03/07/2003 | 807

Un puente de masas

Fue un dato de la situación política que el 11 de junio marcháramos 30.000 piqueteros de Liniers a Plaza de Mayo a quince días de la asunción de Kirchner. Hoy tenemos un segundo dato: las 50.000 ó 60.000 personas que acudieron al Puente a un año de la masacre del 26 de junio que apuró la salida de Eduardo Duhalde.


Todos los protagonistas de aquella histórica jornada, a excepción del MTD, partimos pasadas las 11 horas desde la Estación Avellaneda, cuando faltaban numerosas columnas por llegar, por dar un ejemplo casi todos los 500 compañeros del Polo de Matanza y así de numerosas organizaciones y de otras regionales lejanas de nuestra organización. La cabecera subió al puente a las 11:20. Eran casi las 12:30 y no terminaban de pasar los compañeros frente al escenario central por la ancha mano del Este.


Se nos erizó a todos la piel al ver esa interminable víbora humana que Clarín calificó como multitudinaria. No hay que olvidar que hace un año también en el puente de Pompeya fuimos reprimidos, y otros miles aguantaron a pie firme y con mayor desventaja numérica en Liniers y en Panamericana y General Paz. Pero este 26 éramos diez veces más, y tengamos en cuenta que por el horario de la actividad no pudo concurrir el amplio espectro popular de trabajadores y estudiantes que lo habrían hecho después de las seis de la tarde, como lo hicieron el 20 de diciembre.


De hecho, fue la más importante movilización desde el 20 de diciembre, incluyendo las canchas de River de los políticos patronales como Menem o Kirchner. Y eso que algunas organizaciones vinieron con «delegaciones». No fue nuestro caso (no lo fue nunca), nos movimos con todo en todo el país, porque respaldamos con hechos nuestras palabras, para nosotros fue una jornada nacional de lucha y no de conmemoración.


Surge la primera gran conclusión política de la jornada: el geométrico crecimiento de las organizaciones que estuvimos bajo las balas de la represión. Esto desmiente la teoría de la «derrota del puente Pueyrredón», u n concepto político que campeó en los Mtd, y también en el Mas, asimilando la derrota física de las que está poblada la historia de lucha de los pueblos frente a la represión del Estado (hasta que llega el momento de la victoria final), con el resultado político. El 26 de junio fue una formidable victoria contra el giro represivo, apuró una crisis política definitiva en el gobierno, y produjo todavía mucho más.


A partir de la masacre del Puente se delimitaron los campos políticos en el mov imiento obrero y piquetero como nunca antes. Quedó al desnudo el papel de la Cta como sostén del gobierno duhaldista a la par de las otras centrales, cuando Maffei y D’Elía llamaron a vaciar las calles el 27 de junio y decenas de miles salieron junto a nosotros para acabar con la represión. El Bloque y la ANT ocuparon la convocatoria política del 20 de diciembre con la consigna de «Por otro Argentinazo», y eso está presente en el desarrollo de este puente de masas. Aquí no hubo burócratas, y el colaboracionismo piquetero hoy metido a fondo con Kirchner no sólo no estuvo sino que no pudo recordar a los caídos de ninguna manera, simplemente se quedaron en sus casas como en el Argentinazo y como el 26 de junio del año pasado.


La importancia de los actos


Somos a menudo criticados por los «largos actos». Ciertamente, como los grupos piqueteros son muchos, las asambleas populares también, los partidos y grupos de izquierda otro tanto, y como los sindicatos, fábricas ocupadas y centros estudiantiles combativos son cada vez más, la cosa no es fácil. Pero qué importante son los actos.


Desde estas páginas explicamos que el documento único, siendo bueno, había sido amputado en la frase que explicaba la unidad de contenido entre el gobierno de Duhalde y el de Kirchner. Por supuesto, era duro, porque al mismo tiempo se imputó a Duhalde como responsable político máximo de la masacre, pero es todavía más duro engañar a los trabajadores que nos escuchan cuando el fiscal Norberto Quantín, uno de los planificadores con Vanossi y Becerra del operativo conjunto de las tropas, es hoy Secretario de Seguridad (precisamente) del gobierno Kirchner. Cuando entre los gobernadores del Presidente está Solá, otro responsable político de la masacre del Puente.


¿Cómo ocultar que estamos ante un gobierno del mismo partido, con los mismos hombres, de la misma clase social que pacta con los mismos banqueros que pidieron disciplinar la rebelión popular en la Argentina por aquellas horas? El juicio y castigo será una lucha no con el gobierno Kirchner, sino contra el gobierno Kirchner.


Pero hubo más. El «juicio popular» no sólo brindaba tribuna a Bonasso, que temió silbidos y no fue. Desplazó el peso específico de los protagonistas del Puente y en cambio lo ganó Hebe de Bonafini, con su discurso de apoyo político a Chávez y a Kirchner. Será porque los Mtd, Martino y el Teresa Vive comparten la caracterización; pero lo cierto es que no se animaron a expresarla en un acto unitario, donde cada compañero sopesara las distintas posiciones.


Todas las demás organizaciones (la Ctd prefirió irse para «evitar enfrentamientos» con los Mtd) realizamos un gran acto al terminar el juicio. Por aquello de la brevedad, después de cinco horas de piquete, no pudieron expresarse las asambleas populares y los obreros de Brukman, que igualmente estuvieron en el palco. Pero desde allí el Polo Obrero trazó un balance del triunfo político del Puente Puyerredón, de la continuidad de la lucha por otro Argentinazo, y armó a los compañeros con una caracterización del gobierno y la etapa que se abre para los trabajadores, donde pusimos en primer plano la Asamblea Nacional de Trabajadores, marcando la cancha con la única oposición de masas al gobierno de Kirchner.


La convocatoria de la ANT del 2 y 3 agosto, levantada sistemáticamente por todos los convocantes, como nunca, constituye otra victoria política innegable a un año de la jornada del Puente, resuelta precisamente en la segunda ANT. Hoy vamos por la quinta, llamada a ser un gran evento por las asambleas provinciales previas y por el gran papel que están llamados a jugar los delegados del movimiento fabril y sindical, nuevos protagonistas del movimiento piquetero por el que derramaron su sangre Kosteki y Santillán.

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