03/12/1998 | 610

Haciendo un análisis sobre la situación actual de la clase obrera, es muy fácil entender cuál es el propósito del gobierno: hacer a la clase trabajadora de nuestro país, la clase más pobre y marginada de la sociedad. Esta actitud, que no sorprende a nadie, demuestra un olvido completo por la doctrina peronista, única en nuestra historia que puso a los trabajadores en el lugar que les correspondía estar y que hoy en día deberían seguir ocupando.


Al ser derrocado el peronismo en 1955, los milicos intentaron destruir al movimiento obrero organizado y por varias décadas, con pequeños períodos de democracia intercalados en la dictadura, buscaron convertir a nuestro país en un cuartel, donde todos debían obedecer cerrando la boca. Luego llegó de nuevo el peronismo, pero lamentablemente sin Perón, porque estaba tan enfermo que al país lo gobernaban personajes nefastos, que le dieron nuevamente pie a los militares para volver a tomar el poder. Pero esta vez, no sólo íbamos a tener dictadura sino la eliminación sistemática de una generación de compañeros. Luego vino la democracia con los radicales, fracasaron y desilusionaron nuevamente a la sociedad. Los trabajadores continuamos pagando la falta de justicia social e injustamente seguíamos hundiéndonos cada vez más en la pobreza y en la miseria.


Hasta que llegó el gobierno menemista, escondido detrás del partido justicialista, prometió la tan nombrada y gastada revolución productiva, incluido el salariazo. La mayoría creímos, allá por 1989, que de una vez por todas llegaría la justicia para los laburantes, que podíamos progresar, que no seríamos más los marginados en este país tan rico y que nos permitirían ocupar el lugar que siempre nos merecimos. Pero no, el gobierno menemista fue peor que el de los gorilas, los conservadores y los radicales juntos. Hundió aún más a la clase trabajadora, destruyó las conquistas conseguidas a través de la lucha y de la muerte de muchos compañeros trabajadores, creó y promulgó nuevas leyes laborales en contra de los obreros.


Se produjo la flexibilización laboral y creció en forma incontrolable el desempleo. Hoy estamos peor que nunca. Los índices de pobreza son alarmantes. Unos pocos se vuelven cada vez más ricos y muchos se vuelven más pobres. La riqueza se reparte con una injusticia que da vergüenza. Ante lo grave de nuestra situación, creo que una de las salidas para la clase trabajadora es agrupara diferentes referentes de nuestra sociedad, obreros, dirigentes gremiales, desocupados, políticos, comerciantes, empleados, etc., con el propósito de proponer ideas y presentarlas ante la comunidad toda para luego evaluar con qué apoyo se cuenta para intentar un cambio de rumbo y, de esta forma, lograr llevar a los trabajadores de nuestro querido país al lugar que con justicia les corresponde ocupar. Este es el pensamiento de un dirigente sindical que trabaja activamente para sus afiliados y para todos los trabajadores que necesiten el apoyo de una entidad leal al movimiento obrero.

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