08/05/2020

Subsidian a las petroleras con la vuelta del “barril criollo”

Por Marcos M.

Finalmente, la presión de los pulpos petroleros redundó otra vez en el otorgamiento de subsidios a costa de los fondos del Estado y de los consumidores. El gobierno de Alberto Fernández dispuso una nueva suerte de “barril criollo”, ya que pagará 45 dólares por barril hasta diciembre, lo que se ubica entre un 50 y un 100% por encima de los derrumbados precios internacionales del WTI (estadounidense) y el Brent (europeo), que fluctúan entre los 22 y 32 dólares.


Es un recurso del que ya se valieron sus predecesores. Cristina instauró en 2015 el barril criollo un 55% por encima de los valores internacionales (77 dólares), luego de firmar un acuerdo secreto y leonino con la yanqui Chevron para entregarle la explotación de Vaca Muerta con libertad para fugar dividendos. Macri, por su parte, mantuvo el Plan Gas –también dispuesto por Kicillof- que garantizó precios diferenciales en boca de pozo por los cuales terminó transfiriendo 1.000 millones de dólares del Estado a favor de las empresas, y las benefició además con los tarifazos confiscatorios contra las familias trabajadoras.


Como se ve, somos los trabajadores los que venimos pagando la factura de los beneficios a las patronales energéticas, que los reciben a cambio de nada. No hay ningún condicionamiento que apunte a revertir el tendal de despidos y suspensiones que están dejando las petroleras, ni las reducciones salariales, todos ataques perpetrados con el visto bueno de la burocracia del sindicato petrolero que conduce Guillermo Pereyra. Pero es probable que esta garantía no alcance para evitar la parálisis de la producción (en Vaca Muerta la cantidad de fracturas en abril fue cero), cuando el mercado internacional está saturado de petróleo y dominado por una guerra entre las potencias productoras.


De la docena de multinacionales que explotan los recursos del país, la mayoría posee ente sus accionistas a tenedores de títulos de deuda argentina. Es el caso de BlackRock, con acciones en Exxon Mobil, Chevron, British Petroleum, Total y Shell. Como se ve, los beneficios a las petroleras son una moneda de cambio en medio de las concesiones a los fondos de inversión. Algo similar sucede en Estados Unidos, donde se evalúan rescates para evitar las quiebras de decenas de petroleas del shale oil, porque afectarían de lleno a gigantes como J. P. Morgan, el Citibank o el Bank of America, que financiaron la “revolución petrolera” norteamericana.


La inviabilidad del régimen energético plantea la necesidad de un giro de 180 grados, pero eso no entra en el radar de un gobierno subsumido en el rescate de la deuda externa, que beneficia a las patronales en plena crisis sanitaria a fuerza de subsidios y exenciones que profundizan el vaciamiento de la caja jubilatoria de la Anses. Son los trabajadores los que pueden terminar con el saqueo y reorganizar la industria energética sobre nuevos intereses sociales, a partir de la nacionalización integral bajo control obrero.



 



 

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