Políticas

17/11/2011

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Un giro de la situación política, tres semanas después de las elecciones

Han pasado apenas tres semanas de las elecciones nacionales: el gobierno sigue contando con el 54% de los votos y CFK asumirá el 9 ó 10 de diciembre, pero ya nada es como era entonces. Las contradicciones que se fueron acumulando durante un tiempo han dejado al ‘modelo’ sin ropas -y han desacreditado por completo las pavadas que se dijeron de él. La caja de las sorpresas la destaparon Boudou y De Vido cuando anunciaron la eliminación (“gradual”) de los subsidios, que habían sido (y continúan siendo) presupuestados en 80 mil millones de pesos para 2012. La factura, gruesa, será cargada a los trabajadores, quienes en su mayoría acaban de votar por el FpV. La loza más pesada de este fardo es el subsidio a la importación de combustible – y no solamente porque representa el 40% del monto total. Ocurre que una liberación de tarifas supondría aplicar a pleno el precio internacional (que triplica al interno en lo que tiene que ver con el gas que viene de Bolivia y es cinco o seis veces mayor cuando viene embarcado de otros orígenes), sin la posibilidad de aumentar la producción interna, debido a que no ha habido inversiones significativas en este rubro. Muchos observadores descartan, por eso, que se los elimine -con el consiguiente impacto fiscal. En resumen, el gobierno que despotrica contra el ‘ajuste’ en sus viajes, se apresta a ejecutar un ‘ajustazo’. Aunque intenten disimularlo, los sindicatos están conmovidos. La Presidenta, Binner y López Murphy han coincidido en la necesidad de poner un ‘tope’ a los aumentos de salarios.

Leña al fuego

El ‘subsidiazo’ tiene lugar cuando la inflación es del 25% anual, con mayor incidencia en los alimentos. Como ilustración, un corte inmediato de los subsidios aparejaría llevar ese porcentaje al 60%. De ahí que se plantee el ‘gradualismo’. De conjunto, se trata de una diferencia menor, porque en lugar de un golpe súbito tendríamos una curva creciente de inflación a lo largo de un tiempo políticamente muy largo. Ha sido, precisamente, el temor a esta posibilidad lo que ha retrasado tanto tiempo la eliminación de los subsidios. La beneficiaria de los subsidios ha sido la burguesía industrial, que pagó salarios menores gracias al impacto reducido de las tarifas en la canasta familiar. Después de diez años de ‘reconstrucción’ nacional y popular, el país no ha superado la ’emergencia’ creada como consecuencia del derrumbe de 2001. La crisis de hace una década sigue presente en el sistema económico, como se expresa también en un sistema bancario que es la tercera parte del vigente hasta 2001 y en la ausencia de un flujo de créditos de largo plazo. El Estado se vale del Banco Central y de la Anses para pagar la deuda usuraria (‘desendeudamiento’), a pesar de contar con precios de exportación excepcionales. La crisis de financiamiento de la economía kirchnerista ya produjo tres crisis políticas: 1) la del ‘campo’, por las retenciones; 2) la de las AFJP, con motivo de su estatización; 3) la del uso de las reservas del Banco Central para pagar la deuda pública y privada. La cuestión de los subsidios estalla ahora, precisamente, cuando todas las fuentes de financiamiento se han agotado: las reservas del Banco Central ya no cubren el dinero en circulación y son negativas cuando se le sustraen las deudas correspondientes. A los 46 mil millones de dólares declarados, es necesario restar los 15 mil millones que corresponden a depósitos privados y los 4 mil millones de préstamos de otros bancos centrales. Los 26 mil millones que quedan como resultado son muy inferiores a la deuda del Banco Central con los bancos locales -por 160 mil millones de pesos (unos 35 mil millones de dólares). Esta crisis de financiamiento ha transformado a la salida de divisas en una ‘corrida’ contra el peso, o sea una devaluación. Toda la burguesía apoya la misma -tanto la oficialista como la opositora. Pero una devaluación encima de un retiro de subsidios y de una inflación elevada, es un coctel explosivo. Esta emergencia ha unido a unos y otros contra los aumentos salariales y contra los sindicatos.

Sobre Atenas y Buenos Aires

¿No se parece Argentina, entonces, a Italia, Grecia, Portugal o España? ¿No está bailando al ritmo de la bancarrota capitalista? Los europeos piden a gritos un financiamiento sin límites del Banco Central Europeo para lidiar con la bancarrota de sus Estados y sus bancos. Los norteamericanos la reciben de la Reserva Federal. Los K están negociando la obtención de esa financiación con el Club de París -un conjunto de Estados europeos acreedores de Argentina por la deuda estatizada por Cavallo ¡en 1982! La gravedad de la situación está revelada por la imposición de un ‘corralito’ a la compra de dólares, que está alterando -como en 2001- las importaciones y la compra-venta de inmuebles, o incluso el turismo en el exterior (que para los socios comerciales de Argentina -en especial Uruguay- equivale a una restricción a las importaciones de esos países).

Intervencionismo: capitalista y anti-capitalista

En este cuadro, es claro que las medidas intervencionistas y los ‘aprietes’ del gobierno en el mercado de cambios son episódicos o temporales; no tienen nada que ver con un cambio de las relaciones sociales que explican esta crisis; están al servicio de la especulación capitalista. El tarifazo apuntala a un sistema privatizado de servicios que exige precios internacionales y que invierte por medio de deuda, no de capital propio. Beneficia a un sistema de transportes corrupto y mafioso, que opera un sistema anárquico que se concentra cada vez más en menos manos. Sostiene un sistema petrolero que se embolsa una renta enorme (la diferencia entre costos internos y precios internacionales especulativos), que remunera a sus accionistas en el extranjero. No se puede impedir el vaciamiento de un país reforzando un sistema social de vaciadores. Las maniobras oficiales en el mercado de cambios han disparado la tasa de interés OFICIAL al 22% (lo que pagó el Banco Central por una licitación de títulos el martes pasado), con un peso-dólar casi fijo -¡la misma que paga Grecia con un euro que también oscila muy poco! El negociado para los especuladores es fabuloso, porque invierten en pesos a esa tasa usuraria y, al mismo tiempo, se protegen de una devaluación con un seguro de cambio por el plazo del depósito. El ‘intervencionismo’ que planteamos los del PO y del Frente de Izquierda se distingue del intervencionismo K en que es un intervencionismo integral y sistemático, que no apunta al rescate de las privatizadas o del capital en general, sino que coloca en manos del poder público -bajo control de los trabajadores- a los bancos, el comercio exterior y los recursos estratégicos, al servicio de una planificación económica que atienda los intereses populares en su sentido inmediato y estratégico.

Un giro político de fondo

Lo más importante, con todo, es que asistimos a un viraje de fondo de la situación política. El gobierno del 54% de los votos no puede evitar emprender un ataque a los trabajadores -incluso ya ha tomado esa decisión. Esta es la cuestión de fondo de la tentativa de suspender la personería del sindicato de los técnicos aeronáuticos y del retorno de los controladores a la órbita de las fuerzas armadas. Son los métodos de Reagan (1982) y de Rodríguez Zapatero (2010).

El choque entre la camarilla del burócrata Cirielli, por un lado, y la de La Cámpora, por el otro, es secundario. El gobierno viene empeñado en esta línea desde su ataque a los petroleros de Santa Cruz el año pasado, pero lo que hasta ahora fue parcial, ahora se perfila como un ataque sistemático. El éxito del tarifazo y de la devaluación depende de la domesticación de las paritarias y del movimiento obrero.

El Frente de Izquierda y la nueva etapa

Es necesario trasladar a los trabajadores, en especial a los activistas, el reconocimiento del cambio de la situación política y, a partir de esto, promover una intensa deliberación política. La defensa de las paritarias debe ser incondicional, sin topes y respaldada en asambleas, pero debe formar parte de una política de conjunto que oponga a la salida capitalista del gobierno una política anti-capitalista que se radique en las masas. El tarifazo responde a los intereses del capital, no a la ‘racionalidad’ económica, porque el tarifazo es la condición para recuperar el financiamiento (endeudamiento) internacional. La racionalidad debe ser determinada por medio de un control obrero de la producción, que elimine los múltiples despilfarros de la explotación capitalista. El Frente de Izquierda encara ahora un desafío de mucha mayor envergadura que el que plantearon las elecciones, porque debe ofrecer una orientación política en el marco de una crisis nacional, que sea capaz de potenciar la acción directa de los trabajadores.