16/01/1996 | 480

500 despidos en puerta

Por Ch. R.

La patronal de CIADEA ha anunciado que el despido de los 500 trabajadores que permanecen suspendidos desde setiembre es ‘prácticamente inevitable’  y que no se les abonará el aguinaldo.


Renault-Antelo despidieron 700 trabajadores de la planta cordobesa hasta octubre del 95 bajo la forma de ‘retiros voluntarios’ y suspendieron a otros 500 hasta marzo del 96 pagándoles sólo el 50% del salario que venían percibiendo. Como la patronal anuncio en su momento la necesidad de desprenderse de “1.480 agentes”, la sangría no termina con el despido (o ‘retiro’) de los 500 suspendidos. “Calculamos una demanda de 330.000 vehículos para el 96 (la misma del 95) y una (capacidad de producción) de 500.000 unidades, sin considerar los importados” (Antelo, La Voz, 18/10/95).


La patronal de CIADEA pretende despedir al personal ‘excedente’ e imponer el trabajo a destajo para la fracción de trabajadores que salió indemne de la ola de despidos masivos, siguiendo el modelo de los convenios negreros firmados por el Smata para General Motors o por la UOM para Sevel.


La patronal tiene una política, ¿y el sindicato?. Se adapta a la ofensiva patronal. La política de Campellone, secretario general del Smata Córdoba, sigue milimétricamente la de José Rodríguez, que ha hecho del Smata un lobby de los pulpos automotrices y de los ‘negocios’ de la burocracia, en nombre de la ‘defensa de la industria nacional’. La última tarea parlamentaria de José Rodríguez fue presentar un proyecto en el Congreso, junto a Rodolfo Terragno (UCR), planteando la condonación (perdón) de las deudas impositivas de las patronales automotrices, un ‘ahorro’’ de 700 millones de dólares. Según el proyecto, una parte de los fondos que las patronales se ahorrarían en impuestos iría a la compra de acciones de las o la ART que ‘sugiera’ el Smata. Las ART son las seguradoras privadas de riesgos de trabajo consagradas por la misma ley que ha destruido la legislación laboral en accidentes de trabajo.


El PO plantea:


  • reducir la jornada de trabajo a seis horas sin reducir el salario, habilitando un cuarto turno de jornada para impedir los despidos y tomar nuevos trabajadores, no a los despidos, reincorporación de todos los cesanteados durante el 95.
  • controlar los ritmos de producción, para terminar con la superexplotación que provocan las cesantías.
  • paro activo contra los despidos, preparar la huelga general.


Las patronales automotrices han acumulado beneficios sin precedentes durante más de cuatro años, esto solo revela que hay recursos para afrontar estas medidas de emergencia. Además, el llamado ‘ajuste’ por el ‘exceso de producción’ es la política patronal, no obrera, frente a la crisis. La población trabajadora del país está necesitada de automotores, cocinas y heladeras. La clave es que los recursos financieros del país dejen de destinarse al salvataje de los pulpos capitalistas y se dirijan a financiar el consumo popular.

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