15/01/2021
PANDEMIA

CABA: números de casos diarios como en junio 2020 y testeos con una semana de demora

Sea rebrote, segunda ola o tercera, el recrudecimiento de la pandemia pone de relieve nuevamente indicadores que son alarmantes para el país. En el AMBA los números no dejan de crecer, llegando a ser similares a los del pico de mitad de 2020 al igual que el ritmo de contagio. Los testeos aumentaron, sí, pero en la Capital, donde el coronavirus gana terreno rápidamente, los turnos para aquellos que vuelven de sus vacaciones se dan con una semana de retraso. A su vez, la tasa de positividad de quienes vuelven es 25 cada mil, o sea el doble de la Ciudad. Solo hay 7 lugares posibles para testearse posvacaciones y están abarrotados: «trabajan al 100% de capacidad», lo que en otras palabras significa que los médicos, enfermeras, bioquímicos y administrativos no dan abasto a la demanda de testeos y el gobierno de CABA los superexplota, algo que vimos durante toda la pandemia en el ámbito de salud a lo largo y ancho del país.

También se conoció que Argentina ocupa el puesto número 21 en cantidad de muertos por millón de habitantes; al día de hoy, acumula más de 45 mil muertes. Lo preocupante es que el brusco aumento de casos de las últimas semanas (con un promedio de 13 mil casos diarios), fácilmente puede traducirse en un alza en la cantidad de muertos y agudizar este índice.

El gobierno de la Ciudad y el nacional justifican los números con el aumento de las reuniones sociales, las fiestas y el relajamiento de las medidas sanitarias individuales poniendo el eje en la juventud. Pero no hace un mea culpa ni habla de su propio «relajamiento», no ponen el eje en su propia responsabilidad. Desde el paso del ASPO al DISPO han actuado como si la pandemia hubiese terminado. Si bien es cierto que los casos disminuyeron, de ninguna manera estábamos cerca de dar por terminado este capítulo, sobre todo viendo lo que significó (y significa) para Europa el relajamiento de las medidas de prevención.

Hoy, la región atraviesa un recrudecimiento tal que Inglaterra registra una ola de contagios sin precedentes con 50 mil casos y más de 900 muertos diarios; hace dos días, España llegó a los casi 39 mil casos, el número más alto alguna vez alcanzado; Francia le sigue de cerca y marcó unos 23 mil. Los gobiernos no han sabido dar respuesta a tiempo y apuntan a un endurecimiento de las restricciones (toque de queda) sin apoyo de la sociedad, que ha visto cómo cada una de ellas ha fracasado sobre la base de su carácter capitalista. También a la vacunación masiva, pero esta presenta dos limitaciones: por un lado, su inicio es lento en la mayoría de los países, que tienen que poner en marcha una logística con la que no cuentan y destinar dinero de presupuestos en salud, por lo general, golpeados; por el otro, lo cierto es que la inmunidad de rebaño a la que se busca llegar lógicamente tarda en alcanzarse. Entonces lo apropiado sería que sea acompañada de medidas sanitarias y de prevención, pero estas o no se aplican o se intentan imponer muy tarde, cuando los sistemas sanitarios ya están colapsando.

En Argentina se repite una situación similar, pero a la improvisación se le suma la parálisis. Los manotazos de ahogado y los cambios de rumbo de un día para el otro proliferan. La vacuna parece ser la única esperanza del gobierno, pero ni en eso se destacó: por ahora, el país solo cuenta con 300.000 dosis. Incluso amenazaron con no dar la segunda para «vacunar a más gente». La promesa de 10 millones de vacunados para marzo está muy lejos de la realidad.

Finalmente, las consecuencias las sufren nada más ni nada menos que la clase trabajadora, azotada por la crisis económica, la sanitaria y la falta de respuestas del Estado. La falta de medidas y cierre de actividades no esenciales de la mano de protocolos sanitarios incumplidos cala a la perfección con la presión patronal de mantener todo abierto y sus cajas bien cuidadas. También, las paritarias congeladas de los profesionales de la salud durante prácticamente todo el 2020 dan cuenta de la (no)política sanitaria del gobierno, que pretende poder llevar adelante la pandemia con un personal agotado, sin condiciones laborales acordes y con salarios de miseria. La oferta nacional fue del 7% y hoy llega al 18% entre 2020 y 2021. Una tomada de pelo para quienes se han puesto al hombro la pandemia. Algo similar se repite en otros sectores también golpeados, como es el de docentes o estatales.

La situación requiere un giro que solo se puede desenvolver de la mano de la intervención independiente de los trabajadores. La centralización del sistema de salud debe ser un pilar fundamental junto con los reclamos de los profesionales y los protocolos de bioseguridad bajo control obrero para reducir el alza en los contagios. Paritarias libres y medidas de ayuda social que ayude a los trabajadores a paliar la crisis, seguro al parado por $30 mil y nuevas medidas de restricción. El control obrero de la pandemia frente al fracaso de los capitalistas.

 

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