Lecciones sanjuaninas

Apenas se conocieron los resultados de las elecciones del domingo pasado en San Juan, los políticos más dispares se apresuraron en coincidir con la tesis de que esos comicios nada anticipaban con relación a las elecciones del próximo 6 de septiembre. Semejante conclusión es por lo menos atrevida cuando se tiene en cuenta que las tendencias electorales sanjuaninas guardan una cierta similitud con lo ocurrido en las elecciones constituyentes de Córdoba hace siete meses atrás. En éstas también se había verificado un gran retroceso de la UCR en favor de otros partidos burgueses y la debacle de la izquierda (con exclusión del PO), cuyos votos habían ido a parar al peronismo renovador. Es que las características particulares que pueda tener una provincia (y aún los distritos dentro de ella) son muy importantes a la hora de considerar su estructura política y el peso relativo de los partidos, pero no en cuanto a las tendencias generales, ya que éstas nos marcan la evolución política, la cual es aproximadamente común en todo el país. Al fin y al cabo, Argentina es un Estado nacional, en cuyo marco se desenvuelve la acción y experiencia políticas de las diversas clases.

El rasgo principal de la elección sanjuanina es el hundimiento electoral de la UCR. Ya en 1983 los radicales, le habían sacado 30.000 votos al bloquismo y otros 10.000 al resto de la derecha en la elección para diputados comparada con la de gobernador. El ascenso radical se acentuó en 1985 al aumentar en otros 25.000 sufragios. Pues bien, el domingo pasado la UCR perdió 40.000 votos en relación a 1985 y 20.000 votos en relación a la elección de diputados de 1983. Los votos perdidos por la UCR fueron a parar en un 75% al bloquismo y en un 25% al MID y a la Ucede. Lo que en 1985 pareció la virtual sustitución del partido bloquista por la UCR, agravada por la emigración de cuadros de un partido al otro, ahora se transformó en una resurrección del partido provincial sanjuanino a expensas de los radicales, cuya curva ascendente se quebró completamente. Si se tiene en cuenta que, en 1985, el retroceso nacional de la UCR quedó atenuado por su victoria sobre los partidos locales en diversas provincias, queda claro que esta derrota priva a la UCR de urna de sus pocas cartas de triunfo en el orden nacional.

El partido bloquista es un partido histórico de San Juan, derivado de la UCR, el cual apoyó a Lanusse en 1973 y luego a la dictadura videlista. Es cierto que su éxito se debió a que explotó demagógicamente la defensa de los intereses provinciales contra la política fondomonetarista del gobierno que está hundiendo a las provincias, pero aún queda en pie el hecho de que se trata de una traslación de votos hacia la derecha del campo burgués. En 1983 y en 1985 el bloquismo fue repudiado por sus conexiones con la dictadura, ahora emerge triunfante —es cierto que por debajo de lo que sacó en 1983— luego de cuatro años de alfonsinismo. La experiencia popular con la UCR llevó al electorado a una suerte de involución política, esto con independencia de que se trate de un fenómeno transitorio que se agotará por la impotencia de los gobiernos provinciales en general y del bloquismo en particular. La lección que surge de aquí es que la UCR nó ha sido capaz de defender sus conquistas electorales en oposición a la derecha, y que bajo su tutela política los partidos de derecha en lugar de retroceder, avanzan. Basta con señalar esto para comprobar que el gobierno actual no es ningún bastión de la democracia, ni mucho menos del desarrollo nacional. En estos cuatro años el radicalismo ha tomado las banderas políticas de la derecha y del imperialismo, e incluso ha sido el gestor de una convergencia democrática con partidos del tipo del bloquismo. El gobierno alfonsinista se ha convertido en resurrector de la derecha, precisamente porque su política real es incluso más proimperialista que la del propio bloquismo. Ha naufragado en San Juan la pretensión de formar un “tercer movimiento histórico”, y esto ha ocurrido por una razón elemental —el radicalismo es incapaz de montar un movimiento nacional debido a su condición burguesa y a la dependencia de ésta del FMI y del capital mundial. Los partidos políticos no son meros reflejos de las tendencias populares y electorales espontáneas; por el contrario, contribuyen activamente a formar estas tendencias. Las elecciones de San Juan ponen de relieve que la cría que deja el radicalismo no es una acentuación de las tendencias democráticas y de repudio a la derecha patronal, sino de su debilitamiento.

El otro aspecto relevante de la elección sanjuanina fue el hundimiento de la izquierda. Como ya ocurriera en Córdoba el electorado de izquierda se fue al PJ renovador. El PI se ahorró la verificación de su política y se integró directamente al PJ junto con la democracia cristiana. El Fral y el Mas que en 1985 como Frepu habían sacado (más el PH), 2700 votos, casi el 1% del electorado, el domingo pasado recularon a 1.700 votos (unos mil el Fral y unos 700 el Mas, es decir que bajaron al; 0,5% —lo que equivale a una pérdida de la mitad de los electores, esto sin tener en cuenta la no presentación del PI en lista propia). Hasta el PTP cayó espectacularmente de 887 a 358 votos. Los votos de la izquierda fueron a parar en su totalidad al PJ, sin descartar algún voto en blanco, el cual se duplicó.

Es evidente que la mentada “atipicidad” de San Juan no puede ser la causa de esta e-vo-lu-ción del voto de la izquierda. Ha influido catastróficamente en el retroceso el bochornoso hundimiento del Frepu, el cual se desintegró sin dar explicaciones a nadie, en una palabra, el aventurerismo de la izquierda democratizante. Pero aquí también se aplica el concepto de que los partidos intervienen activamente en la evolución de su propio electorado. No puede extrañar que un electorado izquierdista bombardeado con consignas democratizantes, con la moratoria, con el apoyo a Ubaldini, en síntesis, bombardeado con la política de lo posible, del mal menor, de evitar que la derecha avance más, termina votando a los renovadores, que se presentan como ese único paso posible por el momento. La izquierda cosecha los frutos de su política. En tanto esa izquierda no lucha por la independencia de la clase obrera y por destacar la oposición de principios irreconciliable entre la burguesía y la clase obrera en todos los terrenos, incluido el terreno de la democracia y de la independencia nacional; en tanto no combate ideológicamente a la burguesía democratizante, está condenada a no saber ni poder defender sus propios avances, por pequeños que estos puedan ser, pero que son la plataforma de su futuro.