Sindicales
24/8/2026
Ataque patronal en Industrias Erpla: la ofensiva de Marcelo Vergagni con la complicidad del sindicato plástico
Un plan de guerra contra los trabajadores que combina extorsión, sobrecarga laboral, retiros voluntarios y un código de convivencia para amordazar a la base obrera.
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La situación en la planta de Industrias Erpla atraviesa momentos de extrema tensión. El presidente de la empresa, Marcelo Vergagni, puso en marcha una ofensiva brutal contra las condiciones de vida y de trabajo de los operarios, utilizando métodos extorsivos, persecución política y el aval inestimable de la burocracia del sindicato plástico UOYEP y la comisión interna de la empresa.
Extorsión patronal
En una asamblea, el propio Vergagni planteó una disyuntiva extorsiva a los trabajadores al amenazar con importar cables y reducir el 40% del personal o, en su defecto, aceptar una reforma laboral drástica. Los términos de este plan patronal imponen que un operario deba manejar dos máquinas en lugar de una en determinados sectores, la pérdida de la última media hora de descanso de la jornada y un incremento salvaje de las velocidades de las máquinas de entre un 50 y un 100%, todo esto a cambio de un premio a la producción completamente irrisorio.
Este golpe a las condiciones laborales fue consumado con la complicidad de la conducción del sindicato plástico UOYEP y de la comisión interna, que hicieron pasar el acuerdo a espaldas del repudio generalizado de los trabajadores. Al amparo de este pacto, la patronal profundizó su ofensiva impulsando retiros "voluntarios" conseguidos mediante aprietes y amenazas directas para forzar las salidas.
Un código de convivencia patronal para prohibir la organización
¡Miren qué genios resultaron ser los directivos y gerentes de Industrias Erpla! Ahora resulta que la prioridad en la fábrica no es fabricar cables, sino cuidar la elegancia de los trabajadores. La empresa intenta imponer un código de convivencia que parece una broma pesada si no fuera porque trae sanciones reales.
Entre sus reglas más absurdas está la que da a los jefes el criterio de decidir si la ropa de trabajo está impecablemente limpia y planchada, justo en una planta donde los compañeros se la pasan entre polvillo de cobre, aluminio, grasa y aceites pesados. ¡Parece que pretendían que bajemos a la línea de producción con ropa de gala!
Pero la ocurrencia no termina ahí: para lograr una quietud absoluta, se prohíbe tajantemente charlar sobre cosas que no sean del trabajo, hacer bromas o participar de discusiones políticas, religiosas o deportivas. Todo bajo el pretexto ridículo de evitar que se genere "desprecio o desánimo" hacia la tarea. Una medida totalmente ilegal y antisindical que impide hablar de política para que nadie pueda abrir la boca y podamos organizarnos mientras destruyen las condiciones de trabajo.
Así como aquel histórico partido contra Inglaterra que logró unirnos en la planta, esta ofensiva patronal, grotesca y prepotente, tiene que servir para unir firmemente a todos los trabajadores. Es hora de estrechar filas en cada sector y transformar toda esta bronca e indignación en una poderosa organización colectiva donde los trabajadores podamos derrotar este plan de miseria y recuperar lo que es nuestro.





