24/02/1994 | 412

Abajo la flexibilización laboral contra los choferes

Bajo el título de “Colectiveros ineptos”, un editorial de Clarín del 15 de enero puso de relieve una situación gravísima en el servicio de autotransporte de pasajeros. La nota hacía mención a la declaración de ineptitud de 2.001 choferes sobre una cantidad de 44.698 examinados. Para el editorialista, el despido o la reubicación de los choferes es “un paso debido y largamente demorado…”. Es así que las víctimas de un sistema de superexplotación patronal se convierten en los villanos.


¿Quiénes son los ineptos?


En la nota se pone de manifiesto que los choferes “ineptos” padecen enfermedades profesionales, debido al recargo de tareas, la sobreexigencia laboral y el exceso de horas al volante. Los trastornos son producto de las tareas realizadas, en su inmensa mayoría sicofísicos, renales, de postura, etc.


La mentada “ineptitud” es adquirida y por lo tanto una consecuencia del tiempo de trabajo. Como lo tiene que reconocer la propia nota, ¡¡¡el 70% de los choferes se jubila a los 45 años por invalidez!!! y ¡el promedio de permanencia en una empresa es de un año!


Esta verdadera trituradora de trabajadores es por lo tanto una fábrica incesante de ineptos a plazo fijo.


Si existe una ineptitud es de las patronales y el gobierno al mantener un sistema de trabajo insoportable, que debió ser reconocido por el gobierno al plantear que se coloquen máquinas expendedoras de boletos, una cuestión que no salió de los papeles. Es que las máquinas expendedoras de boletos actuarían como una caja registradora al alcance de los sabuesos de la DGI.


¿Mejora de servicio o flexibilidad laboral?


El argumento de la ineptitud conlleva el objetivo de superexplotar aún más, si cabe, a los choferes.


Aunque parezca mentira aun se les quiere sacar una mayor  productividad a trabajadores que realizan siete operaciones al frente de las unidades.


Desde hace un año, cuando fueron privatizados los servicios de examen de los choferes, se ha desatado una persecución por parte de las patronales que van enviando de a uno a los choferes al examen y en caso de encontrarles defectos o disminución física proceden al despido o reubicación. Como se puede aventurar, los activistas siempre reciben el despido. Cuestión que se ve agravada porque al no poder ser reubicados, según el argumento de la patronal, los compañeros son despedidos con el 50% de la indemnización por el artículo 247 de la ley de contrato de trabajo.


En la mayoría de los casos los choferes son reemplazados por compañeros contratados por seis meses renovables hasta ¡tres años!!, aunque en menor cantidad que los despedidos, con lo cual reducen planteles, acrecentando la superexplotación sobre los choferes. Esta es la razón de la colocación de nuevas unidades que pasan de los aproximadamente cien pasajeros a los ciento cuarenta que transportan ahora, sin contar con las nuevas unidades con fuelle que pueden llegar a llevar doscientos pasajeros.


Estas condiciones agravadas de trabajo fueron pactadas por la burocracia con las patronales en la aceptación del decreto 692 que admite una violación de las normas del autotransporte para incrementar el esfuerzo del trabajador (velocidad, cantidad de pasajeros parados ¿¡quince!?, etcétera).


Es necesaria una lucha de conjunto


Hoy los choferes sienten una espada de Damocles sobre sus cabezas, ya que la convocatoria a examen de aptitud los puede dejar en la calle, con la mitad de la indemnización y con una discapacidad en general permanente. La burocracia dice que si se paga la indemnización no hay reclamo posible, máxime cuando las patronales le hacen el trabajo sucio de despedir a sus potenciales rivales, activistas o delegados combativos.


La respuesta debe ser una lucha de conjunto porque la ofensiva patronal con la complicidad del gobierno así lo es.


Ni un despido, por la reubicación de los compañeros declarados ineptos, por ejemplo, constituyendo guardias, sin manejo del dinero, por medio de las máquinas, y colaborando con el chofer en la seguridad del pasaje, dando la orden de arrancar cuando esté completado el ascenso o descenso de pasajeros.


Por el rechazo a la toma de choferes por contrato, por su inmediata efectivización.


Por el aumento salarial.


Por la elaboración por parte de los propios trabajadores de las normas de tránsito que deben ser observadas en el transporte de pasajeros, garantizando la seguridad e integridad de los mismos y de los choferes.


La puesta en pie de un plan de lucha necesita de la realización de asambleas por empresa y la elevación del reclamo al gremio.


Los choferes demuestran una sobrada aptitud para la función que les corresponde: conducir los vehículos, ya que la cumplen con exceso. Lo que hay que eliminar es la ineptitud del sistema de trabajo, fruto de la voracidad de las patronales y lograr de paso la reivindicación de los choferes como trabajadores, con la mejora sustancial de las condiciones de trabajo.

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