31/10/2002 | 778

Zamora, Kirchner, Rodríguez Saá: El cambalache

Cualquiera sabe ya que las promesas electorales son puros camelos. Al candidato, esas promesas se las sopla el marketinero de campaña con la exclusiva finalidad de armar una imagen.


La bancarrota capitalista argentina, sin embargo, le va a hacer pesado el trabajo incluso a los marketineros. La prueba de esto la brinda la coincidencia de tres de ellos en el mismo planteo: reactivar la economía con un plan de viviendas. Rodríguez Saá y Kirchner ya se anotaron con tres millones, Zamora le acaba de prometer a La Nación sólo un millón (27/10). Pero una crisis que se puede revertir, si no superar, con un plan de viviendas, ¿qué clase de crisis es? Cualquier «plan», sea de viviendas, de obras públicas, de re-industrialización, etc., requiere primero la reorganización social del país sobre nuevas bases. «¿Que se vayan todos» para hacer un plan de viviendas? La decrepitud ideológica que se encuentra aquí encerrada es de antología. Sin embargo, sin una banca nacionalizada única, sin un sistema de control y de gestión obrera, cualquier «plan» está condenado al fracaso y a disimular un proceso de reorganización regresivo, o sea sobre las viejas bases. Al pueblo hay que destacarle el contenido social del programa, porque este es la premisa de cualquier progreso material, y no ofrecerle el espejo falso de un progreso material cuyas bases sociales se ocultan.


Los «planes de vivienda» de Rodríguez Saá y Kirchner, y lo mismo ocurre con Ibarra y con Carrió, tienen como punto de partida asalariados de 150 pesos de los planes trabajar. Detrás del «plan» se oculta el propósito de reforzar las características más explotadoras y regresivas del sistema que ha entrado en bancarrota. Se basan, además, en créditos del Banco Mundial, lo cual supone un arreglo previo de la deuda externa. Zamora, obviamente, no dice nada de esto, pero su planteo es igualmente escamoteador. Esto demuestra que carece por entero de un mínimo planteo de revolución social. En esa medida, actúa como un representante pequeño burgués del capital.


La misma onda reactivante o desarrollista se puede ver en su planteo de que «Hay que llenar la Argentina de pequeños productores» (La Nación, 27/10). Esta es la perspectiva de una Argentina capitalista, no el planteo de una perspectiva socialista. Argentina tiene una tasa muy alta de trabajadores asalariados; plantear en estas condiciones la pequeña producción y no la gestión obrera colectiva, es una regresión histórica. El desarrollo de las fuerzas productivas modernas son contradictorias con esa pequeña producción. La demagogia habitual sobre la importancia de las pymes esconde la tercerización de la producción capitalista, o sea la explotación de las pequeñas empresas y fundamentalmente de sus obreros por los grandes monopolios. Pero, curiosamente, para poblar la Argentina de «pequeños productores», Zamora propone «expropiar toda tierra improductiva», o sea la que no está sometida a la explotación del capital. De este modo, el mundo de los pequeños productores de Zamora resulta ser el mismo que el de los grandes capitales.


Se nota en todo esto que Zamora no es hombre de partido y menos de un partido revolucionario. No tiene la tradición ni el método teóricos de un revolucionario de partido.

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