21/04/2020

Un fantasma recorre el mundo: Marx tendencia y los liberales despechados

El 20 de abril será recordado como la primera vez en la historia en que el mercado de futuros del petróleo operó con precios negativos, un suceso que desconcertó a casi la totalidad de los analistas y operadores económicos. El día siguiente, mientras continúa la convulsión, el nombre de Marx se convirtió en tendencia de twitter, demostrando la presencia constante del revolucionario alemán frente a cada acontecimiento novedoso de la crisis capitalista.


En todo el mundo los liberales parecieron inflar el pecho y valiéndose del excepcional comportamiento en el mercado petrolero encontrar la refutación tan añorada al marxismo. Lo que en realidad vinieron a probar es por un lado su total ignorancia respecto de la teoría económica marxista y al mismo tiempo su preocupación por golpear a la izquierda en un momento en que las consecuencias sociales de la pandemia planteen escenarios de rebelión popular, continuando las de 2019.


Como planteamos en otras oportunidades, la pandemia del coronavirus vino a atacar a un cuerpo enfermo, debilitado o inmunodeprimido como se dice últimamente. El capitalismo ya venía ingresando en una recesión que de ninguna manera se correspondería con un “aterrizaje amortiguado” sino por el contrario iba a ser una recesión global atravesada por grandes bancarrotas y choques entre potencias, es decir turbulenta.


En el caso del petróleo ni siquiera había que esperar hasta la recesión porque la guerra comercial (exacerbada por la crisis capitalista) venía reduciendo el precio del hidrocarburo en más de un 35% en lo que va del año, por los choques entre los principales productores. En definitiva, la caída del precio que supuestamente vendría a refutar a Marx tiene su principal explicación en la sobreproducción de esa mercancía cuando fue Marx el primero en marcar esta característica distintiva de las crisis capitalistas sobre las crisis de los regímenes anteriores.


Brutos con Marx


Los despechados twitteros demuestran su nulo conocimiento de la teoría marxista. El corazón del marxismo es la demostración de que el capitalismo es un régimen social histórico y sus contradicciones son insalvables, algo que se pone de manifiesto en las crisis. Las crisis hunden los precios, llevan al capital a la bancarrota y provocan desvalorizaciones masivas. Solamente un ignorante puede postular que, para Marx, la ley del valor produce un alineamiento automático de precios. La ley del valor se impone finalmente a través de bruscos mecanismos de mercado, crisis, auges y desvalorizaciones. El “equilibrio” entre oferta y demanda es un cuento liberal, no marxista.


Nuestros críticos parecen no haber leído más allá del primer tomo de “El capital” ni hojeado siquiera el tercer tomo donde se desarrolla la transformación de valores a precios, un aporte esencial para el pasaje de los conceptos más abstractos a los más concretos. En el caso del petróleo, su precio se halla, además, determinado por la renta diferencial de la tierra, o sea, por la mayor o menos productividad de los diferentes pozos condicionada por sus características naturales.


La teoría marxista marca la contradicción básica del capitalismo: mientras por un lado se desarrolla una enorme masa de riqueza, de valores de uso y se potencia el trabajo humano a un nivel nunca antes visto se choca con relaciones sociales de producción que impiden la apropiación por parte de la mayoría de la población trabajadora de esa riqueza generada. La riqueza se acumula sin vender mientras la pobreza crece a niveles récord. Las fuerzas productivas en el capitalismo no pueden seguir desarrollándose porque están presas de esa contradicción.


También brutos sobre el petróleo


Los trolls liberales, negando la ley del valor, le adjudican el derrumbe a un fenómeno metafísico de expectativas subjetivas. Pero no hay nada de eso, lo que hay es una parálisis global determinada por la crisis capitalista potenciada por el coronavirus. Si hubieran usado un poco la cabeza, se habrían dado cuenta de que las cuarentenas y sus consecuencias demuestran justamente el punto central del marxismo: sin trabajadores no hay riqueza, ni valor, ni producción ni nada. La fuerza de trabajo es la savia vital que alimenta, tanto la generación de riqueza en general, como, en particular, la ganancia capitalista.


La debacle del precio del petróleo no se dio en los surtidores, sino en el mercado de futuros, un mercado creado para el desarrollo amplificado del capital financiero, donde se ha potenciado el capital ficticio como en ningún otro lugar. El 21 vencían las ventas hechas con meses de anticipación, sobre la base de precios mayores a los actuales. Mientras tanto, la sobreproducción petrolera agotó las posibilidades de almacenamiento en Estados Unidos. Los intermediarios y especuladores no podían recibir el petróleo ni anular las compras. El combo de estos dos fenómenos hizo que se desprendieran rápidamente de los barriles comprados, incluso pagando para sacárselos de encima.


Las petroleras se valieron del crédito y los mercados de futuros para estabilizar precios y hacerse de ingresos con anterioridad a las ventas. ¿Quien describió este fenómeno? No fueron Milton Friedmann ni Von Hayek, sino Marx en el tomo III de El Capital: el crédito alimenta el desarrollo capitalista, hasta que el derrumbe inexorable de la producción capitalista transforma a ese mismo crédito en un factor de agravamiento de las crisis.


La crisis petrolera, en tanto, vino a golpear fuertemente un mercado con tendencia a la sobre oferta producto de la expansión de petróleo no convencional. EE.UU. impulsó esta producción no convencional contra los países de la OPEP y contra Rusia, con el objetivo de fortalecer su posición en el mercado mundial. Ahora, este desarrollo está amenazado con la superproducción a nivel mundial, por eso Trump busca medidas intervencionistas para rescatarlo y azuza la guerra comercial contra China para exportar sus pérdidas.


Si al lector esto le suena de algún lado, no será sin duda de un tratado liberal sino de las obras clásicas del marxismo sobre la tendencia a los choques y la guerra imperialista como resultado del desarrollo de las crisis capitalistas. Nuestros amigos liberales aprenderían algo leyendo “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, de Lenin.


Despecho


El despecho de los liberales se debe en parte a que ven cómo la burguesía les da momentáneamente la espalda mientras desde el FMI hasta el Finantial Times o el Boris Jonhson descubren las bondades del Estado en una falsa oposición al mercado. El marxismo es la única corriente teórica y política capaz de desnudar esa dicotomía forzada, donde la misma clase social puede pasar de una a otra variante según su conveniencia circunstancial.


En síntesis, lejos de cualquier clase de refutación a Marx la situación actual (donde el petróleo opera a precios negativos porque no hay donde guardarlo) es una enorme reafirmación de las tesis centrales de la teoría marxista.




 

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