31/03/2011 | 1170

Subte, balance electoral: 34% para el clasismo

La lista clasista Naranja-Bordó-Violeta sacó el 34% de los votos, ganó las líneas B y H, además de obtener votos en todas las líneas desde un 20% para arriba. Resultó notoria la elección en la A con un 35% en un bastión histórico del pianellismo, la denominación del grupo de delegados que se ha incorporado al kirchnerismo vía Yasky y que ha venido manipulando la inscripción del sindicato del subte. En la tercerizada CAF, la «tricolor» no tuvo oposición.

En los talleres, resultó arrasadora en Rancagua, taller de su candidato a secretario general, Charly Pérez; en cambio, obtuvo unos pocos votos en Constitución, el taller de Néstor Segovia; ambos, polos opuestos en su tradición de lucha por la insalubridad y la seguridad en las tareas, por lo que recientemente Canning y Rancagua (voto dividido) pararon por la muerte en un accidente de trabajo por un compañero, precisamente de Constitución, mientras este taller no paró por la política de su dirección. En el taller Polvorines, nueve compañeros fueron excluidos irregularmente por la junta electoral oficialista, no obstante lo cual ganó la Naranja-Bordó-Violeta.

Una lista, que no reunía en la previa a más del 20% de los delegados, sacó más de un tercio de la elección. El resultado expresa un gran impacto de los planteos de la lista y de la trayectoria de sus candidatos, especialmente de la fórmula que la encabezó -algo que ya se había expresado en un plenario de formación de la lista y votación del programa que reunió 165 compañeros.

Semejante elección de una lista clasista en un sindicato de izquierda es el reflejo de un proceso político muy definido en un sector del activismo respecto del papel de la dirección de la AGTSyP en el último período. Efectivamente, la campaña de la tricolor tuvo un altísimo contenido político, porque puso un eje dominante en el rechazo al alineamiento con la CTA de Yasky y en la subordinación del pianellismo (Lista Roja y Negra) al ministro Tomada.

La brevísima campaña electoral, de una semana y media desde la oficialización de listas, fue un intenso trabajo de discusión política acerca del balance de la paz social kirchnerista impuesta en el nuevo sindicato. Una tregua que sacó al subte del escenario del sindicalismo combativo, de la lucha por sus reinvindicaciones y, especialmente, del proceso huelguístico de 2009 por el reconocimiento del sindicato. Cuando ese reconocimiento llegó, fue de un sindicato de «empresa», que por definición no podrá discutir salario o convenio. O sea que estaría condenado a ser un sindicato de menor rango en convivencia con una UTA, que en los años de paz social se reforzó claramente.

La lista colocó el debate de la lucha por un sindicato pleno, de actividad, para dejar «la UTA a un costado», según las palabras de Charly Pérez, mediante «un sindicato de 4 mil afiliados». Esto por referencia al actual estado de la AGTSyP, que presentó un padrón manipulado (ver recuadro) de 1.304 compañeros.

Desde luego, el problema de la democracia sindical se instaló en el centro del debate, pero no desde un punto de vista abstracto. La tricolor denunció el «levantamiento de los paros por TV» (el último, por viático y antigüedad), la violación del mandato de asamblea general por el paro en repudio a la muerte del compañero y por la representación de minorías en la próxima comisión directiva, negada a pesar del 34% obtenido. ATM explicó su lucha por la soberanía de la asamblea general y el cuerpo de delegados como herramientas de un sindicato independiente que se asienta en la movilización de su base obrera, en su potencial de unidad ante la patronal, pasando por encima de toda división entre afiliados, afiliados no cotizantes, no afiliados o afiliados a la UTA. Cuando el subte para, paran todos y ganan todos.

Para diez días de debate, fue muy vasto el alcance del planteo del cambio de rumbo del sindicato hacia las tradiciones del cuerpo de delegados en la masa de trabajadores. Quedó instalado con qué método se conquistaron las seis horas y las demás conquistas como el pase a planta, la defensa de los activistas o el gran salto salarial de años atrás. Charly Pérez, con una soberbia campaña, tomó contacto, junto a otros miembros muy activos de la lista, con toda una juventud del subte, la que no conoce el verdadero origen de las conquistas arrancadas y está siendo llevada hacia un sindicalismo colector de centroizquierda del sindicalismo oficial, cuyos resultados paralizantes y fraccionistas los tenemos pintados en la CTA.

ATM ha votado en un primer plenario, inmediato a la elección, desarrollar el frente único del activismo y las agrupaciones reunidas en la lista con objetivos precisos: una campaña de lucha con firmas masivas por los cuatro cargos titulares y uno revisor de cuenta, en reclamo de los cuales los dirigentes de la lista no firmaron el acta de escrutinio, es decir el reconocimiento pleno de la minoría que votó la asamblea general del gremio.

En segundo lugar, una campaña por elecciones proporcionales también en el cuerpo de delegados contra las prácticas burocratizantes de listas enteras por líneas ya practicada en la última elección. En tercer lugar, una campaña por el salario, cuando está a la vuelta de la esquina la paritaria del sector. En cuarto lugar, el pase a planta de Metrovías de CAF y todos los tercerizados que quedan. La representación democrática en el cuerpo de delegados se verá potenciada respecto de la votación de la Naranja-Bordó-Violeta, porque tienen que votar, de acuerdo a la ley, todos los trabajadores. En esa línea, se debe presentar a debate el estatuto elaborado por ATM para ponerlo a disposición del frente de activistas de la tricolor, de manera que, una vez consensuado, se difunda y se lleve su debate a una asamblea general del gremio. Alejada del dedo pianellista que, hasta acá -aunque dominante y ganador de la elección- viene achicando el nuevo sindicato frente al gran enemigo, que son los socios de Moyano y de Pedraza: la UTA y su sociedad Benito Roggio de Metrovías, la concesionaria subsidiada por el gobierno kirchnerista.

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