23/03/2011 | 1169

Solanas, en el camino de la Alianza

A medida que avanza el proceso electoral, Pino Solanas y Proyecto Sur caminan acentuadamente a reiterar el camino de la «Alianza», o sea a su disolución como expresión electoral independiente. Proyecto Sur sólo inscribió candidatos legislativos en la provincia de Santa Fe con la intención explícita de apoyar las candidaturas ejecutivas de Binner y del radicalismo a la gobernación y a la intendencia de Rosario. Solanas también anunció el apoyo de Proyecto Sur a la candidatura de Juez en Córdoba, sin que el ex intendente lo retribuyera con el gesto de sostener la postulación presidencial de Pino. Pero en este caso, las sorpresas podrían ser aún mayores: es que la posición de Juez respecto de las elecciones nacionales se encuentra aún en oferta, como lo demuestran sus reuniones con Binner y los radicales, por un lado, y sus declaraciones filo-kirchneristas por el otro. En Catamarca, Solanas -en este caso con la personería del MST- entregó la candidatura y la propia intendencia de Andalgalá a un dirigente de la UCR, que nunca dejó de proclamar su condición de radical y alfonsinista. Pero la UCR y Alfonsín son defensores a ultranza de la gestión capitalista de la minería, tal como se demostró en el apoyo de casi una década a la gobernación de Brizuela del Moral. De ese modo, Proyecto Sur operó para que el repudio popular a los monopolios mineros quedara contenido dentro del corralito de la política patronal, o sea, prominera.

Precisamente, los radicales han tomado nota de la derrota de Catamarca y también del resultado de Andalgalá. Por eso, reforzaron las gestiones para rodear a la UCR de un «frente progresista» sumando a Solanas al acuerdo cívico. Pero Solanas, ¿no ha llegado a la misma conclusión? Después de Catamarca, se reunió de inmediato con los jefes de bloque de la UCR, el GEN y el socialismo, con los que pactó nada menos que «articular un núcleo parlamentario con agenda propia» (La Nación, 17/3), algo muy cercano a un programa común. Dos días después, en la capital de Santa Fe, Solanas y De Gennaro cerraron junto a Binner el foro anual del Frente Cívico provincial. De Gennaro no se ahorró nada: «Hoy comienza a enhebrarse una fuerza política, social y cultural que va a gobernar la Argentina» (La Nación, 20/3). El país necesita ser gobernado por gente como la que hoy gobierna Santa Fe (¡!), agregó -en referencia al gestor «socialista» de los pulpos sojeros, aceiteros e inmobiliarios.

Solanas también ha sacado su balance de Catamarca: para enfrentar la escalada kirchnerista, la polarización y el bipartidismo no hay otra alternativa que arrimarse a uno de los polos del «bipartidismo», en este caso el que encabezan la UCR y sus aliados. En la misma línea, Lozano refuerza los contactos para cerrar un acuerdo porteño con la ex ARI y ex K Graciela Ocaña, así como con el GEN. El referente porteño de Stolbizer, el sociólogo Aldo Isuain, es uno de los principales propagandistas de la «prestación jubilatoria universal»; o sea, un rasero de miseria previsional que termine definitivamente con la aspiración del 82% móvil. Las tratativas porteñas de Lozano también incluyen a la UCR y al Partido Socialista, algo muy similar a la coalición que sostuvo a Ibarra. Si Solanas desistiera de la candidatura presidencial, él mismo podría encabezar ese frente en la Ciudad. Una victoria de Alfonsín en la interna radical podría terminar de pavimentar el camino en ese sentido. Pero incluso si el ingreso al acuerdo cívico no prospera, Proyecto Sur llegará a la elección y a la interna abierta con una candidatura desquiciada por su propia política. En este proceso de disolución, Solanas se ha cargado al MST y al PCR. Pero en materia de sapos, no está claro quién tiene el paladar más exigente. El PCR es un furioso impulsor del acercamiento a Stolbizer y a la UCR; el MST, por su parte, sólo está aguardando el reparto de candidaturas.

A quien quiera escucharlo, Solanas le dice que «no quiere una nueva Alianza». Sin embargo, marcha en ese rumbo con una docilidad que supera, incluso, a sus precursores en los años ’90. El Frente Grande y Chacho Alvarez sometieron a una interna abierta los términos de la alianza con la UCR (aún cuando -según se afirmó entonces- Chacho y los suyos dejaron correr la victoria radical como resultado de un acuerdo previo a la propia interna). Ahora, Solanas está siendo fagocitado por el «acuerdo cívico» sin haber pasado siquiera por ese trámite, o sea, bajo las apretadas de los dos bloques capitalistas que se disputan la sucesión presidencial. Pero para combatir esa presión, es necesario un programa de oposición sistemática a esos bloques. Solanas no lo tiene, como lo demuestra la «agenda parlamentaria común» que acaba de pactar con el jefe de los diputados radicales. La enésima tentativa centroizquierdista de desarrollar una delimitación frente «al bipartidismo» puede terminar en un fiasco mayor al que vivieron sus precursores.

En esta nota

También te puede interesar:

Escribe Néstor Pitrola
El acta impulsada por la Iglesia busca apuntalar la tentativa de coalición entre Macri y los gobernadores, que tuvo su expresión en el pacto buitre primero y luego en el blanqueo