Políticas

11/9/1997

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Un gobierno en demolición

Una encuesta encargada por el diario La Nación (7/9) otorga a los candidatos de la Alianza un 50,6% de intención de voto y al PJ no más del 10% en la Ciudad de Buenos Aires. Si estos datos se confirman, sólo en la Capital la diferencia entre la oposición y el gobierno podría rondar los 700.000 votos. Si se consideran las encuestas que en la provincia de Buenos Aires dan por ganadora a Fernández Meijide y se toma el 56% de votos a la Alianza en el Chaco como expresión de una tendencia nacional (o, hasta cierto punto, el aplastamiento del guillanismo en las elecciones de Foetra Buenos Aires), la derrota del menemismo en las elecciones nacionales podría tener dimensiones de catástrofe.


Los grandes capitalistas no se han inmutado en lo mas mínimo frente a la posibilidad de derrota del menemismo. Un editorial del Buenos Aires Heralddestaca “la aparente indiferencia del mundo exterior y de los negocios frente a la perspectiva de esta derrota … (porque) evidentemente están convencidos de la continuidad de la política económica bajo la Alianza” (31/8).


Si esto desnuda que la oposición es astilla del mismo palo que el oficialismo, un dato adicional lo deja bien claro: “(no) es extraño, ni mucho menos, que a las recientes jornadas sobre la industria convocadas por el Comité Nacional de la UCR hayan asistido figuras prominentes del establishment como el ingeniero Roberto Rocca (Organización Techint) y directivos fabriles que tuvieron diferencias con el elenco predominante de la UIA, como es el caso de Patricio Zavalía Lagos (Alpargatas)” (La Nación, 6/9).


‘Gobernabilidad’


Hay otras ‘confesiones’. “‘Hacemos un llamado a los actores políticos, con abstracción de adscripciones partidarias (para que) sostengan como eje central la gobernabilidad del sistema por encima de toda actitud individualista’ acaba de plantear Rolando Pietrantueno, titular del Consejo Argentino de la Industria en Córdoba” (La Nación, 6/9). Prensa Obrera, antes de esta declaración, sostuvo que “la razón fundamental de la Alianza es la necesidad de encuadrar políticamente a las masas y dejar abierta una válvula de escape e incluso una posibilidad de recambio, para el caso de que una combinación de derrumbe financiero y lucha popular obligue a un relevo anticipado del gobierno” (Nº 553, 21/8).


“Un tipo de cambio más alto”


La percepción sobre la perspectiva de una crisis más o menos inminente se revela en un documento reciente de la UIA. Allí se llama la atención sobre el peso cada vez más elevado de los pagos de intereses de la deuda pública (que) “este año superan los 7.000 millones”; el crecimiento de las importaciones (“si el producto continúa expandiéndose al 8% las importaciones seguirán aumentando al 29 por ciento anual”) y el retraimiento en las exportaciones. El texto advierte que “se viene un enfriamiento de la demanda brasileña”, que absorbe casi el 30% de las ventas externas de la Argentina.


Brasil puede ser la próxima ‘escala’ de la crisis financiera internacional. Para Rubens Ricupero, ex ministro de Finanzas, “la economía brasileña se encuentra en una posición más débil que varios de los países del Sudeste asiático que (tenían) déficits presupuestarios inferiores y una mayor capacidad exportadora que Brasil” (Financial Times, 5/9). Por esta razón, los ‘hombres de negocios’ de la Argentina están pendientes de la posibilidad de una devaluación en Brasil, a pesar de todas las desmentidas del más alto nivel oficial.


El documento de la UIA lleva la firma de su Consejo Académico y fue elaborado, entre otros, por José Luis Machinea, ‘economista jefe’ de la Alianza. Para Machinea, las cuentas externas “espanta(n) a los inversores”. Y agrega: “Es obvio que me gustaría un tipo de cambio más alto … una manera genuina de aumentar las exportaciones”, aunque (por ahora) “los costos (de una devaluación)… son más altos que los beneficios” (Página 12, 4/9).


En la elaboración del documento participaron también Chojo Ortiz, economista de Bordón (hasta último momento candidato en la lista del PJ en la provincia de Buenos Aires), y De la Fuente y Blanco Villegas, ex presidentes de la UIA. Es un frente que incluye a toda la gama de intereses patronales, incluidos los de Duhalde.


Diputados obreros


El temor a una crisis ha llevado a que el FMI plantee que el producto de la privatización del Banco Hipotecario “… será derivado ahora al pago de la deuda externa” (Morales Solá, en La Nación, 7/9). Al frente del organismo que “controlará la distribución y utilización de fondos provenientes del Hipotecario” ha sido puesto un incondicional de Roque Fernández, que “resolvería interrogantes planteados en forma reservada por los técnicos del FMI”. Carola Pessino tendrá un lugar en la Jefatura de Gabinete, “una señal directa hacia el FMI que reclama en forma permanente por la pronta instrumentación de la reforma laboral” (La Nación, 5/9).


Mientras las patronales se preparan para enfrentar la nueva etapa de derrumbe financiero, descargando la crisis sobre los trabajadores, los ménemo-duhaldistas y los machineístas tratan de adormecer al pueblo llamándolo a confiar en la ‘estabilidad’. La Triple Alianza tiene políticamente inmovilizado al movimiento obrero. Aunque Palacios haya planteado su “profundo rechazo” a las definiciones de la coalición en favor de la convertibilidad, las privatizaciones, los convenios por empresa y la privatización de las obras sociales, no ha tenido problemas en impulsar el ingreso de Recalde, luego de Alicia Castro, a la lista de diputados de la Alianza. La dirección de la CTA, que fue quien más se empeñó en la constitución del frente ‘opositor’, ha llamado naturalmente a ‘desensillar hasta octubre’.


El Partido Obrero llama a movilizarse para elegir diputados, legisladores y concejales de la clase obrera, que conviertan al Congreso en tribuna de lucha.