Sindicales

13/7/2020

Aguinaldo: una conquista de la clase obrera

La burocracia sindical y el peronismo suelen adulterar la historia del movimiento obrero. Ocultan, entre otras cosas, la existencia de los primeros 60 años de lucha y organización político-sindical de los trabajadores.

En su relato identifican a los sindicatos con el caudillo militar (“los sindicatos son de Perón”) y asignan a su persona conquistas que la clase obrera arrancó con enormes luchas. El relato del peronismo carece de rigor histórico.

Manipular la historia en general y la del movimiento obrero en particular es una necesidad de la burguesía para mejor someter políticamente a la clase obrera.

Estudiar la historia del movimiento obrero desde una perspectiva clasista se inscribe en la batalla por la independencia política de los  trabajadores. Tan necesaria en una etapa signada por la profundización de una crisis que amenaza sumergir en la pobreza y miseria a las masas trabajadoras.

Antecedentes del aguinaldo

Los primeros antecedentes los encontramos durante las últimas décadas del siglo XIX. Algunos comerciantes ofrecían a fin de año una especie de “premio por productividad”. Las retribuciones quedaban a voluntad de cada patrón.

En mayo de 1910, el gobierno municipal porteño, encabezado por Manuel Güiraldes, resolvió abonar a todos sus empleados un mes de premio conocido como el “Aguinaldo del Centenario”. En 1924 se promulgó por primera vez, en la provincia de Jujuy, el aguinaldo por ley para los empleados públicos.

El decreto 33.302

Perón, ya desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, desarrolló una política de cooptación y regimentación del movimiento obrero. El 9 octubre de 1945, presionado por un ala militar y las “fuerzas vivas” que no toleraban el grado de concesiones a los trabajadores, presentó su renuncia.

En su discurso de despedida, el 10 de octubre, anunciado con 5 horas de anticipación reunió 70.000 trabajadores. Allí anunció la existencia de un decreto con reivindicaciones obreras.

Perón desarrolló en su intervención lo que va a ser la viga maestra del peronismo como corriente sindical: un relato combativo con conclusiones desmovilizadoras.

“El empleo en la Secretaría no es un puesto administrativo, sino un puesto de combate y los puestos de combate no se renuncian, se muere en ellos”. Como se sabe, Perón no murió en ese puesto. Ni tampoco lo hará diez años mas tarde con el golpe de la Revolución Libertadora.

Perón estaba frente a las masas que agitaban “¡Presidente! ¡Presidente!” y demostraron una enorme disposición a la movilización que ratificaron 7 días después -a pesar de las vacilaciones de las direcciones sindicales.

En ese cuadro soltó una frase que pasaría a la historia: “les pido también que conserven una calma absoluta y cumplir con lo que es nuestro lema de siempre, del trabajo a casa y de casa al trabajo”.

No obstante anunció que dejaba “firmado (el texto no tenía firma NdR) un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios, implantación del salario móvil, vital y básico, y la participación en las ganancias”.

Expresaba un reclamo antiguo de los trabajadores. La ley 11.729 de 1933 establecía las indemnizaciones por despidos arbitrarios, vacaciones pagas para los trabajadores de comercio y licencias por enfermedad inculpable o accidentes. Muchos gremios venían hace años reclamando hacer extensivos a todos los trabajadores los beneficios de la ley. Ahora había un decreto sin firma de un renunciante secretario de Estado. Si la clase obrera quería obtener sus reivindicaciones debería salir a la lucha. Y así lo hará.

El 17 de octubre: la clase obrera irrumpe en la escena

En lo inmediato el decreto quedó en los cajones. Perón fue apresado en la isla Martín García y el 17 de octubre una movilización obrera modificó el escenario político. Perón fue liberado con un acuerdo: desmovilizar a las masas y dirimir la crisis política a través del proceso electoral. “Hoy les pido que retornen tranquilos a sus casas…” insistió.

El 11 de diciembre se organizó un acto en Plaza de Mayo convocado por la CGT y la Federación Empleados de Comercio reclamando la sanción del decreto. Reflejaba la deliberación en las bases.

El 20 de diciembre, una vez convocadas las elecciones para febrero de 1946, el presidente Farrell firmó finalmente el decreto. Entre otros puntos establecía el sueldo anual complementario (SAC).

Las patronales y la izquierda contra el aguinaldo

La Asamblea Permanente de Entidades de Comercios, la Industria y la Producción (Apecip), la Unión Industral Argentina (UIA) y el Colegio y la Asociación de Abogados rápidamente salieron a denunciar de inconstitucional el pago del SAC y de estar orientado a influenciar en el proceso electoral.

Días más tarde, una asamblea empresaria convocada en la Bolsa de Comercio con más de dos mil delegados de todo el país resolvió desconocer el decreto.

El Partido Socialista y el Partido Comunista se manifestaron abiertamente en contra porque las caracterizaban como medidas “fascistas”. Ambos integraban la Unión Democrática. La política proyanqui del PC se vio reforzada por los acuerdos de Yalta suscriptos por el estalinismo que definieron “áreas de influencia”. América Latina quedaba reservada a la órbita norteamericana.

La enorme lucha de la clase obrera

Las patronales no pagaron el aguinaldo. La respuesta obrera se tradujo en “paros espontáneos desautorizados por la CGT en los frigoríficos, el puerto, los ferrocarriles y en varias ciudades del interior” (Del Campo, Sindicalismo y peronismo). En Tucumán se ocuparon lo ingenios.

“Las regionales de la CGT de Córdoba, Rosario, La Plata declararon la paralización de las actividades, el 8 de enero las grandes tiendas de la capital fueron ocupadas por sus empleados y su ejemplo cundió en las fábricas de la periferia industrial” (Torres, La vieja guardia sindical y Perón)

Los principales dirigentes sindicales se oponían. En un acto en el Luna Park, Borlenghi, secretario general de comercio y quien fuera asesor sindical y ministro de Perón, sostenía “nos conviene la calma”. Días más tarde la central obrera ordenaba volver al trabajo

La respuesta de la burguesía fue inmediata. La Cámara Argentina de Grandes Tiendas declaró el lock out patronal desde el día 11 de enero. La Apecip lo hizo desde el 14 al 16. En su declaración explicaba que “se han producido numerosas huelgas, es nutrida la lista de fábricas y negocios ocupados por el personal, donde solo se hace acto de presencia; las actividades en el puerto están casi paralizadas; en diversas ciudades faltan o escasean los artículos de primera necesidad y se amenaza con la paralización de los servicios públicos”

El lock out fue  total. Para el PC “tuvo un contenido de lucha contra el fascismo”.

Finalmente las ocupaciones obreras y las huelgas lograron quebrar la resistencia patronal. La Cámara de Grandes Tiendas de Buenos Aires, el transporte de capital, las patronales gráficas pagan, Luz y Fuerza anuncia un acuerdo. Más tarde las entidades y cámaras empresarias otorgan “libertad de acción”.

La clase obrera imponía el aguinaldo como un derecho conquistado con una virtual huelga general y ocupaciones de fábricas.

Más tarde fue dividido en dos cuotas y bajo el alfonsinismo se estableció como el 50% del mejor salario semestral. Durante el kirchnerismo, la burguesía logró hacerse con parte de esa conquista en un sector importante de los trabajadores a través del impuesto a las ganancias. Un impuesto anual prorrateado mensualmente para disimular el tijeretazo al SAC.

Ahora, en el marco de una crisis económica que pronostica una depresión de largo alcance, la burguesía vuelve a la carga sobre el aguinaldo. La no incorporación al programa de las ATP tiene una arista de desconocimiento del SAC como salario (sueldo 13). Pretenden tomarlo como un bono o premio, retrotraerse al siglo XIX. Así como las jubilaciones pretenden transformarla en una pensión a la vejez extirpando su carácter de salario diferido.

Por su parte, el fraccionamiento es una forma de diluir el SAC para terminar  transformándolo en una suma mensual. Al primer acto devaluatorio, chau aguinaldo. Más grave aún con el nivel de emisión actual y la posibilidad concreta de una hiper.

La defensa del aguinaldo, una conquista de la clase obrera, es parte de una batalla más general. Plantea un problema de fondo: ¿quién paga la crisis? ¡Que la paguen los capitalistas!