22/08/2002 | 768

Una nueva alianza

El miércoles pasado, el titular de Página/12 no ahorraba euforia: «Que se vote para que todo cambie», anunciaba. Un poco más arriba aseguraba que «Carrió, De Gennaro y Zamora piden una Constituyente». Los tres acababan de protagonizar una reunión en la que denunciaron que la convocatoria electoral era «un fraude» y donde informaron que «suspenderían» sus campañas electorales para impulsar el reclamo de la caducidad de todos los mandatos.


¿Es exactamente así? ¿Hay que des-corchar champagne?


En plena campaña electoral


Apenas 24 horas antes, el Ari se empeñaba en difundir por los principales medios de comunicación la realización de una campaña para conseguir fiscales para las elecciones truchas de Duhalde, y planteaba para ello la colaboración con los demás partidos, sin omitir a la derecha. Luis Zamora no tuvo más remedio que sorprenderse: «El Ari tiene que ser coherente», comentó Zamora. «Plantea que se vayan todos y, a la vez, comienza a organizar a sus fiscales. ¿Cómo se entiende eso? Nosotros estamos luchando contra este calendario electoral». Para La Nación (20/8), que transcribe la declaración, el «tono (de Zamora) era altamente cuestionador». El cuestionamiento sería, sin embargo, de poco alcance, porque al día siguiente Zamora le daría su propia caución a la campaña electoral de Carrió.


Lo de los fiscales es, sin embargo, un poroto. El domingo, Página/12 ventilaba para sorpresa de más de uno que «para Carrió, la ley de lemas puede servir para que se vayan todos». El argumento de la chaqueña era que la aplicación de esa ley le permitiría derrotar a «todos» los justicialistas de una sola vez. De modo que 72 horas antes de denunciar la convocatoria «fraudulenta» de Duhalde, Carrió apoyaba la variante más fraudulenta de la votación fraudulenta. Si se tiene en cuenta que Carrió había andado antes por Mendoza para conseguir un acercamiento con el Partido Demócrata, el cariño de Carrió por el lema obedece al interés de enganchar a su carro incluso a los partidos conservadores.


En la misma página en que Clarín informaba, el viernes pasado, que «Zamora, Carrió y De Gennaro… se asociaron para crear un ‘espacio ciudadano abierto’, un recuadro daba a conocer que Carrió tenía previstas reuniones con empresarios, ONG y estudiantes «con la intención de mostrarse como candidata a presidenta».


Es claro entonces que el cónclave que anunció la campaña contra la convocatoria fraudulenta es un recurso, más rimbombante que otros quizás, de la misma campaña electoral para participar de esa elección fraudulenta. Los tres dicen que sólo «suspenden la campaña electoral»; en este caso, el intervalo que se toman no será más que la continuación de la campaña electoral por otros medios o con otras características. El trío en cuestión ataca de palabra la convocatoria electoral de Duhalde para disimular su complicidad con ella.


 


Que no venga nadie


El fraude no se limita a disfrazar la participación en la convocatoria de Duhalde. También lo es el intent o de poner un signo igual entre la consigna «que se vayan todos» y la caducidad de todos los mandatos. La rebelión popular en curso, sin embargo, tiene otro alcance histórico: plantea acabar con un régimen político, con el aparato de Estado que lo sustenta y, en definitiva, con el régimen social que ha colapsado. No se limita a una renovación del personal político, algo que tiene que producirse de paso con el cambio de conjunto. El «espacio ciudadano», con su caducidad de mandatos, encuadra a la rebelión popular dentro de su propio horizonte político limitado, o sea, un gobierno centroizquierdista. Fronteras afuera, el mayor exponente de esta alternativa, el PT de Lula, acaba de dar su aprobación al plan del FMI. Sin la quiebra del régimen y de los aparatos políticos existentes, una caducidad de mandatos no serviría para «que se vayan todos» ni mucho menos. Detrás de su apariencia extremista, es una consigna perfectamente conservadora.


Lo mismo vale para la Constituyente, que la convocatoria del «espacio» reduce a la finalidad de introducir la caducidad de los mandatos. Aborta con ello la perspectiva de una Constituyente soberana, no ya para que gobierne sino incluso para que reforme el conjunto de la Constitución. Esa Constituyente por la caducidad sería convocada por el propio Duhalde y se haría con los medios de que dispone el régimen actual; es decir que también sería trucha por su composición y por sus alcances.


 


De la democracia directa a la rosca


Hace sólo un mes, en sus ejercicios de democracia directa en la facultad de Sociales, Zamora había anunciado sin admitir reparos que «no hay frente ni con Carrió ni con la izquierda» (Página/12, 14/7). Ahora, sin consultar a nadie, «Luis Zamora no descartó la posibilidad de que este nuevo espacio derive en un acuerdo electoral. Carrió y De Gennaro coincidieron en que todas las puertas están abiertas» (Clarín, 21/8). Un par de semanas le han alcanzado a Zamora para hacer un largo camino. ¡Qué prueba esto? Que la proclama de «escuchar a la gente» no puede sustituir al programa y que una buena colocación en las encuestas no puede reemplazar a la organización, ni mucho menos al partido, el cual no es otra cosa que un programa que ha encontrado el camino de la acción. El programa no es, tampoco, un recetario de propuestas del momento o sacadas de la galera, sino la manifestación de una experiencia histórica. Zamora habría debido sospechar que el francotirador es incapaz de una política revolucionaria, incluso cuando disimula esta condición con apelaciones a la democracia directa.


Hace unos dos meses, la candidata Carrió había probado suerte con otra variante de «espacio ciudadano», en esa oportunidad con Kirchner y con Ibarra. El fracaso de este «espacio» ha sido de terror. El «nuevo» es un remedo de aquél, siempre alrededor de la misma zanahoria, y no solamente porque en aquella ocasión también pidieron la caducidad de los mandatos. Ambos «espacios» tienen un vaso comunicante, que es el protagonismo del centroizquierdismo, hasta hace poco aliancista. Carrió, de todos modos, pretende que los Kirchner e Ibarra se vengan también al nuevo «espacio».


Es claro que esta «suspensión» ficticia de la campa–a electoral, así como los eslóganes de la caducidad y de la Constituyente, están reflejando la crisis del proceso electoral, lo que equivale a decir de todo el proceso político. De un lado, la crisis de la interna peronista con su ramificación en la ola de secuestros, crímenes y complots que se imputa cada fracción. Del otro lado, un sostenido crecimiento de la rebelión popular desde los asesinatos de la estación Avellaneda. La relación con el FMI ha vuelto a entrar en crisis, esto en el marco de un colapso económico regional. El centroizquierdismo, que ya fracasó con el viejo «espacio», y la izquierda democratizante de IU o Zamora, que hasta hace una semana remaban por candidatos, sienten que su electoralismo opera en el vacío y que su política es abiertamente cuestionada en las Asambleas Populares y organizaciones piqueteras, y que esto se extenderá en los próximos días como consecuencia de las protestas que generará el tarifazo. De ahí que tome formalmente las consignas más avanzadas, en especial la Constituyente. Al mismo tiempo, le dan espacio a dos direcciones como D’Elía y la de la CCC, que tuvieron la «habilidad» de no estar el 20 de diciembre ni tampoco en la movilización que repudió la masacre de Puente Pueyrredón, y que se han destacado por su colaboracionismo, primero con el gobierno de Rodríguez Saá, luego con Duhalde. La CCC no tiene empacho en adoptar la consigna electoral de la caducidad de los mandatos, cuando esto conviene a sus frentes centroizquierdistas, luego de haber hecho del antielectoralismo una estrategia inam ovible.


 


La crisis de las elecciones truchas


Si la aparición del «espacio ciudadano» está reflejando el colapso de la convocatoria trucha de Duhalde, hay que reconocer que su planteo de caducidad es una vía de salida para el régimen; ante la caída del gobierno se recurre a una elección general. Si, en cambio, el colapso no es inminente, estamos ante una maniobra que pretende proseguir la campaña electoral con consignas más avanzadas pero puramente demagógicas, y además preparar el ambiente para un frente Carrió-Zamora. Es llamativo que el «espacio» no plantee adelantar las elecciones, porque sin adelanto electoral la posición del «espacio» empalma en gran medida con el reclamo de la Iglesia y de la Mesa del Diálogo, de renovar todos los mandatos pero en septiembre del 2003, una fecha que el clero también podría estar pensando en cambiar.


El «espacio ciudadano» hace suya la consigna de Constituyente, claro que con limitaciones brutales, que desde mucho antes enarbolan las Asambleas Populares y las Organizaciones Piqueteras; sin embargo, en lugar de ponerse a disposición de éstas, pretende que las Asambleas y los piqueteros se sometan a su liderazgo. El «espacio» podrá haber quedado abierto de aquí en más, pero su marco político ya ha sido condicionado por el trío «ciudadano». Al extremo de que pretende regimentar una movilización para el 30 de agosto con banderas argentinas exclusivamente. Desde estás páginas hemos advertido muy tempranamente que el centroizquierdismo acabaría esgrimiendo el eslogan de la Constituyente para apartar a los trabajadores de la lucha por una Constituyente soberana, con poder, fruto de una nueva rebelión popular.


 


Gobierno capitalista o gobierno de trabajadores


Carrió es una representante de la clase capitalista dominante y del «establishment» en su conjunto. En una definición imperdible, el programa económico del Ari dice que «por las características de la economía nacional, basada fuertemente en la producción de commodities, es imprescindible un tipo de cambio flotante, con intervenciones del Banco Central que adapten los tipos de cambio a los movimientos de precios internacionales» (Página/12, 21/7). ¡Hay mejor expresión de los intereses de la agroindustria exportadora? Cuando se rasca un poco la máscara del progresismo, se descubre el viejo rostro de los intereses capitalistas establecidos.


El nuevo «espacio» debe ser visto como una expresión de la crisis de conjunto y de las propias tentativas previas del centroizquierdismo. En menos de lo que canta un gallo, Zamora abandonó su preferencia por la gente para «bajar línea» desde un frente con los «viejos aparatos». Se–ala una nueva etapa, no ya de la crisis, sino de las experiencias populares. Denunciamos el intento de desviar al movimiento popular hacia el orden establecido en el marco de una crisis de poder. En oposición a las Constituyentes inocuas, planteamos una Constituyente con poder convocada por los representantes del pueblo movilizado. Denunciamos a la renovación de mandatos como una variante que bloquea el esfuerzo por quebrar a los aparatos de Estado existentes y el surgimiento de una nueva representación popular.