20/11/1997 | 565

Se cae el Mercosur: por la unidad socialista de America Latina

Los ministros de Economía de Brasil y la Argentina ya se han reunido varias veces para establecer lo que harían si ‘el real no aguanta’. Lo mismo han estado haciendo los presidentes de la UIA y de la Confederación de la Industria de Brasil. Los popes de Techint ya han dicho que si se devalúa el real, quieren un arancel de protección para la Argentina del 10 por ciento. Esto, claro, si esa devaluación es controlada; si ocurre una estampida, se pudre todo.


Estos cabildeos demuestran la inviabilidad del Mercosur, es decir, su incapacidad para hacer frente a una crisis mundial en forma autónoma y unida. En las épocas de vacas gordas, todo el mundo es socio; el asunto es seguir siéndolo en la tormenta.


A los medios financieros internacionales no se les escapa nada de esto. El establecimiento de un arancel del 3 por ciento, por parte de la Argentina y Brasil, luego convalidado por Uruguay y Paraguay, fue comentado por el Financial Times como «una mala señal» (14/11). El diario sospecha que los gobiernos del Mercosur estarían «tentados por el proteccionismo» y asegura que el arancel «debilita la credibilidad que el gobierno de Brasil ganó con las recientes medidas».


La crisis mundial ha llevado a varios voceros del capitalismo argentino a hacerse eco de que el Mercosur representaría ‘un desvío de comercio’ que perjudicaría mejores alternativas para la Argentina. Lamentablemente, han llegado tarde a esta conclusión, porque la crisis actual amenaza a todo el comercio internacional. La alternativa de una asociación de libre comercio con Estados Unidos, que nunca tuvo muchas perspectivas, acaba de quedar pinchada con el retiro del proyecto de negociación, llamado de la «vía rápida», del congreso norteamericano.


El Mercosur es una unidad parcial de ciertos grupos de monopolios, principalmente de la industria automotriz, controlada por capitales norteamericanos y europeos. Ha servido para desangrar fiscalmente a la Argentina y a Brasil, ya que han pagado con exenciones de impuestos o subsidios cifras superiores a las invertidas por esos pulpos del automóvil. La crisis mundial está jugando un efecto desintegrador de este exclusivo acuerdo capitalista.


Pero la crisis es una oportunidad para unir a los trabajadores de Brasil y la Argentina y de toda América Latina, en un plan común de lucha contra los despidos, el cierre de industrias, el hundimiento financiero y comercial. La crisis es la oportunidad para que emerja la política internacional de los trabajadores en oposición al desbarajuste internacional del capital. A diferencia de la integración comercial exclusiva de los monopolios, los trabajadores estamos interesados en la unidad política inmediata de nuestros países, en una confederación de Estados. La unidad política significa que debemos clarificar, de inmediato también, los términos sociales de esa unidad. Es decir que debe ser una unidad para planificar en común el aprovechamiento de nuestros recursos con vistas a la satisfacción de las necesidades sociales de nuestras masas.


Es decir que debemos poner en pie una federación de estados gobernada por los trabajadores, por los obreros y los campesinos.

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