19/01/2012 | 1209

Schiavi y la mafia de los ferrocarriles

El 26 de diciembre de 2011, cuando se canceló el tren Gran Capitán que va de Chacarita a Misiones, los pasajeros cortaron las calles para que les garantizaran el viaje y los boletos pagos.


El tren llamado El Gran Capitán -o “Tren de los pobres”- dejó de funcionar en 1993 y retomó, sus funciones en septiembre de 2003. En el viaje inaugural, participaron el entonces presidente Kirchner, el gobernador Colombi y el presidente de Trenes Especiales Argentinos (TEA), Enrique Franchi. “El” presentó aquel viaje como una expresión de “la reactivación ferroviaria”.


El Gran Capitán comenzó trasladando 600 pasajeros dos veces por semana. El empresario que explotaba el negocio fue concejal del PI en Vicente López, desde 1983 a 1987.


Durante todos esos años, los viajes del Gran Capitán fueron un verdadero vía crucis. A principios de 2009, 700 pasajeros quedaron varados dos días, en un tramo de las vías que recorren Entre Ríos, por desperfectos mecánicos.


En abril de 2009, el Gran Capitán pasó a funcionar sólo un día a la semana, mientras arreciaba un conflicto de intereses entre TEA y La Fraternidad. Este gremio, ultra-alineado a la Secretaría de Transporte, comenzó a fogonear la entrega de la operación a otro operador privado. En mayo de 2009, La Fraternidad tomó la iniciativa de parar el servicio del Gran Capitán y la patronal envió telegramas de despido (APF, 21/5/09). Oscar Ava, dirigente de La Fraternidad del litoral, hizo entonces severas críticas a Franchi, responsable de TEA, proponiendo que la nación y la provincia articulen para recuperar el servicio” (www.sateliteferroviario.com.ar, Rieles multimedio). El “fraternal anticipó lo que se venía: “se está pensando en formar una Unidad de Gestión Operativa de Ferrocarriles del Estado, donde se fusionarían tres o cuatro empresas privadas”.


A fines de noviembre de 2011, hacía días que el Gran Capitán no funcionaba. TEA denunció que “cuatro personas, dos de ellas autoridades del gremio de La Fraternidad, secuestraron un tren y dejaron sin servicio ferroviario, por tiempo indeterminado, a la Mesopotamia. Luego de trasladar la formación por lugares inhóspitos, se detuvieron en el paraje Casa Pava, Comentes”. Ante la sorpresa de los empleados, quienes “se vieron privados de su libertad durante horas”, los responsables “se subieron a una 4×4 y abandonaron a toda prisa el lugar, inutilizando previamente la máquina y cruzándola sobre una vía”.


Esta acción fue impulsada por la Secretaría de Transporte, y La Fraternidad cometió el ilícito para que TBA, de manera directa, sea adjudicataria -como antes lo fuera del tren internacional al Uruguay. Los métodos mafiosos para resguardar los negocios son el sello distintivo de la Secretaría de Transporte y la patria contratista.


El 12 de diciembre pasado, Schiavi rescindió el contrato a TEA y entregó el servicio a TBA. Ahora, en lugar de partir de estación Lacroze (accesible en Capital Federal), el servicio sale de Pilar (a más de 50 kilómetros) -cabecera del Tren a Uruguay, el cual es explotado por el Grupo Cirigliano. La cruel novedad para el sufrido pasajero del Gran Capitán es que TBA y el Estado van a prestar un servicio sin el material rodante apropiado, lo que lo coloca incluso al servicio por detrás del que brindaba desastrosamente TEA.

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