02/01/2014 | 1299

Un caso único de kirchnerismo tardío

El comunicado del Frente de Izquierda emitido en oportunidad del amotinamiento policial fue inequívoco. Refutó a los difusores del “relato oficial”, interesados en presentarlo como una acción conspirativa contra el “gobierno nacional y popular”, afirmando que “los acuartelamiento de las fuerzas de seguridad” eran un “emergente del fin de ciclo kirchnerista, signado por una crisis social y política”. Y frente a este cuadro, que tiene como una de sus manifestaciones más agudas la crisis fiscal, el crecimiento de deuda pública y de la inflación, el Frente de Izquierda concluía su comunicado llamando al “movimiento obrero a exigirle a los sindicatos y centrales obreras un inmediato paro nacional, con movilización a Plaza de Mayo, en el marco de un plan de lucha por todas sus reivindicaciones y las del resto de la nación explotada y oprimida, contra el fortalecimiento del aparato represivo del Estado y por la inmediata absolución a los trabajadores petroleros de Las Heras”.

En absoluta sintonía con esta orientación, la Coordinadora Sindical Clasista del PO acordó con la CTA-Michelli una movilización a Plaza de Mayo para el 19 de diciembre, donde un representante de los compañeros condenados de Las Heras abrió el acto. Palabra por palabra, el comunicado del FIT. Nuestra propuesta de concurrir a la manifestación con una columna del Frente de Izquierda fue rechazada, sin embargo, por el PTS. Los argumentos del rechazo variaron para todos los gustos; el más insólito era que “marchábamos con la Policía”, como si el PTS no hubiera marchado nunca con la CTA. El PTS ha transformado a la CTA en una organización para-policial, con el argumento de que alberga a un sindicato de la policía – lo cual ocurre desde hace años, como también con las centrales sindicales francesas y, en muchas ocasiones, las bolivianas. ¡El PTS hizo campaña para que Zanón y el sindicato del Subte se afilien a la CTA! A esta conducta de sinvergüenzas, hay que añadir otra: mientras la dirección del PTS mandaba a sus militantes a difamar por las redes sociales a quienes íbamos a la marcha del 19 de diciembre, su dirección solicitaba insistentemente participar del acto con un orador. Como Marx, Groucho, “éstos son mis principios, pero si me dan un orador tengo otros”. A los diarios, estos mismos dirigentes les dijeron que objetaban la marcha de la CTA por no formar parte de un plan de lucha.

Esta descripción de los hechos plantea una cuestión moral, pues se ha hecho uso y abuso de la difamación como método político.

Aprovechar la crisis

Para el PTS, el amotinamiento policial no es el emergente de una crisis de política y social general, sino el complot de un “partido policial”. Coincide, así, letra por letra, con el kirchnerismo, que también se atrincheró en la denuncia del “complot”. La oposición también firmó un comunicado junto con el kirchnerismo condenando los amotinamientos. La pregunta es, entonces, inevitable: ¿El PTS repudia el comunicado del Frente de Izquierda, con el PO e IS? Los difamadores no dicen una palabra.

Todo levantamiento o acuartelamiento policial supone ‘un complot’, los difamadores pretenden haber descubierto la pólvora. Lo claro es que no era un complot único sino que había varios: desde camarillas políticas y delictivas hasta otras más ‘institucionales’. Lo del ‘partido policial’ es una fantasía que algunos ‘académicos’ K le dictaron al PTS, aunque Saín y Arslanian no comparten que haya habido una conspiración política (entrevistas en Página|12). El único complot que no se le ocurrió al PTS es el de César Milani, el patrón de los servicios de espionaje y familiar de punteros políticos en Córdoba, cuyo propósito podría haber sido moverle el piso a De la Sota. Lo cierto es el secuestrador de soldados fue ascendido poco después, sin que nadie le reprochara imprevisión frente a los múltiples complots policiales. Mientras los K arman un ‘partido militar’, el PTS busca distraer con el ‘partido policial’. No olvidar nunca que para nuestros aliados frentistas, hay una “Argentina kirchnerista”, que habría ganado la ‘guerra cultural’ – en contraposición a nuestro pronóstico sobre el “bonapartismo tardío” y el “ascenso de la izquierda”. La tesis del PTS encubre a Milani, a diferencia del comunicado del Frente de Izquierda que advirtió contra el ‘estado de sitio’- el cual no podría establecerse sin Milani. Nuestro comunicado frentista es la denuncia más contundente de las fantasías policiales de los difamadores.

Más allá de estas contradicciones insolubles, el PTS ha construido su posición desde el faccionalismo, apenas se enteró que la Coordinadora Clasista de nuestro partido había organizado una manifestación sindical pública por los aumentos salariales. A partir de esta ceguera se lanzó a rechazar los acuerdos salariales entre gobernadores y policías – en total conformidad con la opinión de todo el capital financiero de que esos aumentos son impagables. En lugar de reforzar la percepción de millones de trabajadores, de que se podían obtener aumentos salariales importantes, el PTS eligió lo contrario. La consigna ‘no para la policía, sí para los trabajadores’ es tramposa, precisamente porque lo que avivó el interés de los trabajadores es que los gobiernos daban aumentos importantes a la policía. ¡Claro que un partido socialista no puede apoyar políticamente a la policía, ni cuando su reclamo se reviste de salarial; pero solamente un cretino no aprovecha la oportunidad para incentivar la movilización de los trabajadores y sí distrae la atención de estos sobre lo ‘injusto’ del aumento policial o sobre ‘partidos policiales’! La lección que se obtiene de aquí es que el poder de cretinización del faccionalismo es inconmensurable.

Es lo que vieron varios sindicatos en Córdoba, Neuquén y varias otras provincias, que se lanzaron a pedir aumentos salariales similares a los conquistados por la Policía, con un mínimo de $ 8.500. La marcha realizada con la CTA-Michelli el 19 fue en esa dirección. El PTS, en cambio, hizo frente único con De Petris o el gobernador del Chaco y el propio Capitanich, por el retiro de los aumentos. Parece increíble que estemos escribiendo sobre esto.

¿Represión a los represores?

Así las cosas, el PTS podría haber firmado el “acta democrática” suscripta por el gobierno y la oposición patronal contra la “extorsión policial”. No sólo eso: también puede ir adelantando su voto favorable a la ley enviada al Congreso por el oficialismo, que busca establecer penas superiores para los miembros de las fuerzas de seguridad que hagan paros o acuartelamientos. ¿O se puede acusar a un gobierno por ceder ante la Policía y luego no votarle una ley para que pueda aplicarle penas más severas? Una ley de ese tipo refuerza el encuadramiento político de las fuerzas represivas del mismo Estado y del mismo gobierno que quiere descargar la crisis sobre las espaldas de los trabajadores.

Otra vez, los socialistas
y la Policía

Un principio político correcto, cuando se lo convierte en unilateral, puede llevar a la idiotez. El rechazo a la equiparación de un policía con un trabajador no justifica rechazar el trabajo en la policía, así como la crítica al parlamentarismo no impide (al revés, refuerza) la necesidad del trabajo en los parlamentos. Hacer abstracción de las instituciones del Estado es impropio de un marxista, para quien toda cuestión social es una cuestión de poder. Esto es aún más pernicioso cuando se asiste, no solamente en Argentina, a una verdadera desintegración del Estado. El asunto en este caso es tener una aproximación y agenda correctas y caracterizar debidamente las contradicciones dentro del Estado y de sus instituciones. ¿Cómo explican nuestros difamadores que Trotsky haya reclutado 15 mil oficiales zaristas para ¡el Ejército Rojo!? En tanto institución estatal, la policía no navega en el vacío, sino que se inserta en la sociedad y recibe las presiones de las diferentes clases sociales, aunque esto no la convierta en obrera ni le otorgue, por regla, organizar sindicatos. Conviene recordar al difamador presuntuoso que Lenin incorporó dentro de las 21 condiciones de la Internacional Comunista la obligación de realizar un trabajo político legal y/o ilegal en las fuerzas armadas, no solamente en los casos de conscripción general, ni tampoco limitado al ‘obrero en uniforme’ – el soldado (que en Rusia no habían sido obreros sino campesinos, o sea la pequeña burguesía agraria).

Las contradicciones de los procesos políticos convulsivos pueden ser abismales: en Tucumán, la Policía amotinada reprimió a la población que ocupó la Plaza Independencia para reclamar seguridad a la propia Policía. Acostumbrada, como no podría ser de otro modo, a reclamar la presencia de la policía ante hechos delictivos, ¿a quién iban a reclamar? Muchos tucumanos se armaron contra amotinados y saqueadores, pero no para hacer la revolución socialista, sino para defender la propiedad. Estas situaciones no se resuelven con la frase “el policía no es un trabajador”, se necesita una caracterización de conjunto de la descomposición del Estado, que los difamadores rechazan o ignoran, porque sería incurrir en catastrofismo.

Conclusión

Los difamadores han reculado del texto que firmaron en nombre del Frente de Izquierda frente a la crisis político-social-policial. Sabotearon una movilización obrera que tuvo por base ese comunicado. Luego se dedicaron a promover injurias anónimas por las redes sociales. La descomposición no solamente afecta al Estado.