Políticas

13/11/2023

Un golpe a la lucha por la independencia política de los trabajadores

Izquierda Socialista y el MST llaman a votar por Massa.

Sergio Massa.

Izquierda Socialista y el MST han fijado su posición frente al balotaje. En su declaración, IS llama a “votar contra el ultraderechista Milei” y sostiene que, de esa manera, busca “acompañar a esos millones que, con la nariz tapada, van a votar a Massa” (Leer aquí). Por su parte, el MST plantea “llamar a los trabajadores y jóvenes a NO votar a Milei” y sostiene que entiende “la voluntad democrática de quienes votaron a Massa para que no gane Milei, por lo tanto, no llamaremos al voto en blanco ni haremos campaña en ese sentido” (Leer aquí).

El MST, a diferencia de IS, no llama abiertamente a votar por Massa. Incluso disimula su orientación afirmando que “como partido” no vota al candidato de Unión por la Patria. Pero su consigna, claramente, es una indicación al electorado a votar por Massa. Así queda explicitado en las intervenciones mediáticas de sus voceros (ver aquí), cuando aclaran que no votan a Milei ni en blanco pero nunca dicen que “como partido” no votan a Massa. La crítica furibunda del MST contra IS (Leer aquí), acusándolos de “capitular” frente al gobierno, es la cobertura de la que se vale el MST para esgrimir una orientación similar.

La emergencia de la ultraderecha

Aunque ambos partidos realizan duras críticas al gobierno actual, justifican su llamado a votar por Massa por los planteos “ultraderechistas” de Milei: su defensa de la última dictadura militar y del genocidio de Videla, su ataque a las libertades democráticas, sus planteos de ajustes draconianos y privatistas, etc. La emergencia de una ultraderecha en la Argentina, con una alta intención de votos y con la posibilidad de ganar el balotaje, es sin lugar a dudas un problema político de enorme importancia para los trabajadores. Sería un enorme error menospreciar esta cuestión. Muy tempranamente el Partido Obrero salió al cruce de los planteos de Milei. En 2021 la campaña de Gabriel Solano a legislador porteño tuvo como uno de sus ejes la polémica teórica con el liberalismo y el desenmascaramiento de sus planteos fachistoides. Durante todo 2023 el PO realizó una intensa campaña de clarificación política entre los trabajadores en general y entre la juventud barrial en particular, donde se evidenciaba un progreso de las ideas libertarias.

Izquierda Socialista, para fundamentar su voto por Massa, directamente ha caracterizado un triunfo de Milei como el triunfo del fascismo (ver las entrevistas al dirigente de IS Rubén Sobrero en C5N y Radio Con Vos). Sin embargo, es necesario distinguir entre la emergencia de un facho, como lo es Milei o Villarruel, y un régimen fascista. El fascismo, siempre vale recordarlo, representa la movilización armada de la pequeñoburguesía empobrecida con el objetivo de destruir las organizaciones obreras, bajo la dirección del capital financiero. El fascismo, como lo explicamos en la resolución de la Conferencia del PO, es la reacción del capital contra la emergencia revolucionaria de los trabajadores. No es, de ningún modo, el cuadro planteado en nuestro país. De hecho, Milei abortó la puesta en pie de lo que potencialmente podría haber mutado a un movimiento fascista cuando sacrificó los agrupamientos juveniles libertarios y los reemplazó por acuerdos con “las castas” derechistas en distintas provincias. Hemos dicho, en innumerables ocasiones, que el “movimiento antipiquetero” que pretendió poner en marcha Ramiro Marra no pasó de ser una cuenta de twitter. Evidentemente, en esta elección, no se juega el triunfo o no del fascismo. Ahora bien, si realmente existiera un peligro fascista, un partido que se reivindica revolucionario debería convocar al frente único de las organizaciones obreras, para aplastar al fascismo con los métodos propios de los trabajadores. Si algo está claro es que Massa y el voto por él no son ninguna garantía para derrotar a Milei ni mucho menos al fascismo. La convocatoria a las acción directa ante la emergencia del facho brilla por su ausencia en la declaración de IS. Es la confesión de que el llamado “peligro fascista” es simplemente una coartada para hacer pasar el seguidismo al candidato de Unión por la Patria. Agreguemos, finalmente, que el avance de una fascistización -la cual podría abrirse paso como consecuencia de un recrudecimiento de la lucha de clases- no sólo podría venir de la mano de elementos como Milei. La Triple A fue una creación del gobierno peronista y pasó a ocupar un lugar determinante bajo el mandato de Perón y de Isabel.

El fenómeno Milei se encuentra incluso por detrás de la experiencia de Bolsonaro, que no logró instaurar un régimen fascista y salió perdidoso de las elecciones brasileñas de 2022. El triunfo de Bolsonaro en el balotaje de 2018 significó la consolidación del golpe de Estado que se había ejecutado contra Dilma Rousseff un par de años antes. Su gobierno contó con el apoyo de las Fuerzas Armadas, las Iglesias evangélicas y la burguesía agraria. En Argentina, las Fuerzas Armadas no cuentan, ni por cerca, con el peso específico con el que cuentan en Brasil. Aunque una parte de la “familia militar” comulgue con Villarruel y critique las gestiones de Rossi, el jefe de las Fuerzas Armadas, Juan Martín Paleo, ha salido a dar el respaldo al actual gobierno. A su vez, las Iglesias evangélicas y el Vaticano militan abiertamente por la candidatura de Massa.

Rubén Sobrero, en referencia a las posiciones de Milei y Villarruel frente a la última dictadura, señaló en Radio Con Vos que “vienen a plantear cosas que ya han sido saldadas en la República Argentina”. Se trata de una absolución a la democracia y los partidos capitalistas. ¿O acaso no fue Alfonsín quien bregó por el autojuzgamiento de los militares e impulsó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida? ¿O no fue Menem quien indultó a los carapintadas y a los genocidas de la última dictadura? ¿Acaso no fueron Cristina Kirchner y Agustín Rossi (¡a quién votará IS!) quienes colocaron a César Milani al frente del Ejército argentino? ¿Y no fue el gobierno macrista quien reflotó la teoría de los “dos demonios” e impulsó la aprobación del beneficio del “2×1” para los genocidas? Ha sido la democracia capitalista y sus partidos tradicionales los que han parido los discursos negacionistas que hoy levantan, sin sonrojarse, los Milei y las Villarruel. Sobrero termina de rematar un embellecimiento de la democracia capitalista cuando sentencia que con un gobierno de Milei “se instalaría de nuevo el patriarcado en la Argentina”. Semejante dislate -que nos recuerda una afirmación muy similar esgrimida por Alberto Fernández- no merece siquiera ser refutado.

Es claro que un gobierno de Milei viene a tratar de imponer una salida de fuerza y represiva contra los trabajadores. Pero bajo un gobierno de Milei o bajo uno de Massa las diferencias que existan en el carácter represivo del Estado serán de grado. Es lo que hemos denominado como una “democracia de infantería”. No olvidemos que, bajo el actual gobierno, la política represiva se está recrudeciendo. Así lo demuestra el avance de la causa contra nuestro compañero César Arakaki, las amenazas del sionismo contra los dirigentes de la izquierda y los procesamientos, encarcelamientos y persecuciones a compañeros piqueteros y de la izquierda en Jujuy, Córdoba, Neuquén, Mendoza, Chubut y Santa Cruz. Tomemos nota que en estas dos últimas provincias actualmente gobiernan el massista Arcioni y Alicia Kirchner. Gobernadores que han desatado represiones brutales, como la que se vivió en Jujuy o en Guernica, hoy se encuentran alineados con la candidatura de Massa. Nos referimos a Gerardo Morales y Axel Kicillof. Massa y Milei, en el debate presidencial, coincidieron en reivindicar a Rudolph Giuliani, el abogado de Donald Trump que como alcalde de Nueva York llevó adelante una política de “tolerancia cero”. Massa reivindicó, incluso, que Giuliani prologó su libro.

Hay algo más que es necesario señalar. Massa viene de abrazarse en la Daia con el embajador norteamericano, dando su aval al genocidio de Israel contra el pueblo palestino. No solo eso, Massa viene de desautorizar el comunicado mediocre de la cancillería argentina condenando el bombardeo de Israel a un campo de refugiados en Gaza, reafirmando su completo alineamiento con la política terrorista y criminal del Estado de Israel. Massa está defendiendo el accionar fascista (¡aquí sí podemos hablar de fascismo!) de los colonos israelíes contra el pueblo palestino en Cisjordania. Massa planteó en el debate presidencial la posición más reaccionaria en torno a la guerra en Medio Oriente: declarar a Hamas como organización terrorista. La iniciativa será utilizada para perseguir a las organizaciones y fuerzas que somos solidarias con la causa palestina en Argentina. Todo esto nos lleva a la siguiente pregunta y reflexión ¿podemos “derrotar” a quien reivindica el genocidio de la última dictadura en la Argentina (Milei) con la boleta de quien reivindica el genocidio que se está ejecutando hoy mismo contra el pueblo palestino (Massa)? Resulta, de mínimo, poco convincente.

Alineamientos de clase

Siendo la distinción de discursos, planteos y programas una cuestión fundamental y necesaria, de ningún modo es suficiente. Es que la izquierda obrera y socialista, a la hora de fijar una posición política, debe analizar concretamente dónde se ubican los intereses de clase, cómo se alinean las distintas alas de la clase capitalista y el imperialismo, y en qué consisten las estrategias políticas que enarbolan las fuerzas patronales en pugna. Es, justamente, lo que no hacen las declaraciones de IS ni del MST. Se trata, evidentemente, de omisiones graves.

Hoy, en la Argentina, es Massa quien encarna más clara y nítidamente la estrategia formulada por el imperialismo. Es necesario recordar que el planteo de la “unidad nacional”, lejos de ser un invento de Massa, fue formulado antes que nadie por el embajador norteamericano Marc Stanley. En la reunión del Consejo de las Américas que se realizó en Argentina, en agosto de 2022, el imperialismo yanqui fijó una perspectiva estratégica para el capitalismo argentino. Con la “unidad nacional” se busca agrupar a la mayor cantidad de fracciones políticas patronales detrás de la presidencia de Massa y mantener a las organizaciones obreras bajo la férula del gobierno. De esa manera, Massa pretende reunir los recursos políticos para proceder a un mayor ajuste fiscal, concretar las “reformas estructurales” que exige el FMI y consumar la entrega de los recursos estratégicos del país. Esto último, sería una vía para garantizar los vencimientos de deuda del año próximo, que se vislumbran impagables. Se trata de un plan de ofensiva directa contra las masas que contaría con recursos extraordinarios de contención, con el objetivo de evitar la irrupción combativa de los trabajadores. El imperialismo le otorga a este aspecto una importancia fundamental. Es que los procesos latinoamericanos del último lustro han demostrado que los gobiernos “nacionales y populares”, en comparación con los gobiernos derechistas, guardan una mayor capacidad de contención de las masas. El medio británico The Guardian, acaba de publicar una carta abierta con la firma de 100 economistas de renombre que alertan sobre el recrudecimiento de las tensiones sociales en Argentina y América Latina en una eventual presidencia de Milei.

Todo esto no quita que el imperialismo opere a dos puntas. Es que de ningún modo puede descartarse la posibilidad de un triunfo de Milei en el balotaje. Los grandes fondos de inversión internacionales, como Blackrock o Templeton, apoyan decididamente la candidatura de Milei y su planteo de dolarización. El semanario inglés The Economist, ante el fracaso de Juntos por el Cambio y el pasaje de Macri y Bullrich al espacio libertario, se alineó con Milei. Es el rumbo que también pareciera haber adoptado La Nación y Clarín luego del vuelco de Macri y Bullrich. El “gran diario argentino” le había dedicado, durante la primera semana posterior a las elecciones, numerosas tapas a la crisis de JxC y colocó a Milei en su semáforo amarillo. Efectivamente, para todo un sector del empresariado, la candidatura de Milei ha adquirido más confiabilidad con el copamiento del espacio por parte de Macri.

Gustavo Grobocopatel, un pesado del agronegocio argentino, sintetizó el panorama abierto de manera clara: “Me parece que Milei y su acercamiento a Bullrich y Macri le quita algo de incertidumbre. Creo que Massa, llamando a la unidad nacional y teniendo el discurso de que va a ser un gobierno que integre a todos, también intenta reducir la incertidumbre” (Perfil, 30/10). Entre los próximos funcionarios del gobierno de Massa circulan los nombres de Larreta, Melconian y Redrado, como ministros de Economía y Hacienda y presidente del BCRA respectivamente (La Nación, 10/11). Es claro que la mayor parte de la burguesía industrial -que rechaza la dolarización porque busca seguir valiéndose de las devaluaciones del peso para licuar salarios y quiere continuar beneficiándose del proteccionismo estatal- apuesta por Massa. El industrial José Urtubey se encuentra militando activamente por su triunfo. La burguesía agraria, en cambio, parecería volcarse por el libertario, aunque antes del acuerdo Milei-Macri se habían pronunciado contra el planteo de eliminación de la obra pública. Según el Financial Times “los ejecutivos no confían ni en el ministro de Economía peronista ni en el libertario de extrema derecha”, y da ejemplos de sectores que se vuelcan a un lado y al otro.

En síntesis, en el balotaje se juega una puja entre sectores patronales que, con sus importantes diferencias, no representan un campo progresivo para los trabajadores.

Independencia política

Haciendo una omisión del carácter concreto de los regímenes políticos que ambos candidatos pretenden poner en pie y de los alineamientos e intereses de clase que se ubican detrás de cada una de las candidaturas, lo que nos queda de las posiciones de IS y el MST es el “acompañamiento a los millones que van a votar a Massa para que no gane Milei”. Se trata de un “acompañamiento” electoral, pues ni siquiera tiene como base la acción combativa de las masas. Como se ve, las posiciones de IS y el MST son 100% oportunistas. Sacrifican la independencia de clase de los trabajadores, la estrategia fundante del Frente de Izquierda, en función de un “acompañamiento” electoral. El balotaje argentino ha sacado a relucir el carácter democratizante de una parte considerable de la izquierda argentina.

La tarea de la izquierda no pasa por “acompañar” a un electorado que va a votar alguno de los candidatos que representan hoy a distintas alas de la burguesía y el imperialismo, sino en explicar el contenido reaccionario de sus programas y sus estrategias. Todos los votos que Milei y Massa conquisten el 19 de noviembre serán usados para reforzar el ataque contra los trabajadores durante la próxima etapa. Mientras menos votos saquen más débil estarán para descargar la crisis sobre las masas, que es lo que inexorablemente preparan para el próximo mandato. La posición de clase y de principios en el balotaje argentino es no apoyar ni votar a ninguno de los dos.