06/05/2020

“A veces teníamos que hacernos cargo de dos pisos con 40 pacientes”

En primera persona, los atropellos contra los trabajadores del clausurado instituto SOMA.

El 30 de abril fue allanado y clausurado instituto de salud mental SOMA, ubicado en el barrio porteño de Caballito, a raíz de una denuncia por abandono de persona tras el fallecimiento de una mujer de 90 años. El instituto ya había sido clausurado en octubre pasado, y los trabajadores ven peligrar su fuente de trabajo. Las condiciones laborales en SOMA son ilustrativas de hasta dónde llegan los atropellos a los trabajadores de la salud privada, con la complicidad del sindicato de Sanidad (ATSA).

 

Prensa Obrera entrevistó a una de las trabajadoras del instituto.

 

Contamos cuál es la situación de los trabajadores de SOMA

 

La situación venia ya complicada. Estuvimos remándola con la esperanza que haya un cambio, alguna mejora para todos los trabajadores. Venimos con atrasos salariales y despidos de compañeros desde el año 2016. En febrero de 2017 firman un acuerdo el sindicato y la patronal para congelar los sueldos, con el pretexto de que iban a empezar a pagar en tiempo y forma, cosa que nunca sucedió. La situación se volvió caótica hasta el 2019, cuando fuimos cobrando los sueldos atrasados, pero hasta en cuatro  partes.

 

Actualmente llevamos meses sin cobrar. Nos deben enero, febrero, marzo y abril. Ni hablar de los aguinaldos, que nunca hemos cobrado.

 

Además de la cuestión salarial, ¿cuáles eran las condiciones en que tenían que desarrollar su trabajo?

 

Nunca tuvimos ART. Ni siquiera tuvieron un poco de respeto cuando un compañero se accidentó durante la jornada laboral; hicieron salir a una compañera a la vía pública para llamar al SAME y simular que se había accidentado caminando. Se fueron sumando varios atropellos como este.

 

También fueron disminuyendo personal. Los pocos enfermeros que quedamos en muchas ocasiones teníamos que cubrir guardias consecutivas por falta de reemplazo, y a veces hasta teníamos que asumir la responsabilidad de hacernos cargo de dos pisos con 40 pacientes. Además faltaban mucamos, teníamos que ser enfermeros y servir los alimentos a los pacientes a la vez.

 

El dueño amenazaba con sanciones y apercibimientos si no lo hacíamos. Fuimos testigos de cómo se acusaba a compañeros mediante telegramas con historias falsas y maliciosas.

 

En el contexto de pandemia, ¿se respetaron protocolos y tomaron medidas de bioseguridad?

 

Dadas las resoluciones tomadas al declararse la pandemia, nos entregaron un barbijo de pintor, para lo cual nos obligaron a firmar un acta haciéndonos cargo de pagar $600 por el mismo en caso de que se dañara.

 

Fue la única medida que se tomó en relación al coronavirus. Ni siquiera otorgaron las licencias obligatorias.

 

¿Cómo era la situación de los pacientes?

 

La clínica es privada y trabaja con obras sociales, recibiendo a pacientes que ingresan de manera voluntaria o involuntaria con orden judicial.

 

Hay un médico de guardia las 24 horas para recibir ingresos y atender cualquier eventualidad. Muchas veces quedaba sin médico de guardia. También estaban atrasados sus cobros.

 

Los enfermeros siempre se tratamos de prestar la mejor atención al paciente, a pesar de las falencias del lugar que son graves. Una falla en el funcionamiento de los baños, falta de almohadas para cada paciente y de sillas donde pudiesen sentarse para almorzar o desayunar. No había agua fría en verano. Siempre dimos aviso de todas las falencias y de las reiteradas quejas de pacientes, mediante cartas firmadas por todos. Lamentablemente nunca obtuvimos respuesta.

 

En muchas ocasiones había escasez y faltante de medicamentos indispensables para el tratamiento de los pacientes. La respuesta siempre fue que nos arregláramos con lo que había, hasta que llegara el pedido.

 

¿Cuál fue el rol del sindicato durante este tiempo?

 

La delegada en un principio escucho nuestros reclamos, pero fue perdiendo credibilidad porque cada vez convocaba a menos reuniones, y si no se le preguntaba sobre el tema pago no hacía ni decía nada. Vimos cómo se la llamaba por parlante a charlar con los dueños o los encargados de la empresa, y después de esas reuniones venían sanciones o despidos. Sin darse cuenta, envió una vez una captura de pantalla con las conversaciones de nuestro grupo de WathsApp; lo habla con la patronal. Los compañeros intentamos que se haga a un lado, pero no lo logramos.

 

Tras la clausura, ¿qué pasa con sus puestos de trabajo?

 

Estamos abandonados y sin saber qué hacer. Ni siquiera la delegada da respuesta sobre nuestra situación laboral después de la clausura, según ella aun no recibe novedades de nada en el sindicato y menos en la clínica. Vivimos en incertidumbre, que nadie nos diga si estamos despedidos, si nos pagarán los sueldos adeudados. Para completar, nos quieren obligar a declarar a favor de la clínica, lo que supuestamente ayudaría a que abra de nuevo y pague los salarios que nos debe. Otro atropello.