04/09/1997 | 555

Se extiende el derrumbe financiero internacional

En abril pasado, los especialistas decían que Tailandia no era México, por lo que no había que temer allí ninguna crisis. Luego que se desató, aseguraron que no pasaría de ciertos límites. Cuando llegó a Malasia, repitieron que ésta no era Tailandia, y cuando lo hizo con Indonesia y Filipinas, siguieron el mismo verso. La penúltima versión es que la crisis nunca llegaría a Hong Kong y, por los pagos nuestros, jamás a Brasil o a la Argentina. El fin de semana pasado, sin embargo, se cayó todo.


La plata del FMI


La gravedad de la situación la mide el hecho de que los 16 mil millones de dólares que el FMI, Japón e incluso China le dieron a Tailandia para estabilizar su moneda, se esfumaron, sin que el bath tailandés dejara de bajar. En mayo, el Banco Central de Tailandia tenía 40 mil millones de dólares de reservas, ahora le quedan 4. Su deuda externa a menos de un año de plazo, es de 70 mil millones de dólares. El país está en bancarrota. La posibilidad de que no cumpla con el pago de la deuda externa, así sea recibiendo para ello más créditos, cortaría la cadena de pagos entre los bancos y podría provocar un colapso financiero y comercial internacional. Se acaba de informar que el banco central tailandés no podría renovar las deudas que ha contraído para conseguir los dólares que le han permitido mantener abierto el mercado de cambios.


Cuando en 1987 se derrumbó la Bolsa de Nueva York, el Banco Central ordenó abrir todas las canillas financieras para socorrer a los que habían quedado insolventes, lo que consiguió detener el colapso económico, aunque al precio de un estancamiento que se prolongó hasta 1990. Lo mismo se consiguió cuando cayó México, con un préstamo liderado por Clinton de 50 mil millones de dólares, también al precio de una recesión que aún no ha terminado. Pero en relación a la actual crisis asiática, el socorro ha fallado y la crisis ha alcanzado una dimensión que no podría ser contenida con la cifra que se prestó a los mexicanos.


Japón


En el caso de Malasia, Tailandia e Indonesia, los pulpos capitalistas afectados por sus altas deudas se niegan a ser sacrificados en el altar de la estabilidad, por lo cual sus gobiernos se han opuesto hasta ahora a elevar brutalmente la tasa de interés interna, que permitiría frenar la fuga de capitales al exterior. Malasia e Indonesia tomaron medidas intervencionistas, que han provocado furibundas críticas de Fondos de Inversión norteamericanos y europeos. Se habla de crisis políticas inminentes en esos países. A principios de esta semana, la caída de las bolsas se había extendido a la superfortaleza financiera que es Hong Kong, no importa que tenga 60 mil millones de dólares de reservas y que China, su protectora, tenga otros 120 mil millones. Por fin, la Bolsa brasileña se derrumbó en toda la línea.


Un país que aparece oculto en la crisis es Japón, pero es incuestionablemente el más golpeado. Es que Japón, que tiene a su sistema financiero agobiado con un monto de deudas de 600.000 millones de dólares, es el país que más capitales tiene invertidos en el Sudeste asiático y el que más pérdidas puede sufrir como consecuencia del derrumbe en esa región. Pero además, Japón tiene una deuda pública de 6 billones de dólares, esto como resultado de los subsidios que dio para salvar a su sistema bancario; es decir que no tiene medios para socorrer tampoco a los países vecinos.


El índice de la bolsa de Tokio llegó a los 16.000 puntos, frente a los 45.000 de una década atrás.


La crisis en Asia fue precipitada por el gran endeudamiento, de un lado, y por la caída de las exportaciones, por el otro. Se puso de manifiesto una crisis de sobreproducción cuando había una elevada sobreinversión. Si para aumentar las exportaciones se devalúa, esta desvalorización aumenta la deuda medida en moneda local. Como en estos países sus capitalistas también se creyeron lo de la convertibilidad, no tomaron recaudos frente a la posibilidad de una devaluación. Las devaluaciones han aumentado la competencia internacional y esto dificulta aún más la salida para las exportaciones. El remedio se convirtió en un tóxico. La onda se ha extendido a América Latina, como lo demuestran las caídas en las exportaciones tanto de Argentina como de Brasil.


Mercosur


Los oficialistas brasileños también se consuelan a sí mismos diciendo que su deuda externa descomunal, de casi 200 mil millones de dólares, es a mediano o a largo plazo, de modo que no enfrentan el peligro de una cesación de pagos. Pero como lo revelamos en la edición pasada, esa deuda tiene cláusulas que autorizan a los acreedores a pedir su cancelación en tres años. Tampoco sirve de consuelo el dinero que ingresaría a ese país por las privatizaciones, ya que la inestabilidad monetaria tiene por consecuencia poner en jaque a las privatizaciones, ya que se deja de saber cuál es el precio al que deben ser negociadas.


La fuga de capitales desde las distintas monedas hacia el dolar, ha provocado una fuerte revalorización de éste, y esto es un gran perjuicio para todas las monedas atadas al dólar, como el peso o el real, porque encarece las exportaciones. Es decir que el efecto dominó seguirá haciendo sus estragos.


Esta gran crisis, para colmo, tiene su centro de gravedad en Nueva York, donde Wall Street tuvo una caída neta del orden del 7 por ciento a lo largo de agosto. Los rendimientos de las acciones y los dividendos que pagan las empresas son inferiores a las tasas de interés que se cobran por los créditos. Los capitalistas sacan entonces su dinero de las acciones. Esto explica que el precio del oro haya comenzado a subir, cuando todo el mundo lo había dado por muerto, ya que la inversión en oro da seguridad, pero no paga intereses.


Estados Unidos y Europa


A toda esta situación se suma una contradicción importante entre Estados Unidos y Europa en materia monetaria. Mientras que los yanquis prefieren la valorización del dólar para atraer de este modo el dinero que tiende a fugarse de Wall Street, en Europa se ha producido la devaluación del marco y del franco para reactivar la economía por la vía de las exportaciones. Pero ahora se ha llegado al punto en que el dolar alto está perjudicando a las exportaciones norteamericanas y la caída de las monedas europeas está provocando una salida de capitales en Europa. Cualquier cosa que hagan los bancos centrales, como subir la tasa de interés en Alemania o hacerlo en Estados Unidos, puede provocar un derrumbe financiero generalizado.


La burguesía norteamericana no ve del todo mal los derrumbes de sus rivales, porque le permite acentuar su colonización financiera de esos países y la dominación económica mundial. El dólar ha pasado a representar el 60 por ciento en el total de los empréstitos internacionales, lo cual le da al Estado norteamericano un poder financiero descomunal, además de afectar el alcance internacional de la futura moneda europea. Pero si no puede imponer su salida de ‘austeridad’ a estas crisis, la extensión del proceso rápidamente derrumbará no sólo a las acciones de Wall Street, sino a los propios bonos del gobierno norteamericano, cuya cotización no en vano viene cayendo desde que comenzó la crisis.


En los próximos días se verá si los gobiernos de los principales países deciden una acción concertada que los obligaría, además de prestar plata, a tomar medidas financieras de alcance internacional. En cualquier caso, la onda ya llegó al Mercosur y no sirve de nada decir que ahora el sistema bancario argentino es más fuerte, esto porque al extranjerizarse ha quedado dominado por bancos que están expuestos en todos los mercados que se han venido abajo en los últimos meses. Como gran parte del dinero bancario está invertido en las Bolsas, sirve de poco que los préstamos corrientes a las empresas estén girando con normalidad; la caída de la Bolsa alcanza para mandar a un banco a la lona, porque sus principales inversiones están allí.


La estabilidad, ¿cosa juzgada?


Las AFJP podrían jugar un rol estabilizador, porque no tienen que pagar jubilaciones hasta dentro de muchos años y porque pueden disimular sus pérdidas contabilizando sus inversiones, no al valor real, sino al nominal. ¿Pero hasta qué punto o por cuánto tiempo? La evidencia de la crisis puede llevar a los aportistas a cambiar de AFJP o simplemente a evadir los aportes, como ya ocurre en gran escala.


Menem-Duhalde y la Triple Alianza se han juramentado mantener la paridad 1 a 1 con el dólar. Tendrán que probar su fidelidad mucho antes de lo que se imaginan. La crisis financiera demolerá entonces económica y políticamente a la burguesía.


La salida del Partido Obrero es: desconocimiento de la deuda externa, nacionalización obrera del sistema financiero, plan económico nacional y continental.

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