19/02/1998 | 574

Balance de la huelga pesquera de Mar del Plata

Por Patricia

El agotamiento de los caladeros del norte europeo y las costas africanas, producido por las flotas congeladoras, obligó a estos países a reducir la cantidad de capturas en un 30% y a modificar el modo de extracción, utilizando embarcaciones más pequeñas para recuperarlos. El destino de las embarcaciones más grandes son las caladeros internacionales. Entre éstos, el de Argentina, uno de los más ricos del mundo.


A través de los «acuerdos marco» (Alfonsín), 41 barcos congeladores con bandera nacional asociaron a los industriales internacionales con la Cámara de Armadores y Procesadores. Luego, los acuerdos con la CEE (bajo el gobierno menemista) autorizaron la captura a los factorías con bandera internacional, que violan el espacio nacional de 200 millas.


Entre 1990/96 Argentina triplicó las capturas y cada año superó los récords de exportación. Estudios del INIDEP (Instituto de Investigación y Desarrollo Pesquero) advierten una disminución en la medida de la merluza capturada que evidencia su depredación. También es denunciada la pesca en zona de desove y cría, envenenamiento del lecho marino y la posible ruptura de la cadena ecológica, por la ausencia de fábricas de harina o trituradoras, lo que obliga a tirar al mar especies no comerciales (los peces no comen otros muertos o enteros).


Los industriales nacionales renunciaron al procesamiento en tierra, que aumenta la recaudación y permite un aprovechamiento un 10% mayor del recurso, lanzándose al comercio pirata en altamar.


Cientos de obreros precarizados en cooperativas truchas se autoconvocaron reclamando por la falta de materia prima y por una legislación que los proteja. La patronal ‘nacional’ se montó en esto reclamando la limitación para los factorías en beneficio de los «fresqueros».


Los trabajadores se movilizaron junto a la patronal, esperando superar el retraso salarial y la falta de trabajo si se sumaban a la reivindicación patronal.


La ilusión en que así se resolvería la situación se desmoronó, al informarse que, ante la imposición del paro biológico y las medidas de redes obligatorias (12 cm) la flota fresquera dejaría de trabajar por 15 días. Se comienza a discutir, entonces, parar la flota.


Con la flota en tierra, en la primera asamblea, la intervención de los compañeros giró alrededor de dos reclamos: Retiro de la flota «congeladora» y recomposición de las condiciones de trabajo, denunciando el trabajo y pago en negro.


A pesar de la resistencia de las direcciones sindicales, se declaró la huelga, rompiendo el frente obrero-patronal. El SOIP desertó, oponiéndose al reclamo obrero y contra la ruptura del frente. El repudio de la Unidad Obrera del Pescado a este planteo la sostuvo como comisión de base electa en asamblea.


Ganamos una gran autoridad denunciando la incapacidad de las cámaras patronales para defender el recurso. El imperialismo y sus socios, responsables de la depredación, fueron obligados a retroceder. Luego de 25 días de huelga general, reconocieron el fraude de las cooperativas truchas en los barcos, la existencia de la relación laboral, un principio de aumento en los precios, el blanqueo de los adicionales y la apertura de negociaciones paritarias.


La huelga portuaria ha calado hondo en la conciencia obrera del sector marítimo y fabril.


Las riquezas naturales sólo pueden ser preservadas por los trabajadores. Es preciso desarrollar agrupamientos clasistas para discutir y elaborar el programa para las próximas luchas. El local de la UOP ya es un ámbito de los activistas de distintos gremios.