11/03/2021 | 1617
COVID-19

Los intereses capitalistas retrasan el acceso a las vacunas

Luego de meses de idas y vueltas con respecto a la vacuna, finalmente en el mundo tenemos varias aprobadas y listas para su distribución. Eso sí, la misma depende de que los Estados hayan aceptado las condiciones de compra impuestas por los laboratorios, regalando unas cuantas leyes de blindaje jurídico y firmando contratos secretos que permiten que el negociado capitalista con la salud continúe su desarrollo. Lo cierto es que el ritmo de vacunación en el mundo lo determinan los intereses de los monopolios farmacéuticos internacionales.

Argentina tiene acceso a tres de ellas: la vacuna rusa Sputnik V; la Sinopharm, fabricada en China, y la de AztraZeneca/Oxford. Al día de hoy llegaron un total de 3.418.965 dosis, pero solo se aplicaron 1.919.074 -es decir, el 56%. Un ejemplo claro es el de la provincia de Buenos Aires, donde el gobernador Axel Kicillof se vanagloria de haber vacunado a 700.000 bonaerenses, aunque lo cierto es que tiene en sus manos casi el doble de dosis; y solo 136.000 recibieron la segunda dosis. Un número similar se ve en el resto del país.

En la Ciudad de Buenos Aires, todavía no se inoculó a la totalidad de los profesionales de la salud. Faltarían al menos el 30% de ellos. La privatización del sistema de vacunación mediante la entrega de dosis a las prepagas es otro punto a tener en cuenta, sobre todo cuando esta misma semana se vio que quienes acuden al sistema público terminan totalmente vulnerados, como los adultos mayores que fueron a vacunarse al Luna Park y se encontraron con largas filas de horas, hacinados y sin ningún protocolo mediante.

El escándalo del vacunatorio VIP sigue salpicando a ambos lados de la grieta. No alcanzó con desplazar a Ginés para disipar la niebla. Lo cierto es que lo del exministro de Salud no fue la excepción sino la regla de un sistema de privilegios contra la clase obrera. Carla Vizzotti, salida de las entrañas de Ginés, no cuestiona la pasada gestión, sino que dejó muy en claro que su intención es continuar -y profundizar- la política del gobierno en materia sanitaria.

Aunque quieran hacerlo pasar como un “relanzamiento” del Ministerio, con una nueva ministra, la llegada de más dosis y un “monitor público de vacunación” -que no es más que una página donde se pueden ver la cantidad de dosis distribuidas y las aplicadas por provincias-, las preparaciones frente a una segunda ola son nulas.

A un año de declarada la pandemia por la Organización Mundial de la Salud, el frágil sistema sanitario argentino continúa sosteniéndose sobre el trabajo precarizado del personal de salud -incluso gratuito, como en el caso de los concurrentes-, y el Presupuesto 2021, con un recorte del 10%, profundiza aquello. El sector privado de las prepagas, con Claudio Belocopitt (Swiss Medical) a la cabeza, ahora reclama un nuevo aumento y dice sentirse “discriminado por el gobierno”, aunque lejos estuvo de eso cuando le otorgaron la reducción de los aportes patronales y el ATP, además de permitir la reducción de las prestaciones y servicios.

La situación puede escalar rápidamente frente a un nuevo brote, por eso acelerar el ritmo de vacunación es necesario y requiere de la instalación de más vacunatorios, contratación de más personal de salud capacitado y todos los recursos implicados en la logística. La centralización del sistema de salud es un eje fundamental para una planificación que ponga al conjunto de las instalaciones y servicios a disposición de la población.

Que se pongan todos los recursos económicos, humanos, tecnológicos y de infraestructura para lograr una producción a gran escala de la vacuna y de los medicamentos paliativos, declarándolos de utilidad pública, incluso interviniendo laboratorios y farmacéuticas privadas extranjeras y del país, a fin de contar con todos los insumos y tecnología necesarios bajo control de lxs trabajadorxs y usuarios. Para poner en pie un plan de vacunación universal, gratuita, que sea parte del plan anual de vacunación y poder avanzar hacia la inmunidad colectiva.

Por un plan de emergencia de contención de la pandemia, que se organice sobre comisiones populares de control de la misma, visto que la gestión bajo control de los capitalistas es un fracaso. La triplicación del presupuesto en salud y el aumento salarial para el personal de salud, junto con todos sus reclamos.

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