Políticas

2/10/2008

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Catamarca: Trabajadores rurales, peor que en la Colonia

De acuerdo con un informe del Renatre, organismo estatal fiscalizador del trabajo rural, “en la cosecha olivícola 2007-2008 trabajaron un 30% más de menores que en la anterior” (Catamarca es noticia, 12/9).

La Cámara Olivícola celebró, en la Expolivo llevada adelante del 11 al 14 de septiembre, que “se aumentó la plantación en unas 3.500 hectáreas, Catamarca supera las 30.000 hectáreas (más de un 30% de la cosecha de aceituna nacional), y que si bien el sector esperaba mayor rentabilidad, cosa que no ocurrió por que el precio de la aceituna sigue estable desde hace tres años, mientras los agroquímicos subieron y también la mano de obra, Catamarca será el principal exportador del país de aceitunas de mesa y aceite de oliva con el incremento que se verá en los próximos cinco años” (José Arata, discurso de apertura de la Expolivo).

Lo que no dijo es que la provincia estaría negociando un nuevo régimen de diferimientos impositivos por diez años más, que permitiría a los capitalistas del sector ampliar su negocio. Los dueños de los principales establecimientos son gente como Mastellone, Tinelli, el ex gobernador Romero de Salta, socio del ex gobernador de Catamarca Castillo o el mismísimo Domingo Cavallo.

Renatre, que denunció condiciones de hacinamiento e insalubridad, falta de baños y la no entrega de ropa de trabajo en la mayoría de las fincas, asegura en un informe reciente que el trabajo rural en la provincia mantiene en vigencia un sistema de semiesclavitud. Miriam Juárez, titular del organismo “denunció la forma en la que viven seis familias en un establecimiento donde se siembra jojoba, esto es como en la Colonia (Catamarca es noticia, 22/9)”. Todo esto sucede con la complicidad de la Uatre local, en cuyo local la Cámara Olivícola dicta charlas y capacita a los cosecheros.

El panorama de los trabajadores rurales en la provincia es aterrador; en Aconquija, zona papera, donde se cosechan 4 millones de bolsas anuales, los trabajadores están en negro, carecen de ropa de trabajo, sin guantes ni mascarilla manipulan los venenos, poniendo en riesgo la vida. Lo mismo sucede en el este de la provincia, en Los Altos o Esquiú, que se ha convertido en la zona sojera de la provincia. El reto es lograr que se organicen, con delegados electos por fincas, y por un salario que cubra el costo de la canasta familiar.