12/01/1995 | 436

Un derrumbe anunciado

1)  La situación política tiene un nuevo eje, la debacle del plan económico, que se añade a la tendencia de luchas reivindicativas iniciada hace varios meses. Ya no se trata de una perspectiva de derrumbe del plan, ni de una nueva manifestación de sus limitaciones, sino del ingreso a un período de disgregación del plan. Se discute su alteración e incluso el recambio de la dirección económica. Esto se manifiesta en los violentos choques que se han producido en el gobierno, la amenaza de renuncia de Cavallo, la caída de la Bolsa, la debacle de los títulos públicos, las pérdidas de los bancos, la fuga incipiente de capitales y la pérdida de reservas, las declaraciones de John Reed (Citibank) poniendo en duda la reelección de Menem, la salida del grupo Macri de la industria automotriz, etc. En este marco tiene lugar la movilización de Río Turbio, de Senillosa, de Santa Fe, Jujuy y las victorias políticas del PO en el Nacional Buenos Aires, en la Conadu y en los resultados en distintos colegios de Capital y Gran Buenos Aires…


6)  La salida a la disgregación del plan económico plantea en la burguesía diferentes alternativas, muchas de las cuales producen nuevas divisiones y realineamientos. Mientras en principio existe un acuerdo entre la burguesía industrial, los exportadores y el conjunto del gobierno en proseguir con la reducción de aportes previsionales y en no tocar los impuestos o los reembolsos (con lo cual chocan con los planteos de los acreedores y el FMI, que quieren eliminar el déficit fiscal y recomprar títulos); mientras existe, por un lado, este acuerdo, sus partidarios se dividen a la hora de tener que  decidir sobre la reducción de las  transferencias a provincias o bajar gastos electorales, precisamente para no comprometer los resultados de estos últimos. Los acreedores pretenden, a su vez, que se aumenten los impuestos y no se reduzcan aportes, aunque sí que continúe el subsidio a la exportación, para corregir el balance comercial y mejorar la capacidad de re-pago de Argentina. Cavallo ha tratado de zafar de esta situación mediante la propuesta de aumento de las tarifas de teléfonos, porque ese aumento conllevaría un aumento también del impuesto que se recauda sobre ellas. Pero el tarifazo no sólo afectaría a los trabajadores, sino que disminuiría el poder adquisitivo de los consumidores y la capacidad de repago de éstos de los créditos al consumo financiados por los bancos en dólares. López Murphy, un economista que se considera alineado con Angeloz, viene diciendo desde hace tiempo que es necesario recuperar un superávit fiscal para recomprar deuda pública y evitar el aumento de los intereses sobre ésta. Han comenzado a circular versiones de que este hombre sería el reemplazante de Cavallo; aunque su posición parece aproximarse a la de los bancos acreedores, todo depende de si el rescate de los títulos públicos se pretende hacer al valor que fueron adquiridos por los bancos o a la cotización actual…


7)  Ya no estamos en la etapa del pronóstico sobre el futuro del plan, ni del señalamiento de sus limitaciones y del alcance político y social de éstas; estamos en la etapa de su disgregación y de la discusión de su alternativa y de los enfrentamientos en torno a ella. Es fundamental para nuestro partido señalar este hecho, es decir, destacar la importancia de esta caracterización ante las masas, porque ella es un elemento objetivo fundamental para preparar y motivar a las masas a la acción y para comprender la táctica a seguir en el momento actual. El partido está obligado a dar una salida de conjunto, es decir, un programa de transición conforme a las características de la crisis actual. El elemento singular de nuestro planteo debe ser que las reivindicaciones del no pago de la deuda pública usuraria, el salario mínimo de mil pesos y la jubilación del 82% móvil, más la reestatización del sistema previsional y la confiscación sin pago de las privatizaciones; de que estas reivindicaciones deben unirse al reclamo de la unidad política de los países del cono sur y de América Latina bajo la dirección de la clase obrera. Este planteo da una salida a la crisis de la integración monopolista con Brasil —una crisis que afecta al mismo tiempo a los explotados de todos los países del Mercosur—, y también destaca la crisis del plan Cardoso en Brasil, el cual no puede controlar la inflación a pesar de una revaluación del 15% del real y de una apertura en gran escala a la importación extrazona. La unión política de América Latina no solamente no será nunca la consecuencia de la integración económica (capitalista), sino que ésta es incompatible con aquélla. La crisis mundial le ha dado a la consigna de la unidad política de América del Sur y de América Latina una actualidad inmediata, que sólo puede ser resuelta bajo la forma política de una unión de repúblicas obreras y socialistas. El planteo de la unidad política significa que las consignas de escala móvil de horas de trabajo; jornada de seis horas; abolición de la flexibilización laboral y vigencia de las negociaciones paritarias con sindicatos independientes del Estado;  control obrero y reestructuración económica e industrial en los términos de un plan económico democráticamente elaborado por los trabajadores, toman un carácter continental y oponen a la anarquía capitalista la colaboración política de los explotados en pos de objetivos comunes de progreso social.


La crisis presupuestaria y bancaria muestran el fracaso de la llamada reestructuración de la deuda externa, y el comienzo de la fuga de capitales condena al derrumbe la convertibilidad monetaria. Se trata de una constatación objetiva. Cualquier salida capitalista a esta crisis debe entrañar una nueva confiscación económica de los trabajadores, ya que disparará el costo de vida y las deudas de los consumidores y depreciará sus ahorros. Contra esta confiscación oponemos el no pago de la deuda a los grandes capitalistas; la expropiación de la banca bajo control obrero; la nacionalización del comercio exterior y el control de cambios, y una estabilidad económica basada en la conversión de las reservas monetarias en oro y en la asignación presupuestada de los ingresos y egresos del comercio internacional del país.


Toda la agitación del partido debe apuntar al señalamiento de la salida obrera a la crisis en contraposición a las salidas capitalistas, tomando como base la acción internacional común de los trabajadores de los países de Sudamérica y América Latina. Al mismo tiempo, la cuestión de esta salida, es decir, del programa de transición, debe ser un eje de delimitación política, para separar a los partidos pequeño-burgueses que se orientan a la colaboración con el imperialismo o la burguesía nacional, y en especial a las cúpulas de esos partidos pequeño-burgueses, de los partidos o grupos pequeño-burgueses o de trabajadores que puedan ser ganados a la formación de un frente revolucionario…

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