07/08/2003 | 812

Terremoto en Salta

El pasado miércoles 30 de julio, las radios comenzaron a informar, desde la mañana temprano, que el Partido Obrero había alcanzado la segunda posición en la intención de voto de la ciudadanía salteña con vistas a las elecciones constituyentes convocadas por Romero para imponer la posibilidad de su tercera reelección. Los datos ofrecidos por Datmática, una consultora ligada al Partido Renovador, indicaban que el PO había pasado del 11,2% de una encuesta anterior al 12,5%, mientras que el PJ reunía un 40% de intenciones y la alianza de renovadores y la Ucr, que además lleva candidatos de la Pastoral Social, llegaba al 10,2%. Un frente de ocho grupos de centroizquierda, entre ellos el Ari (y, por supuesto, la Ccc, que deja la abstención electoral cuando se trata de bloquear al Partido Obrero), estaba distante, con el 1,6% de las preferencias. Una vez realizadas las proyecciones con los «indecisos» (un 27%), el Partido Obrero obtenía el 17,5% de los votos potenciales para esos comicios del 24 de agosto, en tanto el PJ se aproximaba al 55%. En declaraciones efectuadas dos días más tarde, el presidente de la consultora señaló que las experiencias anteriores indicaban una fuerte correlación entre la intenciones de voto que las encuestas daban al PO y el voto posterior de los electores.


Tres días más tarde, los datos eran confirmados por la consultora Poma, con simpatías por la centroizquierda y el Ari, que daba al PO el segundo lugar en las encuestas, aunque con la diferencia de que otorgaba al frente de centroizquierda, Poder Popular, un registro más alto, del 7%.


Dada la validación que todos los medios de comunicación de la provincia le han dado a estas encuestas y el hecho de que representan una tercera compulsa de opinión, podrían considerarse como representativas de la opinión salteña. En sí mismas ponen de manifiesto una suerte de revolución política. No se debe excluir, de todos modos, que apunten a provocar una reactivación del frente del clero, los renovadores y los radicales, que corren el riesgo de desaparecer si las urnas confirman las encuestas. La misma función de advertencia tienen las encuestas para el frente centroizquierdista. Con independencia de este sesgo de maniobra política, sin embargo, el salto experimentado por el PO es formidable, aunque los medios de comunicación nacionales se obstinen en mantenerlo guardado bajo cuatro llaves. Más allá del punteo de las encuestadoras, los militantes del Partido Obrero observan claramente un ascenso en el apoyo popular.


Lo más importante, con todo, es que el terremoto político no se limita a la estadística. Otros factores también conmocionaron a la provincia, vinculados a la acción del PO. El primero fue el martes 29 pasado, cuando el PJ dejó sin quórum a la Cámara de Diputados en el momento en que debía tratarse la insistencia de un proyecto de ley de nuestro diputado Pablo López, que acaba de ser vetado por el gobernador luego de haber obtenido la unanimidad en ambas cámaras. El proyecto prohibía la transferencia, que pretendía Romero, de las hipotecas en poder del Instituto de la Vivienda al Banco Macro. Con este proyecto se resguardaba la propiedad de los hogares de numerosos trabajadores que tienen dificultades para pagar las cuotas en préstamo. Un alto asesor de Romero habría de declarar al día siguiente, en un canal de cable, que un solo diputado del PO había provocado la estampida de 45 legisladores del PJ. La noticia del fracaso de la sesión se conoció simultáneamente con las encuestas.


Más impactante, si cabe, fue lo que ocurrió una semana más tarde cuando, en el marco de una intensa presión popular, Diputados tuvo que votar a favor del proyecto y derrotar así el veto de Romero, aunque aún falta la sanción definitiva del Senado. Este «cortocircuito», para nada improvisado, entre los parlamentarios y el gobernador del PJ, pone de manifiesto una crisis política que afecta la posibilidad de la reelección de Romero y potencia de este modo, en un plano político de conjunto, los avances que las consultoras atribuyen al Partido Obrero. Es indudable que la acción de nuestro diputado y de nuestros concejales en la ciudad capital son, definitivamente, un eje de reagrupamiento político para toda las clases sociales necesitadas de Salta.


Un impacto político tanto o más fuerte es el que registra el PO en el norte de la provincia, donde el Polo Obrero ha impuesto una Bolsa de Trabajo que ha permitido la incorporación de personal a las tareas de construcción en las empresas de petróleo, con salarios incluso superiores a los del convenio de la Uocra.


Por todo esto, el Partido Obrero se presenta en once distritos electorales, algo que aparentemente no había logrado hasta ahora ninguna fuerza de izquierda en la historia de la provincia.


A la luz de esto, no sorprende el impacto que tuvo la recorrida que hizo Altamira en la Capital el miércoles 31 ni, por sobre todo, haber llenado el aula principal de la Universidad para una conferencia sobre Chávez, Lula y Kirchner, en medio de las vacaciones estudiantiles. A la charla asistieron numerosos pobladores barriales, así como militantes y simpatizantes de otros partidos de izquierda y centroizquierda y de los movimientos populares (la conferencia será publicada próximamente en forma de folleto).


Enseñanzas


El salto operado en la intención de votos del PO con relación al 2,5% obtenido el pasado 27 de abril, en las presidenciales, pone de manifiesto un fenómeno que se registra en todo el país: la fuerte oscilación política que registra el electorado en el marco de una crisis política que cada día es mayor. A la luz de esto se puede decir con confianza que los resultados del pasado abril han sido un espejo fuertemente deformado de las tendencias de fondo o de largo plazo del pueblo argentino. Así como se manifiesta ahora un avance importante en la izquierda, se registra simultáneamente un ocaso del Ari o del engendro que montó López Murphy, y no hablemos ya de la extinción de Rodríguez Saá. Es claro que no hay peor defecto, en política, que el impresionismo. El propio Kirchner no ha mejorado su situación electoral con respecto a abril, como lo prueba que en la provincia de Buenos Aires va a puro remolque de Duhalde y apoya a los Ruckauf, Barrionuevo y Solá.


En contraste con esta disgregación del mapa político que pareció imponerse en abril, destacamos el frente del Polo Obrero, el MTD y los más destacados dirigentes y activistas del Mtl, en Chaco, en las listas del Partido Obrero. El avance independiente de las posiciones revolucionarias incluso en el campo electoral, desnuda el carácter liquidacionista del acuerdo de Izquierda Unida con los aliancistas del PS que apoyan a Ibarra y que actúan como correa de transmisión del gobierno de Kirchner, que se apresta a pactar con el FMI. En Salta, IU le propuso un acuerdo al frente centroizquierdista compuesto en su totalidad por partidos del sistema.


A pesar del alto registro que le dan las encuestas, los compañeros del Partido Obrero de Salta insisten con desarrollar el método político de llevar de la mano al cuarto oscuro a veinte ciudadanos por militante o simpatizante, algo que se multiplica con el crecimiento en militantes y el acercamiento de un mayor número de simpatizantes. Es una lección para el PO de todo el país. No se trata solamente de un método de movilización electoral; es el método fundamental de la revolución misma, porque asegura al PO un profundo lazo organizativo con las masas (y no el mediático de los partidos patronales o el puramente propagandístico), que es el punto de partida de todo auténtico nuevo movimiento popular.


No nos ufanamos de nada, ni damos por descontadas las victorias que aún no hemos efectivamente obtenido. El terremoto en curso en Salta es una fuente de enseñanzas.