04/01/2002 | 736

Ate Legislatura: «¿Qué pasó que no atinamos a salir a la calle?»

Las compañeras y compañeros que integramos la Junta Interna ATE Legislatura queremos expresar nuestro descontento y nuestra disconformidad ante la actitud tomada por la conducción de nuestro sindicato frente a los acontecimientos que protagonizamos los argentinos la semana pasada.


Por un lado, decidimos hacerlo abiertamente en el Plenario por tratarse éste de un ámbito de participación democrática que valoramos, antes que adoptar posturas como la de no concurrencia, la de callar por conveniencias de cualquier tipo o la de generar corrillos, ya que no nos mueve el generar o formar parte de internismo alguno. Nuestra necesidad hoy consiste en poner en común con el resto de los compañeros de las juntas internas y de la conducción nuestras inquietudes para generar un ámbito de crítica y de autocrítica. Callarnos lo que pensamos sentimos que implicaría obsecuencia y creemos que cerraría el debate, práctica básica para el crecimiento de nuestra organización.


En primer lugar, y luego del impresionante paso que implicaron los resultados de la Consulta Popular en la que todos trabajamos convencida, comprometida y activamente, la ausencia de nuestro sindicato organizado en la calle y de frente a la sociedad aquellos días implica, por lo menos, una gran contradicción. El compromiso asumido ante los 2.700.000 votantes debió ser la fuerza que nos impulsara a ser asertivos en las definiciones de dónde y cómo estar. No tuvimos el protagonismo que todos estos ciudadanos nos habían brindado tres días antes. ¿Qué pasó?


El pasado miércoles, a propuesta de la CTA y unas horas antes del cacerolazo, los delegados habíamos sido convocados a salir a Plaza de Mayo y, a un paso de marchar *y si se había decidido hacerlo seguramente fue porque sabíamos que ése era nuestro lugar* se diluyó absolutamente todo por la declaración del estado de sitio. La salida espontánea del pueblo a la calle ignorando, burlándose y cagándose en dicho estado de sitio nos sorprendió dispersos, desorganizados, asombrados mientras que los vecinos comunes, la clase media pasiva y acomodaticia, la pendejada indiferente daban una lección de decisión y organización.


El jueves fuimos convocados al Congreso y, mientras en la calle y en ámbitos institucionales la historia nos pasaba por encima, para nosotros resultó penosa la desorientación de aquellas horas. Las dudas, marchas y contramarchas lograron que muchos compañeros se dispersaran, que otros desataran individual o grupalmente estar en la calle y que otros *los que seguimos a la conducción* nos desgastáramos durante horas aguardando «algo» en la puerta de ATE Nacional. La espera de una decisión del Frenapo *para las 3, para las 5 y, al final, para verla por TV en nuestras casas*, la imposibilidad de organizar nada, ni siquiera en la puerta de nuestro sindicato, la inmovilidad, la falta de información son las que nos llevaron a debatir en el seno de nuestra Junta y a traer aquí nuestra inquietud. ¿Qué pasó?


¿Qué pasó que todo nos pasó por arriba y no atinamos, ni siquiera con el respaldo de la Consulta Popular, a salir a la calle mostrando con orgullo nuestra propia identidad? ¿Qué pasó, si estamos acostumbrados a salir, a estar, a acompañar, a enfrentar? ¿Qué pasó si tenemos bien en claro que el país que queremos tiene más que ver con el que se pedía en la calle que con el de los banqueros, los Daer, etc., etc.?


En esos momentos hubiéramos querido un mayor compromiso de nuestra conducción. Certeza en la organización de las compañeras y compañeros, capacidad rápida de respuesta ante los hechos que nos sobrepasaban, claridad en las decisiones, contención, respaldo. Y muy poco de eso tuvimos.


Somos militantes y, quienes nos acercamos a ATE y a la CTA sabemos que no elegimos el camino más fácil; ponemos mucho más en juego que UPCN o que Sutecba: nuestro trabajo, la posibilidad de bancarnos corridas, gases y hasta detenciones; riesgos que elegimos porque optamos por decir y por estar en la calle. Por eso, sin dejar de valorar la actitud de muchos dirigentes que han hecho primar la defensa de nuestra integridad por sobre cualquier otra decisión, sentimos que ha faltado organización y decisión en ese momento justo de poner nuestras ideas en la calle.


Por último, vemos en la organización en serio, en la formación *que no es capacitación permanente de delegados y militantes sociales, en la generación de espacios horizontales de decisión y ejecución para dar cabida y protagonismo a todas las compañeras y compañeros que vayan sumándose y, fundamentalmente, en el no rehuir del debate y la autocrítica y aceptar nuestras diferencias: una primera propuesta que podemos hacer desde nuestro lugar de delegados. Porque queremos estar en ATE, pero sabemos que podemos estar mejor.

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