29/03/2001 | 700

«Volvé, Moneta, que te perdonamos»

Sería una inexcusable ingenuidad suponer que las denuncias por lavado de dinero, que involucraron a bancos tan importantes como el Citi o el Galicia, han sido ajenas a la crisis política que primero catapultó a López Murphy y luego a Cavallo. Cuando aún era ministro de Defensa, el primero advirtió que renunciaría de inmediato si se procedía a destituir a Pedro Pou, uno de los principales responsables de los ilícitos, presidente (todavía) del Banco Central. Cavallo también se ha opuesto hasta ahora al desplazamiento de Pou, a pesar de que están enfrentados, entre otras cosas, por la posición de Cavallo de reducir las reservas o encajes que deben mantener los bancos. El retiro ilegal de dinero del país por evasión de impuestos, vaciamiento de empresas o incluso narcotráfico, ha insumido decenas de miles de millones de dólares, y es por ello una de las causas principales del déficit fiscal e incluso de la concentración de capitales en menos manos. La investigación a fondo de este asunto habría significado descubrir las operaciones delictivas de la banca acreedora y la complicidad de las instituciones del Estado. Hasta el amigo íntimo de De la Rúa, Fernando de Santibañes, que también se encuentra acusado por el soborno del Senado y por conspirar para imponer a su camarilla en el gobierno, está igualmente involucrado en denuncias de lavado, que tuvieron lugar cuando estuvo al frente de uno de los principales bancos nacionales.


Todo esto viene a cuento porque Cavallo acaba de proponer el blanqueo del dinero retirado ilegalmente del país, autorizándolo a adquirir bonos del Estado nacional. Aunque el anuncio está rodeado de vaguedades y condicionado a una tasa de interés cercana a cero, no deja de ser un globo de ensayo que, de un golpe, convertiría en abstractas a una buena parte, al menos, de esas denuncias. Es claro que Cavallo no tenía ninguna urgencia para lo que no pasa todavía de una divagación, si no fuera porque le sirve como señal para serenar a los bancos denunciados. Al mismo tiempo puede servirle como una coartada para echarlo a Pou y poner a un hombre propio en el Banco Central, con la seguridad de que el recambio no tendría que ver con el lavado sino con otro manejo de la política económica. Dicho todo esto, sin embargo, la disputa por la conducción del Banco Central será en poco tiempo más uno de los ejes de la crisis política y de los factores que precipitarán el derrumbe de la convertibilidad.

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