24/05/2020

Alberto Fernández, “la angustia” de la pandemia y el derrumbe de la salud mental en Argentina

Por Hernán Scorofitz Psicoanalista. Profesional de la Salud Mental

La pregunta de la periodista de Infobae Silvia Mercado sobre las consecuencias en la vida emocional y “la angustia” provocadas por el aislamiento y encierro –sanitariamente inevitable y necesario- de la cuarentena en la población, durante la conferencia de prensa del sábado 23 de Mayo en Olivos, provocó una enojada respuesta por parte del presidente. De forma vehemente, Alberto Fernández respondió que “la cuarentena va a durar lo que tenga que durar para que los argentinos estén sanos y no se mueran” y que “angustiante es que el Estado no esté presente” –como si la creciente expansión del coronavirus no fuese una expresión clara de esa presencia del Estado, que ha vaciado sistemáticamente el sistema de salud, condenado a millones al hacinamiento y, sin ir más lejos, cedido sistemáticamente a las presiones patronales para flexibilizar la cuarentena. Finalmente, el mandatario señaló que “lo demás son debates estériles”.


De seguro la respuesta cargaba con toda la lucha interna política abierta dentro de la burguesía, ya que la periodista Mercado e Infobae responden al sector que desde las primeras semanas presiona al gobierno para “flexibilizar” más -y en el último mes, directamente levantar- la cuarentena en nombre de “reactivar la economía”.


Con todo, la interpelación oportunista llama la atención sobre una situación que, a más de dos meses de iniciada la cuarentena obligatoria, también conlleva ribetes epidemiológicos: la de la salud comunitaria en cuarentena, agravada por la falta de noticias fehacientes sobre vacunas o medicamentos retrovirales para un virus que ya se cobró la vida de casi 350 mil personas en todo el mundo.



Malestar psíquico en cuarentena: un síntoma social


A días de iniciada la cuarentena, advertimos en Prensa Obrera los efectos en la salud mental y comunitaria que podría acarrear el aislamiento obligatorio, especialmente de los sectores sociales más explotados y residentes en las zonas de mayor vulnerabilidad social, como los que hoy son el principal foco del Covid-19 en la Ciudad de Buenos Aires, desde donde comienza a expandirse más allá de la General Paz.


Pero también los embates del aislamiento sobre la salud mental y la vida emocional han traspasado los límites de los barrios más populosos y vulnerables de la Ciudad, extendiéndose a gran parte de la población. Un reciente estudio publicado por Clarín (19/5), del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA -una suerte de nueva consultora tercerizada de la histórica gestión privatista radical de esa academia-, revela datos epidemiológicamente preocupantes.


Tomando comparativamente como muestra 2.068 personas consultadas a 55 días de iniciada la cuarentena en relación a 2.631 casos relevados a solo 11 días de la cuarentena, da cuenta de que el uso de medicación sin prescripción médica (comúnmente llamado “automedicación”) se incrementó del 10.53% al 13.54%, señalando que las principales causas de esto se vinculan al agravamiento de diversos cuadros emocionales: ansiedad, nervios, dificultades en la relajación y trastornos del sueño. Asimismo, se registra que el consumo de alcohol pasó del 8,1% al 11,51% y la consulta psicológica del 4,79% al 7,83%. Además, los datos publicados destacan que el grupo que no experimenta malestar se redujo del 38.5% al 31.58%, o sea que “casi el 70% de los participantes experimentan malestar psicológico”.


Las políticas de Salud Mental


Este cuadro no puede desvincularse de la falta de medidas sistemáticas por parte de los organismos de Salud Mental dependientes del gobierno nacional y las distintas administraciones provinciales –especialmente, en las zonas más afectadas- para atenuar los efectos del encierro.


La pandemia aterriza en nuestro país a 10 años de sancionada la Ley Nacional de Salud Mental (Ley 26.657), de la cual hicieron y hacen bandera los sectores ligados al kirchnerismo del “campo psi”. En ocasión de esa sanción, resultante de una lucha de años de muchos sectores del campo de la salud mental, desde estas páginas planteamos nuestras reservas frente al optimismo despertado, marcando que si bien contemplaba en su espíritu la sistematización nacional y provincial de dispositivos y efectores comunitarios en detrimento de los modelos “hospitalocéntricos manicomiales”, el peso y la influencia en las políticas de Estado de las corporaciones capitalistas de la salud (pulpos farmacéuticos, laboratorios, prepagas, empresas médicas, burocracias sindicales hospitalarias) convertirían dicho modelo propuesto por la ley en “letra muerta”. No nos equivocamos: una década después, el lobby señalado y su ascendiente en los gobiernos kirchneristas y macrista ha transformado cualquier intento de reconversión del modelo de salud pública y mental comunitaria contenido en la ley en “papel mojado”.


Se llega así a la pandemia y la cuarentena en una situación de vaciamiento, donde la ausencia de equipos interdisciplinarios de profesionales para la intervención “en territorio” es notoria, y las únicas acciones “comunitarias” por parte del Estado son las que se llevan a cabo con la Iglesia y las fuerzas represivas.


En línea con este panorama, no se dispuso ningún aumento presupuestario para la salud mental, mientras que para la salud pública han ido migajas –en contraste con las fortunas ya expedidas a los acreedores de deuda externa, y como parte del ajuste reclamado en las negociaciones en curso con los bonistas y el FMI.


La supuesta prioridad dada por Fernández a la salud por sobre la economía, se revela falsa también en el terreno de la psiquis: primero los negocios de los capitalistas (desde los pagos de deuda a la facturación de los laboratorios por aumento de automedicación), luego la salud mental de la población. El Estado más presente que nunca. El presidente lo hizo claro en su respuesta a Mercado: “quédense en su casa y traten de llevarlo del mejor modo posible”.  La inexistencia de profesionales interdisciplinarios y del campo de la salud mental en su “equipo de asesores expertos” con el que monitorea periódicamente la pandemia y evalúa las medidas dispuestas desde el Estado también habla a las claras del lugar postergado que tiene la salud mental de la población a la hora de las decisiones adoptadas.


Qué salida planteamos para la salud mental en tiempos de pandemia


Frente a la pandemia en nuestro país, y ante la evidente e inmediata imposibilidad de realización de testeos masivos, el aislamiento preventivo y social es inevitable como medida sanitaria. Pero lo inevitable también son sus secuelas en la salud mental de la población.


Planteamos una urgente implementación de dispositivos comunitarios con la conformación de equipos interdisciplinarios en salud mental -psicólogos, psiquiatras, acompañantes terapéuticos y comunitarios, trabajadores sociales-, para intervenir en territorio en las zonas más afectadas por la cuarentena. Que no sean voluntarios, que cuenten con los derechos laborales de trabajadores de planta permanente y se les garantice todas las medidas preventivas sanitarias.


Colocamos este planteo como parte de un programa de nacionalización del sistema de salud, así como de los grandes laboratorios y pulpos farmacéuticos, bajo gestión pública y estatal y con participación de los usuarios y trabajadores. Disponibilidad prioritaria de los recursos humanos, científicos y materiales de las carreras del área de Salud Mental en las universidades. Aumento del presupuesto en Salud Mental. No al pago de la deuda externa fraudulenta y usuraria.



 

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