11/03/2004 | 841

El Congreso de Vivienda del Polo Obrero de la Ciudad

La concurrencia al Congreso de Vivienda del Polo Obrero superó nuestras expectativas. Se acreditaron doscientos treinta delegados de hoteles y casas tomadas, villas, asentamientos, cooperativas de vivienda y deudores hipotecarios. Otro centenar de compañeros de esos sectores siguieron las deliberaciones, colmando las instalaciones de la Facultad de Ciencias Sociales.


El Congreso integró a las expresiones más importantes de la lucha por la vivienda en la ciudad: a los compañeros del ex Padelai y de La Lechería; delegados y activistas de las villas 1-11-14, 21-24 y 31 que combaten a los burócratas villeros agentes del Estado; a representantes de las familias que habitan en los hoteles rentados por el gobierno. También estuvieron asambleas barriales que trabajan activamente en la defensa de los desalojados, como Plaza Congreso y Lezama. Concurrieron, asimismo, como observadoras, delegaciones del Polo Obrero de San Fernando y Vicente López, que están librando luchas contra la expulsión de barrios y asentamientos.


Una participación destacada le correspondió a Argentinos en Defensa del Hogar, asociación de deudores hipotecarios que participó de las deliberaciones con más de treinta representantes. En un momento en que arrecian las especulaciones sobre el “aislamiento social de los piqueteros”, la clase media que soporta el flagelo de la desocupación, la expoliación de los bancos y hasta el remate de sus casas, confluyó con los más explotados de la ciudad en un planteamiento y un plan de lucha común por el techo.


 


En medio de una conmoción social


Los propagandistas de la “recuperación nacional” no saben –o no quieren saber– del colapso habitacional que se vive en la Ciudad de Buenos Aires. Diariamente, decenas de familias son desalojadas de las viviendas cuyos alquileres o cuotas ya no pueden pagar. Ochocientos remates esperan turno en la Corporación de Martilleros. Las villas y asentamientos reciben, a diario, nuevos habitantes expulsados de las casas que habitaban. En la crisis de vivienda se concentran todos las consecuencias de la caída del salario, de la desocupación en masa, del trabajo en negro que impide alquilar. La impotencia de los gobiernos capitalistas frente a este colapso no puede ser mayor: mientras centenares de vecinos son expulsados de la ciudad, el flamante Instituto de Vivienda es incapaz de disponer un solo lote para los vecinos sin techo. Pero todos los días se anuncian “emprendimientos” inmobiliarios o comerciales con los terrenos del Estado. Para el desalojado, Ibarra no tiene otra salida que la calle, o un flete que lo deposite a cincuenta kilómetros de la Capital. Ocho mil compañeros están hacinados en hoteles que son verdaderos depósitos humanos. La única “propuesta” del gobierno para los “hotelados” es el desgaste y el cansancio, que los fuerce a abandonar la pieza rentada y dejar la ciudad. Otros no tienen siquiera la “suerte” de ir a parar al hotel: reciben un subsidio habitacional que se paga tarde, de a puchos y por “una única vez”. Cuando se termina el subsidio, al compañero no le queda otra salida que la calle.


Con el presupuesto de vivienda actual (1,5% del total), harían falta cien años para resolver el déficit de techo en la ciudad. Pero en 2003, Ibarra apenas gastó la mitad de esas míseras partidas. La llamada “urbanización de las villas” se reduce a la construcción de viviendas en cuentagotas, cuya asignación está bajo el control de los punteros y de una “burocracia villera” ampliamente repudiada por los vecinos. La llamada “autogestión” está siendo boicoteada… por los mismos que la crearon. Las cooperativas de vivienda deben peregrinar en busca de un terreno, e incluso proyectarlo y construirlo, sin que el Estado provea tierras ni asistencia técnica y con recursos absolutamente insuficientes (las cooperativas encuentran un infierno de tramitaciones y bloqueos burocráticos).


Este panorama de conmoción social se completa con la situación de los deudores hipotecarios, para quienes el gobierno Kirchner acaba de dictar una ley de “salvataje” que sólo contempla a quienes entraron en mora después del 2001. Y que deja librada la decisión de la “refinanciación” a los usureros, es decir a los bancos y acreedores privados.


 


Horizonte de lucha y organización


No puede sorprender, entonces, que sólo en la semana previa al propio Congreso el Polo Obrero interviniera en cuatro remates hipotecarios y desalojos de casas, y que el panorama sea el mismo para la semana que comienza. El Congreso se desarrolló en medio de ese escenario convulsivo. Luego de la apertura, el plenario sesionó en cuatro comisiones –villas y asentamientos; cooperativas; deudores hipotecarios; hoteles y casas ocupadas- que tomaron resoluciones trascendentes para reforzar la capacidad de lucha de cada sector. Así, los deudores resolvieron convocar en quince días a un gran plenario, para darle un carácter masivo y extendido nacionalmente al movimiento de resistencia a los remates. También debe destacarse la decisión de conformar una “mesa villera”, que trabajará para desarrollar una oposición clasista a la Fedevi y los punteros. Cada sector que concurrió al Congreso se “llevó” de él un programa y un planteo de organización para ir más a fondo en el horizonte de lucha planteado.


 


Una gran marcha por el techo


Al retomar el plenario, el Congreso votó por aclamación la convocatoria a todas las organizaciones vecinales de lucha, piqueteras, de inquilinos y deudores, delegados de villas y asentamientos, a concretar a mediados de abril una gran marcha por el techo, levantando los principales planteos votados por el Congreso: suspensión inmediata de desalojos y remates de vivienda única; renovación automática de subsidios para los desalojados; tierra y recursos para las cooperativas de vivienda; ningún desalojo en la traza de la ex AU3; reconocimiento de los asentamientos, escrituración y titularización de la vivienda villera y urbanización bajo control de delegados electos democráticamente. El Congreso votó esta marcha como punto de partida de un plan de lucha por el techo, que será llevado también a la próxima Asamblea Nacional de Trabajadores.

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