Al mismo concurrieron no más de 150 compañeros, con algunas pequeñas dele­gaciones del interior y la ausencia del activismo de la zona. Esto permitió que no tuviera un carácter de lucha.


El debate se desarrolló en cinco comi­siones; luego, cada una realizó una expo­sición final, quedando a cargo de la mesa directiva la síntesis para llevarla como propuesta al Congreso nacional.


En las comisiones, la línea general ya estaba regimentada al preacuerdo de lo que se tenía que discutir y aprobar. Orga­nización del CTA, afiliación, una mayor participación sindical y social, y una serie de consideraciones generales de solidari­dad con todos los reclamos sociales.


Con respecto a salud, no se profundizó sobre la desregulación de las obras socia­les, ni contra el hospital de autogestión.


Las comisiones estuvieron siempre supervisadas por la directiva del CTA, oponiéndose siempre a todo lo que estu­viera fuera de lo preacordado; esto motivó un freno para la participación de los com­pañeros con menos experiencia.


En la comisión en la que participamos los compañeros de la Coordinadora de Desocupados, fue donde más se debatió, dado que proponíamos la reivindicación de los 500 pesos para todos los desocupa­dos mayores de 16 años, y por presión de la directiva (Paulón-Villa) se quedó en exigirle al Congreso la emergencia ocupacional, evitando de esta manera la consig­na reivindicativa y organizativa y la mo­vilización de los desocupados.


El otro planteo que hicimos fue que se llevara al Congreso nacional del CTA la propuesta de un plan de lucha y un paro nacional de 48 ó 72 horas, activo. Esto también fue frenado por la directiva.


Por último, quedó en claro para los que concurrimos, la colaboración con la patronal representada en la Federación de Cooperadoras escolares (Augusto Duri, Franco y Cía.), cooperadores patro­nes, privatistas que estuvieron partici­pando del precongreso por unas horas y que, frente al repudio de algunos compa­ñeros, se tuvieron que retirar.


Duri, Franco y Cía., que jugaron siem­pre de progresistas pro obreros mostra­ron la condición de patrones al despedir primero a los compañeros Romero y Fer­nández, luego reincorporados por la lu­cha. Actualmente, volvieron a despedir a los compañeros Porcu y Lepreti, que es­tán con una carpa frente a la cocina cen­tralizada. Ante el repudio que generó la presencia de estos personajes, la directi­va del CTA trató de justificarlos y blan­quearlos, con la idea de que era un con­greso abierto y cualquiera podía partici­par; además, Paulón, en su defensa a fondo de este elemento patronal, salió incluso a polemizar con las denuncias realizadas por Hebe de Bonafini de que Duri era un enemigo de los trabajadores.


No se planteó ninguna autocrítica por el comportamiento de ATE-PAMI de fre­nar la lucha de los 33 compañeros de PAMII y II, que fueron despedidos.


Queda claro que el CTA y ATE son una cáscara vacía al servicio de un puñado de burócratas centroizquierdistas, que no tienen ningún interés en un plan de lucha para el movimiento obrero y que lo único que pretenden es llevar al movimiento detrás de una política patronal como el Frepaso, que es el recambio del menemismo.


Sigue planteada la lucha por un au­téntico congreso de delegados de base elegidos en los lugares de trabajo y barrio, para elaborar un plan de lucha y reivindicativo.