27/07/1994 | 424

¿Y los colonos sionistas?

Muy pocos medios de prensa atendieron a la posibilidad de que el atentado a la Amia hubiese sido la responsabilidad de la llamada derecha sionista, que se opone violentamente a los acuerdos palestino-israelíes y que recientemente celebrara con manifestaciones ruidosas la masacre de 60 palestinos en la mezquita de Hebrón. Es un hecho fuera de cualquier duda, que de todos los protagonistas políticos del Medio Oriente, el más sacudido —incluso sicológicamente— es el de los colonos sionistas que se encuentran usurpando las tierras ocupadas por Israel en las dos últimas guerras y de las cuales podrían ser parcialmente desalojados como consecuencia de las negociaciones en curso. En todo caso, estas negociaciones clausuran la perspectiva derechista de extender el Estado sionista a Judea y Samaria o incluso más allá, al territorio de la época de los reyes David y Salomón.


Sin embargo, durante el reciente regreso de Arafat a la región de Gaza, tuvieron lugar en Jerusalem manifestaciones derechistas que esgrimían consignas de inconfundible carácter criminal contra los propios miembros del gabinete israelí. “Las pancartas (de los manifestantes), cuenta Le Monde (2/7/84), eran particularmente reveladoras del clima que reina en la derecha: ‘Arafat es Hitler’, ‘Muerte a Rabin’”. El cable que publica el diario francés describe un sentimiento de guerra civil dentro de los colonos de derecha, lo cual supone también dentro de un sector de las fuerzas armadas. “‘Israel está en llamas’ vociferó desde un altoparlante Pinhas Wallerstein, una de las principales figuras del Consejo de implantaciones judías”. Schmouel Meir, encargado por la municipalidad de Jerusalem de coordinar la manifestación, “amenazó que si Arafat penetra en nuestra ciudad, saldrá con los pies para adelante”. Le Monde añade que Isaac Rabin tomó con “mucha seriedad estas amenazas: ‘La derecha, dijo el primer ministro, ha decidido inflamar los espíritus y atizar el odio entre judíos y árabes. No solamente llama a manifestaciones sino a acciones violentas contra las autoridades. Sabemos incluso que ciertos extremistas intentarán tomar por asalto, el domingo, la presidencia del Consejo y otros ministerios en Jerusalem’”.


El “shock” político y sicológico de los colonos sionistas es algo muy lejos de ser incomprensible, cuando se sabe que se han visto privados del apoyo del conjunto de la burguesía mundial y de las comunidades judías del exterior, las cuales sostienen contra viento y marea y por todos los medios los acuerdos de “paz”, que convierten a la OLP en policía de su ghetto y ofrece una salida económica y política a los capitalistas de Jordania, Israel, Egipto y Siria —acorralados por una perspectiva de crisis general de largo alcance.


En otra edición, el corresponsal de Le Monde (5/7) informa que “Rabin ha denunciado ‘el interés común’ que (la derecha) comparte con el movimiento Hamas”, lo que indudablemente son palabras muy fuertes en boca del jefe del Estado sionista, pues involucra a un sector de su propia sociedad en el “terrorismo” y en la “teoría de los dos demonios”.  En la manifestación derechista de la que informa el corresponsal, del sábado 4 de julio por la noche, hicieron uso de la palabra el jefe de la principal oposición, el Likud, el ex primer ministro Shamir, y dos ex generales —Ariel Sharon y Rehavam Zeevi—, quienes “reclamaron la renuncia de ‘este gobierno de locos peligrosos’, mientras los manifestantes gritaban que ‘muera Arafat’ y ‘fuera el traidor Rabin’”.


Este es el clima en la derecha sionista, difícilmente comparable con el que existe entre los opositores palestinos a Arafat. Pero el problema mayor que empuja a esta derecha a la desesperación es lo que planteó su propio vocero, el diario Maariv (3/7): “los líderes de la oposición son incapaces de ofrecer otra opción. ¿Qué se debería hacer?¿Anular los acuerdos? ¿Anexar los territorios? ¿Volver a Gaza? Una manifestación, por más grande que sea, no compensa una ausencia de programa”.


Como lo “denunció” el propio Rabin, sin embargo, la derecha agita la “reivindicación de las víctimas judías del terrorismo” para apuntalar su acción. Llegado el caso: ¿no estaría interesada en acrecentar el número de ellas?

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