10/05/2001 | 705

Armisticio en Aerolineas

Los técnicos aeronáuticos (nucleados en Apta) han impuesto la reincorporación transitoria de los 500 trabajadores despedidos, luego de una huelga de diez días que paralizó Aerolíneas y Austral.


Los trabajadores técnicos enfrentaron un pacto de Estado. Es así que la propia cartera de trabajo «dispuso un trámite expeditivo para que las otras empresas *Lapa, Southern Winds y Dinar* sumaran inmediatamente vuelos no regulares (temporarios) mediante un permiso firmado a vuelta de fax» (La Nación, 25/4), absorbiendo una masa significativa de pasajeros de las líneas en huelga.


¿Qué determinó el dictado de la conciliación? La posibilidad de que la huelga se extendiese a los otros sindicatos y el hecho de que el gobierno no tiene todavía una salida a la crisis de la empresa. Un día antes del dictado de la conciliación, el secretario general del sindicato de los técnicos (Apta), «pidió a los demás gremios que se sumen a la protesta» (La Nación, 2/5), un reclamo que ya habían hecho el cuerpo de delegados y las asambleas de base. Un sector del cuerpo de delegados planteó que Apta hiciese un llamado a la huelga general de todos los trabajadores aeronáuticos y que, ateniéndose a esta política, declarara la huelga general en todo Apta (no sólo en Aerolíneas y Austral). Los trabajadores técnicos acosaron a la secretaria general del sindicato de aeronavegantes, Alicia Castro (CGT disidente): «Larguen la huelga ya» (Crónica, 2/5).


Cortina de humo


La Sepi del Estado español, que controla Aerolíneas y Austral, planteó que «Recién habrá dinero fresco (para Aerolíneas) si los sindicatos aceptan un plan de ajuste que contempla 1.200 empleos menos sobre una plantilla de 6.700, una baja de hasta 20% en los sueldos y cambios en las condiciones de trabajo» (La Nación, 26/7). Luego anunció que Aerolíneas y Austral cerrarían antes de fin de 2001 si los gremios no accedían a sus exigencias.


Pero el llamado «plan director para salvar Aerolíneas» es un plan de vaciamiento que prevé la eliminación de varias rutas al exterior, que serían resignadas al «pool» aéreo en el que Iberia actúa en alianza con American Airlines, British Airways y Lan Chile. Propone convertir a AA en contratista de los grandes monopolios. Exige, además, que el Estado argentino absorba las enormes deudas previsionales e impositivas de Aerolíneas, rebaje las tasas aeroportuarias (algo que Cavallo acaba de prometer), no incremente el vuelo de competidoras de Europa y garantice el monopolio en ciertas rutas de cabotaje.


¿Se «salva»?


El «plan» para «salvar» a Aerolíneas no existe, desde el momento que el Estado español no se hace cargo del endeudamiento. La reducción de «costos laborales» por la aplicación del plan de guerra contra los trabajadores «le permitiría a Aerolíneas obtener un ahorro anual de 23 millones de pesos, equivalentes a 1,7 millones de pesos mensuales, es decir, nada para una empresa que, según los españoles pierde 30 millones de pesos por mes» (Informe Especial Apta, abril 200l).


La Sepi dejó en claro que la flexibilización de los convenios aceptada por los otros cinco gremios «no garantiza la estabilidad laboral de sus asociados sino el retiro `no traumático´ de los empleados» (La Nación, 25/4).


El relanzamiento de la huelga


Está planteada la reestatización de Aerolíneas sin pago, transfiriendo la deuda a España y su funcionamiento bajo control de una comisión elegida por los propios trabajadores. La inmediata investigación del vaciamiento permitiría denunciar a los responsables de la inmensa confiscación producida, llevando a la cárcel y ejecutando los bienes de los responsables del vaciamiento.


Emergen ahora grandes problemas políticos. Alrededor de 100 técnicos agarraron la indemnización y, por ello, Austral (de mayor convenio) está casi desmantelada. Algunos objetivos estratégicos de la patronal empiezan a abrirse paso.


De inmediato hay que exigir una coordinadora de solidaridad con las tres centrales obreras y todas las fuerzas y organizaciones populares que apoyen la lucha, que debute con una inmediata movilización a Plaza de Mayo y contribuir para un gigantesco fondo de huelga para sostener las familias de los huelguistas.


Apta tiene que anticipar ya, que declarará la huelga general en todas las líneas, no sólo en Aerolíneas y Austral. Cincuenta técnicos de Lapa firmaron el apoyo a la huelga. El gremio entero debe parar.


Apa, de CTA, no se sumó a la huelga


De los siete gremios en que están divididos los trabajadores aeronáuticos, cinco de ellos suscribieron el acuerdo para volver a flexibilizar sus convenios. Estos convenios no vienen del ‘75 ni mucho menos, fueron flexibilizados en la «ronda negociadora» del ‘91 y destruidos aún más con «actas complementarias». Tampoco garantizaban la permanencia en los puestos de trabajo (La Nación, 25/4). La conducta de estos gremios fue un argumento sistemático de la patronal contra los huelguistas de Apta.


Uno de estos cinco gremios es la Apa y pertenece a la CTA. En una asamblea minoritaria realizada el viernes 20 de abril en el local sindical (no en los lugares de trabajo), su conducción propuso y fue facultada a volver a renegociar (flexibilizar) el convenio colectivo. Cuarenta y ocho horas después estallaba la huelga general de Apta frente a los despidos. Hasta el minuto final, Apa no se sumó a la huelga ni revió su postura propatronal. Es hora de organizar una alternativa.

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