02/06/2021

Pfizer: el trasfondo de la polémica es la confidencialidad con los laboratorios

Una prueba clara de la necesidad de abrir los contratos confidenciales y liberar las patentes.

Las polémicas alrededor de la vacuna estadounidense Pfizer continúan. Luego de que Patricia Bullrich acusara a Ginés González García de haberle pedido coimas a Pfizer a cambio de comprar dosis del fármaco estadounidense, la situación se siguió tensando entre el gobierno, la oposición de Juntos por el Cambio y hasta el propio fondo de acceso global a la vacuna creado por la OMS, Covax. Ahora, el fuego se reavivó porque Santiago Cornejo, el titular en América Latina del mismo, fue levantado en los medios como quien aseguró que “Argentina se había negado a recibir vacunas de Pfizer”.

Esto generó un enorme revuelo que fue utilizado de inmediato por los macristas, pero que fue rápidamente desmentido por el gobierno nacional. Incluso hasta el propio exministro Ginés, quien debió renunciar por el escándalo del vacunatorio VIP, saltó con los tapones de punta y lo acusó de “caradura”, y fue más lejos denunciando que Covax tuvo un incumplimiento sistemático con la provisión de vacunas a Argentina. Una batalla campal de acusaciones y desmentidas que tiene a la población (que espera impaciente por ser vacunada mientras se apilan los contagios y las muertes) como una espectadora, ya que los acuerdos comerciales por las vacunas se sellan bajo el más absoluto hermetismo y de espaldas a ella. Esa confidencialidad sirve para esconder los negocios de los laboratorios y tanto el gobierno como la oposición respetan a rajatabla  como claros representantes, ambos, de los intereses capitalistas.

En la conferencia que brindó en la mañana de este miércoles la ministra de Salud nacional Carla Vizzotti, luego de intentar rodear con cierto mérito que entre esta semana y la próxima el país podría llegar recién a redondear los 20 millones de dosis en total mientras el 30% de las vacunas aún no fueron aplicadas, se refirió también a la polémica en torno a Pfizer. Negó rotundamente una vez más las acusaciones y exhibió una carta enviada por el organismo al gobierno nacional, donde aclaran que no hubo una negativa explícita, sino un rechazo por parte del último a las condiciones que quería imponer Pfizer. Por este motivo, el gobierno nacional se declaró en “opt-out” con Pfizer, un tecnicismo que evidencia a su paso las enormes trabas que hay por detrás y que obstruyen una provisión de vacunas efectiva.

A su vez el jefe de Gabinete reconoció que el gobierno renunció a comprar más de 8 millones de vacunas para ahorrarse 60 millones de dólares. Toda la política del gobierno en relación a la compra de vacunas estuvo dominada por el objetivo de “ahorrar” y lograr así una reducción de egresos tal como lo exigen el FMI y los gobiernos imperialistas, o sea, el ajuste en marcha que se paga con vidas de miles de personas.

El sistema de patentes y acuerdos confidenciales con los laboratorios es un verdadero lastre para la humanidad. Por un lado, porque implica una demora insostenible en la provisión de vacunas, más aún en países con menor capacidad de compra, donde el mecanismo Covax, que, se supone, debería “facilitar” este proceso, queda desdibujado entre negociaciones que siguen dependiendo únicamente de los acuerdos entre los Estados y los laboratorios.

Pero por el otro, que toda esta polémica tiene su razón de ser porque estos acuerdos siguen siendo confidenciales y se resuelven con un estricto secretismo comercial, implicando cláusulas leoninas regidas puramente por los intereses capitalistas de los monopolios farmacéuticos. El fracaso de la coordinación internacional para la provisión universal de vacunas se expresa en la naturaleza de una disputa abierta entre grupos capitalistas.

El gobierno garantiza que esto se siga desenvolviendo en estos términos, siendo la prueba más cabal los negociados otorgados a empresarios como Sigman, a quien se le ha permitido fugar millones de dosis que podían ser perfectamente envasadas en el país. La oposición cambiemita, por su parte, oficia abiertamente en defensa de los intereses del grupo farmacéutico yanqui; es eso únicamente lo que “reprochan”.

En la vereda contraria están las necesidades reales de vacunación de la población. La polémica Pfizer y las demoras en la aplicación de vacunas son otro botón de muestra de la necesidad de abrir los contratos confidenciales con los laboratorios, la liberación de las patentes y un verdadero y masivo plan de elaboración de vacunas, que sea llevado a cabo por un comité médico-científico. Para el mismo se hace necesario poner a su disposición todos los laboratorios y recursos científicos, tanto públicos como privados, a la par en que los mismos deben ser utilizados para envasar los millones de dosis que ya están en el país y siguen emigrando.

Es un planteo que choca de fondo con la lógica capitalista alrededor de la fabricación, provisión y aplicación de vacunas; que demuestra cada vez más su completa incompatibilidad con la salud de la población mundial.

 

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