27/05/2021

Uno de cada cuatro trabajadores es pobre

Un informe de la UCA revela el hundimiento del poder adquisitivo y de los empleos en la Argentina.

Un reciente informe de la UCA revela que el 27,4% de los trabajadores en actividad se encuentra en la pobreza. El origen de este fenómeno es la destrucción del poder adquisitivo de los salarios y las condiciones de empleo, lo cual se ha agravado durante los últimos cuatro años.

El trabajo en cuestión (Efectos de la pandemia COVID-19 sobre la dinámica del trabajo en la Argentina urbana, UCA 27/5) pone de manifiesto una realidad que ya se vivencia en todo el país: el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores.

Según lo informado, la evolución de la pobreza se agravó pasando de un 15,5% en 2017 a un 27,4% en 2020, saltando del 1,9 al 4,4% en la pobreza extrema, para el mismo periodo. Entre 2019 y 2020 el poder adquisitivo del conjunto de los salarios cayó un 7,4%.

Las cifras son contundentes por sí solas, marcando un deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores durante el macrismo, acentuándose en el periodo de gobierno del Frente de Todos, lo que da cuenta de una continuidad ajustadora entre ambas variantes patronales.

Un régimen precarizado

Un componente significativo de la actual radiografía social y económica de la población asalariada es la predominancia del trabajo informal y precarizado.

Del total de ocupados, un 51,1% se encuentra en el sector micro-informal (precarización, trabajo no registrado, autónomos no profesionales, baja productividad, etc.), 33,7% en el sector privado formal y un 15,2% en el sector público.

Si se indaga más en la composición del sector pobre de los trabajadores este se concentra entre “los más jóvenes, con menor educación, extranjeros y en empleos precarios o en el sector micro-informal”.

Que más de la mitad de los ocupados se encuentre bajo formas precarias de contratación y explotación es el resultado de una orientación social que ha impulsado este fenómeno para destruir los convenios colectivos de trabajo y abaratar mano de obra. Lo que durante más de una década de kirchnerismo significó uno de los pilares de su política económica,como evidenció el asesinato de Mariano Ferreyra, que desnudó el rol del Estado en la precarización y tercerización laboral.

Para graficar aún más este deterioro cabe mencionar que el 46,4% del total de los ocupados no tiene aportes al Sistema de Seguridad Social, mientras que el 32,4% de los ocupados no cuenta con cobertura de salud de obra social, mutual o prepaga.

Más desocupación

Otro dato importante es que el informe de la UCA mide la desocupación del 2020 en un 28,5%, contra el 13,9% que reconoce el Estado como “abiertamente desempleados”. El cálculo de la UCA parte de evadirse de la artimaña contable del gobierno, que no contabiliza el subempleo inestable, ni a quienes no buscan “activamente” empleo.

El estudio concluye que la mayor pérdida de empleo entre el 2019 y el 2020 se dio en aquellos sectores ocupados más precarizados. Precarización e inestabilidad son sinónimos de pobreza y futura desocupación. Esa es la receta de todos y cada uno de los intentos de reforma laboral planteados y de las medidas ajustadoras implementadas por los sucesivos gobiernos.

Las modalidades de precarización laboral son un recurso de las patronales para abaratar los despidos y disminuir el “costo laboral”, ya que les permite desentenderse del personal a su cargo, optando por distintas formas de tercerización y subcontratación.

Según los datos aportados solo el 43,7% de la población económicamente activa logró acceder a un empleo pleno de derechos.

Estas estadísticas reflejan la pauperización económica de la clase trabajador en nuestro país, de la mano de los ataques de los gobiernos macristas y kirchneristas y la complicidad criminal de la burocracia sindical, desde donde han asistido a todo este proceso como aliados de las patronales y los gobiernos entreguistas.

La idea de que una reforma laboral podría atraer inversiones y generar una recuperación económica es rebatida por la realidad, donde las políticas de ajuste contra los trabajadores redundan en un mayor empobrecimiento de la clase obrera y una mayor centralización y concentración de las ganancias y el capital en menos manos.

Existe una salida a esta situación que padece el movimiento obrero, ocupado y desocupado, que está estrictamente vinculada a la pelea por paritarias libres, salarios igual a la canasta familiar, seguro al desocupado por arriba de la canasta básica, ruptura con el FMI y no pago de la deuda externa, intervención de la cadena de precios de los principales productos de consumo masivo y nacionalización del comercio exterior, y la lucha por nuevas direcciones sindicales en el movimiento obrero.

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