Sindicales
20/2/1990|294
Acindar: Así traiciona la burocracia
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La huelga por tiempo indefinido que venían realizando los obreros de Acindar, reclamando la reincorporación de 180 despedidos, finalizó después de la aplicación de la conciliación obligatoria con un saldo de más de 100 trabajadores en la calle
El origen de la huelga
El conflicto se inició ante la negativa de la patronal en conceder un incremento salarial del 40% solicitado por el sindicato. Los trabajadores se negaron a realizar horas extras y aplicaron un trabajo a reglamento que fue parcial ya que ni el cuerpo de delegados ni la Comisión Interna garantizaron el cumplimiento de la medida, salvo en dos-tres secciones.
La patronal despidió entonces a ocho compañeros por lo que en una asamblea general se resolvió el paro por tiempo indeterminado.
En esa asamblea varios compañeros con el apoyo unánime de la base plantearon que Acindar no debía ir sola a la lucha y reclamaron el congreso de delegados.
El sindicato por boca de Francisco Solano dijo que no había peligro de aislamiento porque se había comunicado a los diarios, radios y televisión y el conflicto se conocía con todo el país. Pero el aislamiento al que hacían referencia los delegados y activistas era la falta de medidas concretas de lucha en apoyo a la huelga. Por eso pidieron que la UOM nacional debía movilizarse y que "Lorenzo Miguel ponga los testículos sobre la mesa" y se comprometa con la lucha de Acindar.
El sindicato hizo todo lo posible para que no hubiese congreso de delegados, ni de la UOM de Matanza, ni do la CGT regional. Así se comenzó a urdir la trama que terminaría reventando la huelga. La dirección de la UOM de Matanza jamás tuvo la más mínima intención en llevar el conflicto a la victoria; todo por el contrario actuó concientemente para mandar la huelga al pozo, como finalmente sucedió.
Comienza la entrega
La marcha que se realizó en la Capital Federal que fue reclamada y apoyada por los trabajadores sirvió para desmoralizar a los trabajadores y para servirle en bandeja a Curto la posibilidad de lavarse olímpicamente las manos.
Ese día un millar de trabajadores con 37° a pleno sol y cansados de esperar en las puertas de la CGT la presencia de Ubaldini (que se borró del escenario) comenzaron a corear “si nos tiran al bombo habrá quilombo" o "si no vienen ustedes entramos nosotros". Entonces apareció Francisco Solano y anunció a la asamblea que “Curto tenía una muy buena noticia para comunicarles". Se había logrado —dijo Curto— que el conflicto se atendiera en el Ministerio de Trabajo de la Capital y que se aplicaría conciliación obligatoria, por lo que llamó a marchar hasta Paraná 26. Cuando los trabajadores llegaron a la Secretaría de Trabajo, después de comerse un plantón de dos horas, les dijeron que recién al otro día se entrevistarían las partes. Esa noche, cuando los trabajadores regresaron a la fábrica se encontraron con las puertas cerradas y una notificación de la empresa que se licenciaba a todo el personal hasta nuevo aviso. Ni siquiera "conciliación". Simplemente un LOCK-OUT patronal con el aval del sindicato que, por supuesto, no tomó ninguna medida para contrarrestar la provocación patronal.
La cuña de la división
Mientras todo esto sucedía el "general jubilado" Alcides López Aufranc, presidente de Acindar declaró a los cuatro vientos, que el problema de Acindar era un conflicto entre distintas fracciones sindicales porque había unos cuantos delegados de izquierda que obstaculizaban a la dirección sindical y se oponían a la reestructuración de la empresa que se hacía para beneficiar a los trabajadores. Por supuesto la burocracia no salió a refutar a la patronal. Más aún organizó a un sector de la base para hostilizar a los delegados y activistas combativos impidiéndoles incluso hablar en las asambleas, los delegados combativos cedieron la conducción del conflicto a la burocracia, que la utilizó para golpear a los mismos delegados. Con todo el terreno a su disposición la jefatura de la empresa inició una campaña con los supervisores presionando a los trabajadores, incluso con un premio de ₳ 150 la hora, para que pidiesen la renuncia a unos quince delegados combativos. Finalmente antes que finalizara la conciliación en una asamblea, un viejo elemento patronal que se desempeñó como comisión interna durante la dictadura miniar, el Toro Antonacio, por boca de la UOM propuso que todos los delegados renunciaran. La connivencia de la burocracia con la provocación patronal era abierta y desembozada. Algunos trabajadores desmoralizados y ante la impotencia de no poder resistir las arbitrariedades como los cambios de trabajo, optaron por la renuncia.
De esta manera la directiva de la UOM de la Matanza que encabeza el "ruso" Dansky enterró la huelga de Acindar con la misma felonía que antes había entregado la huelga de Sade, solo por mencionar algunas.
El activismo de la Matanza, los delegados e internas honestas y combativas deben hacer un balance sobre estas traiciones y aunar esfuerzo para expulsarlos del sindicato. Llevar a conocimiento de todos los trabajadores sobre las traiciones de la burocracia sindical, es una obligación do todas las organizaciones que se reclaman del movimiento obrero. También reflexionar sobre lo nefasto que resulta apoyar o aliarse a la burocracia en los actos electorales o en las luchas con el cuento de que así se los puede combatir de adentro.
Muchos compañeros que en las últimas elecciones apoyaron a Dansky, hoy están en la calle y objetivamente con su apoyo, ayudaron a entronizar en el sindicato a su propio verdugo.

