).


De aquella estancia en Cuba, se recuerda, comenzó un importante intercambio con artistas cubanos que llegaban, subsidiados por el Estado argentino, a actuar en «La Trastienda».


Luego de ser embajador de Menem en Cuba, Telerman pasa a ser el vocero de Duhalde en las elecciones que pierde contra la Alianza. A último momento, cuando a Duhalde le faltaba un representante para encabezar su lista en la Capital, lo manda de primer candidato de PAIS (Bordón) a diputado nacional, empapelando la ciudad con su calva sonrisa. Luego, Telerman se pasa al partido de Beliz y se candidatea con él. Javier Grosman, en ese momento dueño del bar-restaurante-teatro Babilonia, que era candidato a la Secretaría de Cultura con Ibarra, se lo presenta a Ibarra. Telerman le pide la Secretaría de Cultura, que estaba destinada para Grosman. Al aceptar Ibarra, Grosman la cede. Telerman renuncia a Béeliz. Lo echa a Grosman de Cultura, pero Grosman no se va. A los meses le disuelve la Subsecretaría de Acción Cultural, que había fundado Lopérfido y que era el cargo de Grosman.


(Hoy Grosman es el jefe de Prensa de Autodeterminación y Libertad, un operador profesional – no olvidemos que fue jefe de Prensa de la Legislatura, puesto por Ibarra – . Además, es dueño de una productora artística internacional: otro caso de un funcionario que obtuvo y obtiene ganancias privadas a partir de la función pública.)


Adivinanza para lectores despiertos: ¿quién fue el crítico teatral que comenzó a armar la nueva plana directiva del Teatro San Martín alrededor del 15 de marzo de 1976, cuando el rumor del golpe ya estaba instalado pero sólo unos pocos elegidos (por Videla, Massera y Agosti) organizaban a sus tropas, militares o civiles, para ocupar las instituciones isabelistas prontas a caer? Respuesta: el mismo crítico que Jorge Telerman nombró a cargo de todos los teatros de la Ciudad de Buenos Aires: el admirado (por Videla) Kive Staiff. Quien reveló la actividad del golpista teatral fue uno de los directores, Alberto Ure, que recibió una llamada de Staiff en su casa con ofrecimientos para la nueva gestión, y quien, por comentarlo tiempo después, fuera uno de los eternos integrantes de las listas negras del «Proceso» y de la «democracia» sanmartiniana del fascista Kive Staiff, junto a Tato Pavlovsky, Ricardo Bartis y muchos otros.


Para terminar estas aguafuertes porteñas, Enrique Albistur, de quien ya dijimos que es un nuevo millonario gracias a la concesión monopólica de las carteleras de la ciudad – carteleras que, tras el triunfo de Kirchner, se empapelaron con aplausos de la Nueva Dirección en la Cultura (?), firmado por Albistur y muchos de los artistas que actúan en su escenario del Teatro Ateneo – es el flamante secretario de Medios de Kirchner.


Telerman, Albistur, Kive Staiff… En manos de esta gente está la cultura porteña.

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