30/10/2003 | 823

Balance del Encuentro de Fábricas Recuperadas Al ritmo de mister K… ¿hasta cuándo?

Si uno se guía por los asistentes, casi podríamos decir que se trató de un acto oficial. Estuvo presente el ministro de Trabajo, Tomada, y el jefe de Gobierno porteño, Ibarra. El intendente rosarino, Hermes Binner, y su sucesor, Miguel Lifschitz, oficiaron como anfitriones del «Primer Encuentro de Incubadoras de Empresas Recuperadas» que se realizó en Rosario. Participaron varias decenas de cooperativas, nucleadas en el MNER (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas), y representantes de universidades nacionales y organismos de ciencia y técnica.


Pero, más allá del clima de algarabía, volvieron a saltar los grandes problemas.


Aunque el ministro Tomada anunció el lanzamiento de «un financiamiento para la compra de máquinas y capital de trabajo para las fábricas recuperadas», al mismo tiempo señaló que no había fondos propios destinados a sostener a las fábricas recuperadas, a pesar de que en la misma semana se anunciaron subsidios ferroviarios por más de 200 millones anuales. Tomada planteó, entonces, apelar a recursos ajenos, concretamente, una línea de financiamiento del BID, lo que, en la actualidad, no pasa de ser una expresión de deseos, pues los organismos multilaterales de crédito, no ponen dinero en el país sino que lo sacan. En el mejor de las hipótesis, este virtual financiamiento abultaría aun más la deuda externa y estaría atado a múltiples condicionamientos. Los beneficiarios de la «ayuda» deberán endeudarse a tasas prohibitivas.


Tomada confirmó con su planteo que no hay previsto un peso para las fábricas recuperadas en el presupuesto, ni tampoco por parte de los bancos oficiales. Uno de los representantes del Banco Nación presentes habló de las dificultades que causa «la falta de respaldo de capital de los trabajadores», lo que no le impide salvar a los bancos, privados y estatales, por medio de los fondos públicos.


Hace un año, también en el marco de un Encuentro de Fábricas Recuperadas, Solá había proclamado una ayuda para las empresas bajo gestión obrera, que terminó con una asignación presupuestaria de siete millones de pesos, una suma irrisoria. Kirchner también había anunciado 150 millones de pesos con motivo de la creación del Banexo (abreviatura de Buenos Aires-Nexo), para apuntalar los emprendimientos, que no es más que una cáscara vacía. Lo mismo pasa con el Foncap o el Fogaba, que no tienen fondos propios y que terminan actuando como intermediarios de inversores privados. Si se pasa en limpio el discurso de Tomada, no hay nada nuevo bajo el sol, lo único que queda en pie es esta pérfida ingeniería financiera.


Reforma de la Ley de Quiebras


Un reclamo central del Movimiento de Fábricas Recuperadas es la reforma de la Ley de Quiebras para que «cuando una empresa quiebre, los inmuebles y máquinas pasen a manos de los obreros en concepto de compensación por las deudas» (se refiere a los créditos que tienen a su favor el Estado y los obreros por impuestos y salarios adeudados por los dueños). Este planteamiento se circunscribe a un universo muy limitado de empresas (en quiebra). Bajo este criterio, quedan excluidas centenares de empresas que están en convocatoria o no están sometidas a concurso alguno, y cuyos bienes, inclusive, no se encuentran hipotecados ni embargados.


Girar en torno a la quiebra es una equivocación, porque hace depender el futuro de los trabajadores del desenlace de un proceso judicial, el cual es un campo de maniobra y manipulación de la patronal y de los acreedores. Cuando se produce la quiebra puede ser tarde, o sea la coronación del vaciamiento. Los trabajadores necesitamos intervenir en todas las facetas de la crisis, y cuando antes mejor.


Ante el menor síntoma de vaciamiento, es necesario abrir las cuentas y establecer el control obrero y consagrar la gestión obrera de la empresa y su expropiación.


Una alianza con los verdugos de Brukman


En este contexto, no llama la atención el protagonismo de los gobiernos nacional y porteño en el Encuentro. El gran ausente en un encuentro de estas características ha sido el tema referido a las expropiaciones y su efectivización inmediata, cuando este problema esta adquiriendo un carácter explosivo, pues comienzan a vencer los plazos previstos en las leyes votadas y tanto Solá como Ibarra hasta el momento no han puesto un peso por los bienes sujetos a expropiación incluidos en ellas. Un anticipo de lo que se viene lo tenemos en el caso de Yaguané (ver nota adjunta). Esto no fue un obstáculo para que, haciendo gala de una hipocresía a toda prueba, el jefe porteño se jactara del respaldo que viene otorgando la Ciudad a las fábricas recuperadas, sin mencionar que sufren una gran asfixia financiera.


Conclusión y perspectivas


El Encuentro de Rosario marca un avance en la integración del Movimiento de Fábricas Recuperadas al Estado capitalista, pero demuestra que el porvenir de estas fábricas es incompatible con un gobierno atado al FMI. El sometimiento al kirchnerismo plantea irremediablemente sacrificar las reivindicaciones planteadas.


Más temprano que tarde, va a ir afirmándose la necesidad de organizarse bajo un eje independiente y entender la lucha de las fábricas ocupadas como un aspecto de una lucha política de alcance general que apunte a una reorganización integral del país sobre nuevas bases sociales.

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