30/01/1996 | 481

Un acuerdo dictado por las automotrices imperialistas

A los lectores de Prensa Obrera no les sorpendió la firma del acuerdo automotriz argentino-brasileño que provocó las airadas protestas de Francisco Macri, el patrón de Sevel. En Prensa Obrera Nº 452 (20/6/95) dijimos, polemizando con los diarios que anunciaban una ruptura en el Mercosur, “que Cardoso y Menem marchan a un acuerdo, por exigencia de los grandes capitalistas. Por la posición dominante de éstos en uno y otro país, el acuerdo se torna inevitable. Lo más probable es que Brasil flexibilice los cupos de importación de autos de Argentina, a cambio de la aceptación argentina del régimen automotriz en Brasil”. Fue lo que pasó.


En junio del año pasado, Cardoso sancionó un decreto rebajando del 18% al 2% los aranceles de importación de máquinas, materias primas, repuestos y accesorios para la industria automotirz y de maquinaria agrícola. Actuó así por mandato de las automotrices imperialistas que exigían una gran reducción de costos para radicarse o ampliar sus fábricas en Brasil. De lo contrario, habían dicho, se instalarían en la Argentina, al amparo del régimen automotriz argentino, para abastecer a todo el Mercosur y eventualmente exportar a otros mercado. De este modo, el capital imperialista se sirvió del régimen automotriz ‘argentino’ para presionar a Brasil a establecer uno igual o aún superior en su beneficio.


El decreto de Cardoso además establecía que el intercambio de autos entre Argentina y Brasil debía compensarse por terminal. Era un tiro de gracia adicional  para Macri y Antelo : les cerraba el mercado brasileño porque ni Macri ni Antelo tienen plantas automotrices en Brasil. Justamente Macri había planteado que “el gobierno argentino tiene que contemplar a las empresas con capitales nacionales en el régimen de intercambio —con autopartes incluidos— que representan 60 % del mercado argentino, como Sevel y Ciadea” (El Cronista, 26-12-95). Como al mismo tiempo  el decreto subsidiaba con la baja de aranceles la instalación de automotrices en Brasil, Renault, Peugeot y Fiat (bajo cuyas licencias operan Macri y Sevel) tenían el camino despejado: instalarse en Brasil y desplazar a Sevel (Macri)  y Ciadea (Antelo) del negocio automotriz.


Macri y Antelo lograron que en febrero se discuta qué cantidad de autos podrán exportar a Brasil sin compensación, pero esto es solo un consuelo. Las terminales imperialistas tienen ahora  en ambos países regímenes automotrices privilegiados. Además Fiat no le renovó la licencia a Sevel y Renault podría cesar también el contrato con Antelo.


Nueva crisis


El acuerdo abrió otro frente de crisis. Al rebajar los aranceles de las materias primas e insumos del 18 al 2%, la burguesía brasileña proveedora de la industria automotriz sufrió un serio golpe: está obligada a bajar sus precios si no quiere ser desplazada por la importación.


Pero lo mismo le va a pasar a la burguesía proveedora argentina porque ya las automotrices imperialistas instaladas en Argentina plantean que ellos tambien quieren importar al 2% para no quedar desplazada por Brasil. En el anexo del acuerdo se dice que “Argentina analizará el modo de compatibilizar su régimen automotriz y de bienes de capital a la luz de los productos incluidos en el régimen automotor brasileño”,  una claúsula dictada por las automotrices imperialistas.  Por esa razón Techint , que abastece de chapa a las automotrices, pegó el grito en cielo cuando Cardoso sancionó el régimen automotriz. Ahora, las terminales ‘argentinas’ se valen del régimen brasileño para bajarle los precios a la burguesía proveedora de materias primas e insumos. Además, al contar Brasil con un régimen propio, Argentina pierde las ventajas que tenía para entrar en el mercado brasileño, lo cual le pone un límite a la expansión automotriz, acentuando la actual recesión. Brasil, por su parte, deberá tener un boom importador de materias primas e insumos, lo que agravará su deficit comercial.


Por la unidad de los obreros de ambos países


Al rubricar el acuerdo, los gobiernos y las patronales automotrices quieren concentrar la producción, liquidar el capital más débil y sobrante, y abrir el paso a una mayor explotación de los trabajadores de ambos países. El convenio firmado por José Rodríguez con General Motors y ahora con la Fiat de flexibilización laboral y salarios miserables es un elemento central en esta política superexplotadora, como la de los burócratas brasileños que entregan los convenios de los mecánicos de ese país.


Contra los acuerdos imperialistas y antiobreros de Menem-Cardoso, los trabajadores de Argentina y Brasil deben levantar un programa de unidad y defensa de los convenios, condiciones de trabajo y salarios.


  • Que nos paguen el mismo salario mínimo, igual al costo de la canasta familiar.
  • Que se reduzca la jornada a 6 horas, para crear un cuarto turno laboral que dé trabajo a los desocupados.
  • Subsidio al desocupado
  • Jubilación equivalente al 82 % del salario móvil, financiada por las patronales. Abajo la “reforma previsional” y la “jubilación privada”. Por Cajas del Estado  bajo control de obreros y jubilados.
  • Eliminación de los impuestos al consumo. Impuestos progresivos al capital.
  • Plan económico bajo la dirección de la clase obrera.