27/03/2003 | 794

Un análisis para desbaratar los engaños de pejotistas y aliancistas y volcar al pueblo a votar por el Partido Obrero

Cuando aún faltan treinta días para las elecciones, la mayoría de las encuestas coloca en una posición de privilegio a los candidatos del viejo régimen, o sea a los tres ex aliancistas y a los tres pejotistas-menemistas. La izquierda figura en la cola del pelotón, incluyendo para este caso al Partido Socialista o al Humanista. A la luz de estos datos se podría suponer que la vieja política está logrando imponerse sin ninguna dificultad a sólo poco más de un año de la rebelión popular. Pero ninguno de los que están al frente supera la intención del 15% de los votos, e incluso este índice quizás se encuentre inflado. En estas condiciones, aunque encabecen las encuestas, los punteros del sistema son candidatos marginales.


 


Notas de campaña


En los actos públicos y en las concentraciones se refleja esta realidad contradictoria. Los seis punteros no han logrado concretar ningún acto masivo realmente popular. Esperan hacerlo en la última semana, para cuando algunos de ellos prometen llenar la cancha de River. Tampoco la izquierda democratizante ha realizado actos con asistencia masiva. El Partido Obrero, en cambio, luego del acto en Plaza de Mayo volvió a realizar concentraciones importantes en el Gran Buenos Aires y también en Córdoba y Rosario. Pero de acuerdo a lo que dicen las encuestas, esto no se traduce en un crecimiento de la intención de voto con relación a elecciones anteriores. La influencia y la organización del PO han crecido al nivel de la vanguardia que lucha, en especial la piquetera, pero dejan el interrogante de hasta qué punto este desarrollo está impactando, en primer lugar entre las amplias masas que conviven en los barrios con el Polo Obrero; en segundo lugar entre los trabajadores en general; en tercer lugar entre la cada vez más golpeada y empobrecida clase media.


A nadie se le escapa que los medios de comunicación han organizado un f érreo boicot contra la izquierda. Quien siga la campaña por alguno de esos medios (incluso los progresistas) ni siquiera debe haberse enterado de que la izquierda participa en las elecciones. Esto ocurre incluso cuando la guerra ha puesto de nuevo a la izquierda en el primer plano de la acción callejera. Esta alevosa proscripción política ilustra cabalmente que las elecciones son un terreno favorable a los monopolios capitalistas y sus partidos.


 


Abstencionistas en retirada


Las encuestas también reflejan un descenso de la tendencia al voto en blanco, y el «voto bronca» ni siquiera parece insinuarse. Como reflejo de esta situación algunos abstencionistas ya se han bajado del caballo y se están inscribiendo en las elecciones locales que tendrán lugar con posterioridad a la de Presidente. Zamora se encuentra discutiendo activamente con una parte de la centroizquierda desafecta con Ibarra, una campaña para que se posterguen las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires, de modo de poder candidatearse a la Jefatura de Gobierno. En el plano de las movilizaciones populares, el abstencionismo ha perdido arrastre y es por eso que se amucha para disimular esa orfandad. Es lo que ocurrió con el acto que protagonizó el día anterior al 24 de marzo para diferenciarse de la multitud que en la jornada siguiente llenaría veinte cuadras de la Avenida de Mayo.


Una verdadera payasada la están protagonizando el Pcr y la Ccc, porque mientras reiteran su furioso abstencionismo continúan su alianza con el puntero político-electoral D’Elía, que está buscando armar en la provincia de Buenos Aires un partido social-cristiano, claramente deseado por una parte del clero. La Ccc, además, ¡ha dado libertad de voto!


 


En crisis, pero todavía dirigen el espectáculo


La enorme crisis política que está reflejando la descomunal dispersión de los ex aliancistas y de los pejoto-menemistas se encuentra contenida dentro de límites aceptables para el régimen, como consecuencia de que la izquierda en su conjunto no ha logrado explotarla, por lo menos hasta ahora, ni siquiera limitadamente. Al mismo tiempo, esa crisis disimula un activo debate que se encuentra en desarrollo dentro de la burguesía con relación al programa del futuro gobierno.


En este aspecto se destaca un punto central: ninguno de los seis que protagonizan el «reality show» objeta la compensación que Duhalde le está dando a los bancos, sea por pesificación asimétrica, amparos, redolarización o seguro de cambio para su deuda externa. El costo que esto podría significar para el Tesoro nacional llegaría a los cincuenta mil millones de dólares, o sea la mitad del producto interno. El recontraoficialista Kirchner y los realcahuetes del FMI, como Menem y López Murphy, aceptan este saqueo muy naturalmente, pero también lo hacen el «nac & pop» Rodríguez Saá y la espiritualista Carrió. Recientemente, el intendente Ibarra marcó la pauta de toda esta jauría cuando refinanció sin ninguna quita la deuda externa de la Ciudad de Buenos Aires, a tasas de interés un ciento por ciento por encima de la tasa internacional, e incluso concedió a las Afjp la posibilidad de pagarles por encima de lo que se les debe en la medida en que aumente la recaudación tributaria porteña.


Para facilitar aún más la recomposición del capital de los bancos, Menem y López Murphy aceptan la revalorización del peso, algo que una parte del gobierno rechaza porque perjudica la continuidad de los superbeneficios que la devaluación les ha dado a los monopolios de la exportación.


 


Los Roggio ovacionan a Rodríguez Saá


Pero el hecho político de la semana lo protagonizó Rodríguez Saá, que fue sencillamente ovacionado por los Roggio, Pérez Companc y Pagani, en la Fundación Mediterránea (que en su momento financió a Cavallo), cuando anunció que ejecutaría un enorme plan de obras públicas y civiles exclusivamente al servicio de los pulpos allí reunidos. A esta clase de negociados apoya Rico cuando dice que el programa de Rodríguez Saá consiste en hacer que la manguera «chorree hacia adentro», es decir hacia los bolsillos de los Roggio. Si el apoyo que acaba de recibir el puntano en Córdoba, de parte de los grandes monopolios nacionales, se confirma en el curso de los próximos días, es más que probable que logre ir al segundo turno. En contraste con el que fue gobernador vitalicio de San Luis, Kirchner enfrenta el peligro de una división aún mayor de sus huestes como consecuencia del «affaire» Barrionuevo. Kirchner critica al «gastronómico» mientras recibe los apoyos y el dinero de Duhalde, que ha armado el salvataje del «senador por Catamarca».


El planteo «reactivador» de Rodríguez Saá tiene sus vueltas. El puntano pretende financiar sus obras públicas con dinero extra-presupuestario, el cual deberían proporcionar las Afjp. A cambio de establecer un fondo para obras, las Afjp reclaman la redolarización de la deuda pública que tienen en su cajas. Sería un negocio redondo, porque las propias Afjp están en gran parte en las manos de los pulpos que ovacionaron a Rodríguez Saá en la Mediterránea. La Provincia de San Luis es la única que participa como socia en una Afjp, Profesión. Con los mismos métodos aventureros pretende el puntano «aumentar» los salarios, en este caso reduciendo los aportes patronales y obreros a las jubilaciones. Fue lo que hizo en San Luis; lo que el trabajador cree ganar por un lado lo pierde con creces por el otro.


 


Lo que se viene


Lo que tenemos, en resumen, del panorama electoral, es que la vieja política ha logrado transformar en ventaja su propia dispersión, al haber conseguido concentrar el 70 u 80% de las intenciones de voto en el espectro qu e defiende al viejo régimen en bancarrota. También han utilizado el ficticio peligro de una, imposible, victoria de Menem para reclamarse como un «mal menor». Esta manipulación de la campaña electoral no ha sido afectada por la guerra imperialista, ya que todos esos candidatos, y hasta Menem, no han tenido vergüenza en posicionarse por la «paz», mientras participan de los planes para apoyar la ocupación militar de Irak por los yanquis. La explotación electoral de la dispersión no deja de ser, sin embargo, un recurso de poco alcance en un sentido estratégico, porque una vez que las elecciones hayan quedado atrás dejarán más al desnudo que nunca la completa falta de salida de los candidatos del sistema.


 


¿Está dicha entonces la última palabra?


De ninguna manera. Asistiremos en abril al punto más alto de la crisis internacional provocada por la guerra imperialista, en especial cuando se derrumban los mitos de la fácil victoria de los conquistadores y de la falta de voluntad de lucha de los oprimidos. Si la movilización popular internacional se profundiza a la par de la crisis internacional, la movilización en Argentina impulsará a la izquierda y aislará aún más entre las masas a los punteros del pasado.


De estos punteros, el que enfrenta perspectivas más sombrías es Kirchner, porque es claro que el aparato que lo apoya está dividido y tiene otras especulaciones. Un derrumbe de Kirchner desatará una crisis gubernamental, con todas las consecuencias correspondientes; Lavagna y Duhalde ya se están peleando por el tema de la compensación a los bancos.


El otro que se encuentra en retroceso es Menem, lo que quitará argumentos al voto por el «mal menor» a los otros punteros. A Menem la guerra le ha venido en mal momento porque lo coloca como el candidato de Bush. Tampoco ha convencido a los grandes agrupamientos patronales, salvo a una minoría de bancos. Rodríguez Saá lo supera en iniciativas.


Es decir que si la campaña electoral llega a cambiar de orientación, lo hará hacia la izquierda, no hacia la derecha, como lo demuestra que López Murphy tiene un techo del 6-8% de intenciones.


 


Lo que debemos hacer


Las conclusiones para el Partido Obrero de toda esta caracterización son las siguientes:


En la propaganda y en la agitación hay que desenmascarar, por sobre todo, a Rodríguez Saá y a Carrió. Es significativo que ninguno de ellos pudo pisar firme en su reciente visita a Mosconi y Tartagal, mientras el PO de la zona hizo uno de sus actos más numerosos.


Es necesario pasar de los actos con asistencia piquetera a los actos piqueteros dirigidos a los otros sectores de trabajadores. Con mucha rapidez se podría instruir en los cinco planteos fundamentales del PO a brigadas militantes de tres a cinco compañeros con la finalidad de: 1) recorrer casa por casa los propios barrios; 2) poner mesas en los centros de mayor concurrencia de cada distrito; 3) organizar varios actos por día, de duración limitada, siempre con el propósito de despertar el interés del pueblo, no para autoproclamar posiciones de las que ya estamos convencidos. Para estos actos es necesario, además del instructivo sobre los cinco puntos del programa, un instructivo de las denuncias de fondo contra los candidatos-punteros del viejo régimen, viudas no arrepentidas de la Alianza y del menemismo y firmes agentes del FMI.


El periódico Prensa Obrera debería transformarse en el escenario donde se expongan iniciativas para profundizar la campaña y críticas a los límites que se ponen de manifiesto en ella. El motor de la campaña del PO es la conciencia de los cuadros que ya están y de los cuadros que están viniendo, una conciencia que debe traducirse en organización y movilización. Se aprende enseñando; explicar el programa del Partido Obrero es la mejor formación política que pueda existir. Explicando ese programa se inaugura el diálogo con el pueblo, y las enseñanzas que surjan de ese diálogo deben servir para nuevas iniciativas de acción. Los piqueteros del Polo Obrero deben convertirse en cuadros socialistas revolucionarios del más alto nivel.


Faltan pocas semanas para las elecciones presidenciales, pero el proceso electoral continúa más allá de ellas. O sea que la lucha en este plano sigue. La crisis internacional y el derrumbe capitalista tienen un amplio campo para desarrollarse, siete meses, hasta que acabe todo el proceso electoral.


La actividad de los próximos días debe partir, necesariamente, de la discusión de las características y de la evolución del proceso y de las campañas electorales, inclusive en sus peculiaridades barriales, zonales o sociales.


Adelante. Después de dos décadas de lucha contra la corriente explotemos la autoridad conquistada en esa lucha por el PO, para asegurar el avance y la victoria en esta etapa en que el viento corre a favor como consecuencia del estallido de todas las contradicciones del capitalismo, las cuales deben necesariamente desembocar en situaciones revolucionarias a nivel internacional.

También te puede interesar:

Un período electoral que arranca. Una crisis que nunca termina. Escribe Santi Nuñez.
La clase capitalista de “carne y hueso” detrás de los realineamientos políticos.
Scioli y Berni, candidatos de un peronismo derechista y antiobrero.
Solo el Frente de Izquierda Unidad se pronunció por su libertad.
Una radiografía del régimen de Gerardo Morales y el PJ.