28/03/1995 | 441

Scilingo, Bordón y “Cavallo” Alvarez en el mismo barco

Un aluvión de pronunciamientos ha salido a respaldar el planteo del oficial naval Scilingo (ver nota), de publicación de la lista de muertos-desaparecidos como instrumento para una “pacificación total y definitiva” del país. Se enrolaron en esto la UCR, el Frente Grande, Bordón y organizaciones de derechos humanos y personajes del periodismo y la cultura. Ninguna de estas organizaciones, consecuentemente, plantea el juicio y castigo a los criminales de la dictadura militar. Esto no debiera sorprender, sin embargo, de parte de quienes han apoyado o se han “resignado” a la Obediencia Debida, el Punto Final y el Indulto.


Pero Bordón, del FREPASO, fue más lejos que nadie al advertir que “la ley de Obediencia Debida es cosa juzgada” e incluso admitir la posibilidad de ascender a Astiz (Página l2, 10/3).


El objetivo de los que abogan por la publicación de la lista de muertos, es “lograr una sanción moral” (Mignone, del CELS, Página 12, 5/3/95).


Las declaraciones de Scilingo responden a la reacción de un sector de oficiales que ha visto trabada su carrera militar por su participación en el genocidio. Esto retrata una aguda crisis  política en las fuerzas armadas. El alto mando ha decidido separar a una parte de la “mala hierba“, y el Senado pone trabas a algunos criminales como una forma de echar lastre ante la rebelión juvenil que ocasionaron los asesinatos recientes de Bulacio, Bru, Carrasco y otras víctimas del gatillo fácil.


Scilingo puso al desnudo esta crisis al declarar que “si ascendieron los que dieron órdenes, por qué no los ejecutores”. La virtual suspensión del servicio militar optativo, la quiebra presupuestaria de las fuerzas armadas, el fracaso en ocultar los crímenes en los cuarteles, el vuelco del alto mando al tráfico internacional de armas, todo esto revela que la crisis militar ha entrado en una nueva etapa y es uno de los componentes de la descomposición política más general del gobierno.


Los partidarios de las listas de asesinados pretenden cerrar esta crisis y superar uno de los escollos a la formación de un gobierno de “unión nacional”. Por eso, sus principales protagonistas son los “travestis” del Frente Grande.


Listas, sí. Pero de los asesinos. Que se abran los archivos militares y el acceso a los cuarteles.

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