12/07/2001 | 713

Un abrazo que se las trae

Ausente de las abundantes imágenes de todas las variantes de la irrupción popular, súbitamente, Ongaro ganó cartel. Nada menos que al lado de De la Rúa, Cavallo y la Bullrich. La ministra parece llorar de emoción en brazos del octogenario dirigente gráfico.


No es para menos. Ongaro firmó un «acuerdo de competitividad» que habilita las paritarias en los términos de la Reforma «Banelco». Como buena vaca «madrina», hace sonar el cencerro para llevar a las demás al matadero. Pero la presencia de medio gabinete en el Salón Blanco de la Rosada y de todos los gobiernos provinciales y el de la Ciudad de Buenos Aires para la simple firma de un acta sindical, no obedece sólo a que engancharon a un «histórico» del sindicalismo que todavía lucra con su pasado.


El acta incluyó también a Fatida y a la Federación Papelera, el único gremio que había votado en contra del levantamiento del paro de la CGT rebelde en el mes de abril y que además, tiempo atrás, sancionó a una seccional por adaptarse a una negociación a la baja.


Hay más motivos para el entusiasmo oficial. Los gráficos tenemos convenio de 1989; es decir que en el diseño de la Bullrich de obligar a sus paritarias negreras a los convenios anteriores a 1988, nosotros no entramos. Se entró voluntariamente.


Ya lo había adelantado el secretario de Organización en una histórica asamblea de Crónica, donde la burocracia perdió una moción de levantar la huelga. Precisamente él indicó que la salida al conflicto de Crónica no pasaba por seguir la lucha sino por realizar un nuevo convenio como salida a la crisis en el marco de las paritarias, aunque el gremio no estuviera obligado. El abrazo y la firma de Ongaro son una puñalada al conflicto de Crónica, donde la patronal presentó convocatoria y pugna por un plan director al estilo de la Sepi.


Pero la actitud, que todavía no abarca a diarios (se firmó con obra, por ahora), responde a una línea más general reclamada por el titular de Faiga, la cámara empresaria. Semejante grifo abre el chorro a todos los planteos patronales ya desplegados en cada fábrica: el banco de horas que intentó AyC, los turnos desplazados y la «jornada abierta» de Rioplatense, las 9 horas de Clarín, las 12 de Nación, las extras «normales» de A. Maggio, el aumento de topes productivos de Interpack, el trabajo por tanto en el que insiste la patronal de Quebecor, las extras a precio rebajado, el aumento en 16 horas la jornada mensual en Ivisa, y así de acuerdo al arbitrio de cada patronal. En medio de una depresión económica de 40 meses, con la más brutal presión de cuatro millones y medio de desocupados, en medio de una generalizada cesación de pagos, parate industrial, derrumbe del consumo y deflación, el «pliego patronal» se ampliará.


El acta establece en el punto 5.1 que las paritarias empezarán en 6 meses y se harán «con el objeto de facilitar la reconversión y mejorar la productividad de la industria celulósica-papelera-gráfica»; marca la obligatoriedad de un capítulo de Pymes y dispone plazos menores para la renovación de Unidades de Negociación ya vigentes, como son los convenios por empresa actuales. El propósito de incrementar la productividad figura cuatro veces en distintos tramos.


Resulta impresionante que después del fracaso de una década entera con aumento geométrico de la productividad obrera y caída simultánea del costo laboral en un 50%, se insista exactamente en la misma línea. Tengamos en cuenta que hay cerca de 500 convenios flexibles por empresa a partir del convenio Fiat-Smata, lo cual, por ejemplo, no detuvo ni detendrá el hundimiento de la industria automotriz, que ocupa un tercio de compañeros bajo estos convenios, suspendidos hoy en su mayoría. Se insiste también en la línea cavalliana de la eliminación definitiva de las cargas patronales: el apartado 1.3 dispone «otorgar al pago de los aportes patronales destinados al subsistema previsional, el carácter de crédito fiscal en el IVA».


A modo de compensación, la parte empresaria se compromete a «preservar los niveles de empleo existentes a la fecha de suscripción del acuerdo hasta el 31 de marzo del 2003». Palabras, sólo palabras. El sábado 30/6, 70 trabajadores gráficos de Total Gráfica fueron despedidos por «reestructuración» después de firmada el acta. Es simple, el compromiso no es de prohibición de despidos, fija sólo la intención del sector de mantener en conjunto el nivel de empleo, algo incontrolable e incumplible en el régimen capitalista donde los empresarios se relacionan en el mercado y no responden a disciplina alguna.


Los obreros, en cambio, se comprometen en el apartado 4 a «contribuir a la paz social en todo cuanto esté a su alcance y jurisdicción». Un arma de ilegalización de cualquier lucha piquetera, fabril o de conjunto. Se comprende entonces la enorme valoración que le dio el gobierno que mandó la Gendarmería a Salta a este acuerdo, suscripto el mismo día que los piqueteros de Mosconi hacían su cabildo abierto. Varias alas del sindicalismo fueron comprometidas al núcleo de la política de Cavallo: subsidios al capital acollarados a una nueva ofensiva sobre las conquistas obreras.


El fracaso cantado de toda esta política no debe hacernos perder de vista su contenido estratégico de tregua del moyanismo con el co-gobierno de los Ruckauf y los De la Rúa. El paro del 8 fue de compromiso y su reacción ante la represión ha sido nula.


Ongaro no tiene mandato para hacer lo que hizo. Impulsemos el desconocimiento del acta y la realización de una inmediata Asamblea General del gremio.


Necesitamos una línea de reforzamiento de la clase obrera, de su ocupación, de su capacidad adquisitiva. Sin elevar el salario mínimo a 600 pesos no hay reactivación posible. La jornada de 40 horas semanales y ocho diarias como máximo es decisiva. Mantener el 4×1 y las 6 horas de diarios; repartir las horas sin afectar el salario de todo taller que suspenda. La apertura de libros de todo taller que entre en convocatoria; el planteamiento al poder político de la prohibición de despidos y la responsabilidad del Estado para hacerse cargo de toda fábrica que quiebre. Que cada empresario responda con su fortuna personal, por caso H. R. García o Nicolás Ciccone y familia.

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