05/10/2011 | 1197

Planta nuclear en Formosa

-Exclusivo de internet

La crisis energética que tiene nuestro país da para todo, incluso para anuncios de características electorales. La inauguración de la planta de Atucha II no es otra cosa que estrategia de campaña ya que la entrega de electricidad a los consumidores no se producirá sino en 2013 (Urgente, 28/9). Hay que recordar que la construcción de estas plantas ya lleva treinta años. Los anuncios de Cristina K no pueden disimular los casi 50.000 millones de dólares de subsidios energéticos que lleva en lo que va del año. Asimismo se anuncio la instalación de una planta nuclear en Formosa dentro del programa Carem, que impulsa la instalación de centrales de 25 MW que alcanzan para ciudades de no más de 100 mil habitantes. Es lo que denominan Carem 25, y que recién ahora se empiezan a estudiar la posibilidad de realizar algunas modificaciones en el reactor, para poder alcanzar potencias de hasta 330 MW (http://www.cnea.gov.ar).

La Presidenta quiere darle elementos de campaña a Gildo Insfrán, responsable de las represiones y asesinato de los aborígenes Qom. Estos anuncios se dieron en el marco de la denominada Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana. Sin embargo, a raíz del desastre de Fukuyima en Japón ya se conocieron comunicados en rechazo a esta posibilidad. Así lo hizo el grupo de legisladores del Parlasur, órgano deliberativo del Mercosur, cuyos miembros «apuntaron que la construcción de una planta nuclear en la ciudad argentina de Formosa, Argentina, ante una posible catástrofe natural y su extrema sensibilidad a fallas humanas, constituirá una grave amenaza a la salud de la gente y al ecosistema circundante por los riesgos que implica una fuente energética de estas características» (http://www.ultimahora.com). Claro está que esto desarrollará una tendencia a la oposición de la instalación de la planta basada en esta posibilidad catastrofista. Precisamente porque la forma en que es utilizada la naturaleza, el modo de explotación de la misma no puede ser analizada al margen de la crisis económica mundial. Un régimen agotado termina usando los beneficios de la explotación de la naturaleza, sin importarle que ello entrañe peligros para la humanidad.

El dominio de la humanidad sobre la naturaleza sólo es posible en un régimen de nuevas bases, donde las masas decidan, en función de sus necesidades, la mejor forma de explotar la naturaleza, proteger el medio ambiente y por lo tanto a la propia humanidad. Es decir, en este caso, un plan político energético decidido por los trabajadores.

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