12/08/1999 | 637

Autobiográfico

Por Editor

«A mí también me alcanzaron las garras de la Justicia. Siendo Delegado General del taller de carpintería Virana Muebles hice cumplir varias reivindicaciones que estaban en el Convenio —como ser el guardarropa que no había, lo cual hacía que nuestra ropa se llenara de polvo; la limpieza del baño, que era una mugre completa, lleno de pulgas; así como el barrido del taller—. Pero lo más grave es que se trabajaban 10 y 11 horas diarias sin cobrar horas extras. En el taller éramos 30 obreros, es decir un establecimiento que hoy entraría como una pyme. Se aplicaba la flexibilidad laboral.


«Yo hice una larga labor de esclarecimiento, porque el convenio marcaba 44 horas semanales y 8 horas diarias. Luego, hasta las 48 horas, se debía pagar el 50% más por hora. Y luego de las 48 horas, el 100%. Yo les hacía esta pregunta a los compañeros: ¿por qué le regalamos plata al patrón?


«En una Asamblea del Sindicato, resolvimos no trabajar más horas extras sin su correspondiente pago. Así fue que, cuando se cumplían las 8 horas, todos los obreros dejábamos el trabajo. Esto enfureció al patrón.


«Corría el año 1957 y el gobierno de la ‘Revolución Libertadora’ dio un decreto contra el sabotaje fabril. El patrón aprovechó este decreto y me denunció a la Justicia por sabotaje. Un día, el 30 de agosto de 1957, una comisión policial se hizo presente en el taller con la orden de mi detención. Fui detenido e inmediatamente esposado. Los trabajadores paralizaron el trabajo y me siguieron hasta la comisaría. Allí les informaron que yo estaba a las órdenes del juez.


«Luego me llevaron a los Tribunales, donde al entrar pedí hablar con el juez. Me llevaron a su presencia y yo le pregunté de qué se me acusaba. Me dijo: ‘de sabotaje’. A lo que contesté que yo no había hecho ningún sabotaje. ‘Eso lo vamos a determinar nosotros’, me contestó y me mandó al calabozo incomunicado. Le pedí que me sacaran las esposas y accedió.


«Después de cuatro días, me llevaron ante el secretario del juez, a un careo con un único testigo que había conseguido el patrón. Este me acusó de que yo no dejaba trabajar horas extras, lo que siempre se había hecho en el taller. A lo que contesté que había sido una resolución de todos los trabajadores en una Asamblea realizada en el sindicato: no trabajar más de 8 horas si no se paga de acuerdo con el convenio y la ley. Como delegado general, trataba de que se cumpliera.


«Seguí incomunicado un día más. Luego de levantada la incomunicación, fui trasladado a Villa Devoto. Después de 35 días, fui llevado nuevamente ante el juez que dispuso mi libertad: quedaba ‘libre de culpa y cargo’, que ‘no afectaba mi buen nombre y honor’.


«Debo destacar la labor de mis compañeros de trabajo, que fueron todos los días al sindicato, al tribunal, a ver a los obreros de las fábricas Stein, unos 100, y de Kuligovski, otros 150 obreros. Así organizaron una gran movilización al sindicato que obligó al interventor (el sindicato estaba intervenido por un oficial de la Marina) a hablar con el juez por mi libertad.


«En cuanto al Partido al que pertenecía, el PC, no hizo nada por mi libertad, salvo los compañeros de base de mi célula, que hicieron pintadas alrededor del taller. Eso se debió a dos razones: 1º) la patronal de Virana Muebles sostenía al PC con una cuota mensual, y 2º) yo mantenía diferencias políticas con la dirección del Partido».

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Publicado en Prensa Obrera #164, 26 de noviembre 1986.
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