21/04/2021
crisis sanitaria

“Las salas Covid están siempre al 100%, hay pacientes internados en las guardias”

Profesionales de la salud del Hospital Fernández, Ramos Mejía y Ferrer denuncian el colapso.

La ocupación de camas en el AMBA se acerca al límite. Es lo que advierten no solo los expertos, sino también quienes trabajan diariamente en los hospitales de la zona. Incluso en los últimos días los directores de distintos centros de salud tuvieron que manifestar en los medios de comunicación la saturación de su propio hospital.

El caso del Hospital Fernández es ejemplar. Con 13 camas para Emergentología y 3 de seguimiento de pacientes de mediana a alta complejidad, alcanzó la saturación. En ese servicio trabajaban 7 enfermeros; con el paso del tiempo perduró la baja de personal y terminaron trabajando entre 2 y 4 por turno. No hubo contratación de más personal.

En diálogo con Prensa Obrera, un enfermero emergentólogo advirtió que debido al colapso del hospital, el día de hoy y por decisión unilateral del director del centro se les comunicó que el servicio del cual es parte pasaría a ser de terapia intensiva, cuando el destino oficial es el de recepción de pacientes críticos. “Ahora se le va a solicitar al personal que se haga cargo del tratamiento, seguimiento y monitoreo de pacientes críticos en forma prolongada, de un día para el otro y con una cantidad de personal que no condice con lo que le va a solicitar al servicio”. La noticia ni siquiera les llegó de manera oficial, sino que hasta ahora la comunicación ha sido informal. Denuncia que no hay personal suficiente para hacerle frente a esta modificación.

Una situación similar se vive en el Hospital Ramos Mejía, donde el colapso de la terapia intensiva obligó al servicio de Clínica a abrir más camas Covid. Hoy, las camas UTI ocupadas son 15 (en momentos de menos casos eran entre 6 y 10), con una que se reserva para eventuales eventos neuroquirúrgicos, ya que el hospital es el único centro de derivación para urgencias de este tipo de toda la Ciudad. Una vez que se llenó la terapia intensiva, procedieron a abrir dos pisos en el sector de Clínica con 60 camas en total, a lo que se suma un piso más no Covid, por lo que el servicio de Clínica maneja entre 80 y 95 camas, de las cuales ⅔ son Covid.

“Las salas Covid están siempre al 100%”, relata un enfermero del Hospital. “Cuando se da una alta, se pasa un paciente a la guardia externa o fallece, rápidamente se llena por pacientes positivos ubicados en los box de guardia, en internación de guardia o pacientes de pabellones quirúrgicos, porque en esas salas no se cuenta con oxígeno -recién ahora, un año después, se están instalando.”

Lo que más relata es la sobreexplotación laboral: no hubo contratación ni pase de personal al área de Clínica. La guardia externa se encuentra llena. Además, hace dos semanas que no pueden derivar pacientes por SAME, por lo que aquellos que no consiguen camas terminan intubados en los box, con una alta tasa de mortalidad, o se mantienen con morfina y oxígeno, intentando evitar que pasen a intubación.

La falta de ampliación de camas de UTI y de contratación de personal obliga a los hospitales a rechazar pacientes. De hecho, un trabajador del Plan DetectAR y de UFU informó a Prensa Obrera que las derivaciones desde los centros de testeo están canceladas. No hay hospital que acepte pacientes que se acercan a las UFUs o del post DetectaAR y que quienes trabajan allí consideren que tienen que ir a un centro de salud de mayor complejidad. También relata que ayer mismo tuvo un paciente con serios problemas respiratorios: baja saturación y disnea. “Llamé al Hospital Argerich y al principio rechazaron el traslado. Tuve que insistir para que lo atiendan”.

En el Hospital Ferrer están preocupados principalmente por dos cuestiones: en primer lugar, la velocidad a la que ingresan los pacientes; en segundo, el requerimiento de personal capacitado para realizar procedimientos invasivos en pacientes graves. Residente del hospital nos relata que “hace tres días que hay una paciente internada en la guardia externa” por falta de camas y la saturación absoluta en la segunda ola. También que la falta de personal es tal que en algunos turnos no hay médicos terapistas nombrados, cuando lo ideal es uno cada 6 camas, y que falta sobre todo personal de Enfermería por la tarde y la noche, por lo que el resto de los profesionales debe cubrir esas tareas. “Los residentes y concurrentes no estamos cohortizados, se nos ha aumentado la carga laboral. Todo esto hace que nos expongamos cada vez más, por lo que cuando uno se contagia, por más que esté vacunado, impacta en todo el servicio porque hay que cerrarlo, entonces también va a impactar en el tratamiento y la atención de los pacientes”.

Desde el gobierno de la Ciudad se exige que el Hospital Ferrer y el resto de los centros mencionados responda a la demanda de pacientes graves, pero sin reforzar el personal. Esto se hace cumplir por las direcciones de los hospitales, por lo que el resultado es una sobrecarga laboral brutal. Mientras, se los excluye de las decisiones por no formar parte de los comités de crisis. Las paritarias a la baja agudizan la situación de los trabajadores de la salud, que ven caer su salario mes a mes.

Luego de que Alberto Fernández hablara de un “relajamiento del sistema de salud” se les entregó un bono de $6.500 por 3 meses, lo que es igual a $250 por día. El “reconocimiento” hacia la labor en salud es una miseria frente al 13,4% de inflación solo en el primer trimestre y la exigencia que parte del hecho de atravesar una crisis sanitaria en estas condiciones.

El conjunto del sistema de salud está en una situación de extrema fragilidad. La ocupación de camas en el AMBA es del 73%. En la Ciudad en particular llega al 65,3%, con una escalada del 16% en los últimos 7 días; Quirós admitió que el promedio de los privados es de 82%, con algunos centros que superan el 95% ocupación. Frente a esto no dan respuesta ninguno de los gobiernos (nacional, provincial o de Ciudad), salvo con medidas que no modifican el grueso de la circulación y, por lo tanto, la situación epidemiológica. Tampoco dan respuesta al fragmentado sistema de salud, cuyas consecuencias se ven hoy al no tener un registro real de cuantas camas quedan disponibles en los privados y al hecho de que los recursos se distribuyen siguiendo arbitrariedades de los gobiernos, como en el caso de Ciudad que le entregó 50 respiradores a la medicina privada.

La salida es que el conjunto de los recursos, tanto privados como públicos, se pongan a disposición de la salud de toda la población junto con un reforzamiento del sistema sanitario. Pero también la instalación de medidas que permitan reducir la circulación de personas, con el levantamiento de las actividades que no sean esenciales, la protección de los salarios y de los puestos laborales e IFE por $40 mil para que la clase trabajadora no pague la crisis sanitaria.

 

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