15/05/1997 | 539

Un nuevo levantamiento popular

Toda crisis de régimen supone, de un lado, la exasperación de las masas con las condiciones de vida que este régimen les impone y, del otro, la descomposición creciente y aguda del gobierno y de los partidos que dirigen este régimen.


Ambos extremos se encuentran enteramente reunidos en la situación actual de la Argentina. Con el agregado de que las masas exasperadas comienzan, además, a definir lo que quieren y a oponer, por lo tanto, al programa de este régimen, las bases del programa para acabar con él.


Tartagal y todo el norte de Salta, de un lado. Yabrán, del otro.


Tartagal


En Tartagal hay un nuevo levantamiento popular, en muchos aspectos más profundo que los de Cutral Co o Santiago del Estero. En la región actúan los pulpos petroleros más poderosos del país y de su suelo se arranca una producción económicamente vital para los capitalistas —el petróleo y gas de exportación. El combustible ya ocupa el 10 por ciento de las exportaciones nacionales y constituye el principal compensador del balance comercial con Brasil.


Pero en Tartagal, el 65 por ciento de la población está desocupada. No por la mayor productividad de las empresas, sino al revés, por su parasitismo: la materia prima no se industrializa y el beneficio de la exportación en bruto se destina a proyectos financieros especulativos. La mejor prueba de esto lo constituye la caída de las reservas comprobadas de petróleo, consecuencia de la baja actividad de exploración.


Crecen las estaciones de servicio y los ‘shoppings’ que las adornan, pero no la industria petroquímica en sus numerosas variantes, ni la industria plástica. Esto no sería rentable en términos capitalistas y, por sobre todo, entraría en competencia con monopolios establecidos, aunque serviría desde luego para impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas en términos nacionales.


Un programa que ‘asusta’


Los compañeros de Tartagal-Mosconi plantean que hay que meter mano en las petroleras; se trata de un acierto descomunal. Reclaman un ‘fondo de reparación histórica’, que se constituiría con las regalías que deben pagar los pulpos. Pero estas regalías son una fracción minúscula de los beneficios que han obtenido estos monopolios, y además ya se encuentran hipotecadas por las deudas contraídas por el gobierno provincial. Sin la investigación de las deudas fraudulentas de los gobiernos de Ulloa y Romero; sin la ruptura con los planes del Banco Mundial, que hipotecan los recursos provinciales al pago de las deudas con los capitalistas; sin una sustancial elevación de la regalía del petróleo, para financiar por lo menos la industrialización del norte salteño; sin estas medidas, cualquier solución popular quedará a medio camino.


Pero bastó que los tartagalenses mencionaran las regalías de gas y petróleo para que se produjera el hecho extraordinario de que la totalidad de las petroleras se reuniera, el lunes 12, con el ministerio de Menem. La desesperación les dictó una ‘oferta’ de 1.400 puestos de trabajo, que los pobladores de Tartagal rechazaron por «vaga, indefinida, imprecisa». Para el pueblo norteño, la reivindicación de fierro es «cinco mil puestos de trabajo, con un salario mínimo de 400 pesos, o el equivalente seguro al parado». Rechaza el ‘plan Trabajar’, porque es temporario, es de 200 pesos, no tiene protección social y está al arbitrio del burócrata.


Repetimos lo ya dicho en estas páginas: el pueblo lucha cada vez más; este pueblo que lucha se da cada vez mejores programas; con la lucha y la conciencia surge también una nueva generación de la clase obrera. La prensa no dice que los fogoneros de Tartagal-Mosconi son proporcionalmente mucho más numerosos que los que se jugaron en Cutral Co-Plaza Huincul. En el norte salteño se ha roto la separación entre los ‘blanquitos’ y los aborígenes de una manera francamente revolucionaria: se han tomado las reivindicaciones de los pueblos originarios y se han puesto, codo a codo, unos y otros, en los piquetes.


Extender los fogonazos


Menem no ha desatado todavía la represión, simplemente porque teme incendiar al país. En Comodoro, Chubut; en Sáenz Peña, Chaco; en Pico Truncado, Río Turbio y Caleta Olivia, Santa Cruz; en San Lorenzo, Santa Fe; en el Gran Buenos Aires, en fin; la gente se sale de la vaina de las ganas de cortar las rutas. Por eso apela a la política del desgaste, con la complicidad de los empresarios y el clero locales, que se ‘arreglan’ con un subsidio bancario y la vista gorda al contrabando.


Los luchadores del norte salteño son conscientes de la política menemista y del desgaste que entrañaría el aislamiento. Por eso se han esforzado en extender su lucha; ya hay 100 kilómetros de ruta bloqueados. Pero es necesario más; llamamos a todas las organizaciones obreras y populares a realizar manifestaciones y demostraciones en todo el país; a reclamar una huelga general; a reunir en un frente político de lucha las organizaciones obreras combativas, sean partidistas o no partidistas.


Yabrán


El involucramiento de Yabrán en el crimen de Cabezas le ha terminado de dar al asesinato el carácter político que Duhalde le negaba. Se lo encuentre o no responsable del crimen, la incorporación de Yabrán al expediente judicial deberá iniciar un violento enfrentamiento político. Si se lo incrimina, la posición de la camarilla menemista a la cual se lo vincula, se haría insostenible; Menem terminaría peor que Collor. Si no se lo incrimina, la posición de Duhalde para la sucesión presidencial quedaría liquidada. Dijimos a fines de enero que si el crimen se esclarecía el régimen se caía, y que si eso no ocurría se caería también.


La política de encubrimiento de Duhalde y de Menem se cayó con el fracaso del operativo ‘los pepitos’. Con el involucramiento macizo de Yabrán, el manejo de los‘arrepentidos’, de los alcahuetes, de los infiltrados y de los sobornados ya no le deberá alcanzar a Duhalde para contener el desborde político de la causa.


Pero al lado de Yabrán, aunque en otro banquillo, está Cavallo, quien se encuentra a un paso de la prisión preventiva en cualquiera de las causas que le abrió el menemismo. El peligro de un vacío político en el campo patronal crece con el correr del tiempo.


Chiche


Nada retrata mejor la debilidad de Duhalde que el nombramiento de su mujer para encabezar la lista de candidatos bonaerenses del PJ. La digitación obedeció a la certeza de que, de otro modo, perdía las elecciones. Duhalde cree que lo que no pudo su aparato, sus conexiones económicas, su dominio comunicacional o los fondos de la‘reparación histórica’, lo podrá el carisma de su mujer. Pero de ésta no depende nada; el destino del duhaldismo lo decidirá Yabrán, la crisis económica, las luchas populares.


Los malabarismos de Duhalde para sobrevivir ahora incluyen la alianza con Cavallo y con Roberto Alemann; para el gobernador, la heterogeneidad y el cambalache hacen a la fuerza.


Los dos polos fundamentales de cualquier crisis política que merezca plenamente ese nombre, ya se encuentran presentes: la veloz descomposición del régimen menemista, de un lado; la lucha popular, con levantamientos parciales incluidos, del otro. Cualquier política revolucionaria, en una situación de estas características, es ofrecer una perspectiva de conjunto, o sea de poder, para las masas que viven la crisis del poder oficial. Un programa y una organización; para eso llamamos a convocar a una Asamblea nacional de las organizaciones populares en lucha, sean partidistas o no.


La situación económica


Aunque los capitalistas aseguren que rebozan de optimismo, un incidente reciente demuestra lo injustificado de tanta alegría. Y no hay que olvidar que con la economía se come, se cura, se educa… y se gobierna. Es el componente de fondo de una situación histórica determinada.


Ocurre que una ‘calificadora de riesgos’ alemana, seguida luego de dos norteamericanas, acaban de descalificar la solvencia de los principales pulpos capitalistas nacionales. Su argumento fue que la ‘salud’ de esas empresas no podía ser calificada por encima de la que se atribuía al país en su conjunto. Si el gobierno llegara a no poder pagar la deuda externa creciente, dijeron, arrastraría con él a la mayoría, si no a la totalidad, de los ‘florecientes’ grupos nacionales.


La posibilidad de esa bancarrota está formalmente planteada, porque con 18.000 millones de dólares en el Banco Central, Argentina debe garantizar la convertibilidad de los pesos que circulan por el mismo valor y, al mismo tiempo, garantizar el pago de los 17.000 millones de dólares que, subiendo, vencen cada año en concepto de deuda externa e intereses.


Esta crisis potencial explica el derrumbe de la mayoría de los capitales nacionales ante la absorción extranjera; el Crédito Argentino, con una fuerte cartera de incobrables, acaba de ser absorbido por el pulpo extranjero que ya controla el Banco Francés; irónicamente, éste bajó en la calificación de riesgo, al incorporar un ‘clavo’ a su balance.


Alpargatas, por su lado, fue absorbida por una financiera norteamericana; Antelo por Renault; Macri fue desplazado por Fiat, primero, y próximamente por Peugeot; se dice que el Banco Río pasa al Citibank; a Soldati, de Comercial del Plata, sólo le queda vender la camisa. La extranjerización expresa la insolvencia del capital nacional y acelera la bancarrota del Estado, porque los pulpos extranjeros tienden más a remitir los beneficios al exterior. En un plano más general, el debilitamiento de la burguesía nacional disminuye la capacidad del Estado para arbitrar los conflictos sociales.


Asamblea Nacional


Una asamblea nacional tendrá como tarea generalizar las experiencias y reivindicaciones populares, reunirlas en un planteo de conjunto. Pero no tiene que inventar nada; debe fecundar lo que la experiencia y la lucha ya van convirtiendo en conciencia política común de los trabajadores.


Es indudable que la burguesía ha empezado a correr contra el tiempo, porque el ritmo al que crecen las luchas populares le puede abortar una salida al menemismo dominada por los intereses económicos que lucraron bajo el gobierno actual. A través de la campaña electoral y de las propias elecciones, los partidos patronales buscan seleccionar el programa y el personal encargado de suceder al menemismo o de reemplazarlo, si éste se va al pozo antes de los plazos constitucionales.


Se esboza un escenario similar al proceso político general que caracterizó al último año de Alfonsín. La burguesía necesita poner en pie un personal político de confianza que conquiste a la mayoría popular.


La movilización de las masas no ha alcanzado, ni hubiera podido hacerlo en tan breve periodo de tiempo, la madurez necesaria como para rechazar de plano cualquier tentativa de planteamiento ‘popular’ que emane de los partidos del régimen o de una variante recauchutada de ellos. Esa tentativa debe ser desenmascarada si se la quiere hacer fracasar. En esto reside la importancia de una clara política electoral desde la clase obrera, o sea desde el campo de sus intereses históricos.


Una asamblea nacional deberá servir para revolucionar la calidad de la política electoral de la vanguardia de los trabajadores.

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