Sindicales

11/2/2022

“Bono Bridgestone”: un logro inédito, históricamente negado por las patronales

Desde la “Participación Privada” y las privatizaciones menemistas, hasta el recurso de la burocracia para hacer pasar el ajuste.

La conquista del pago de un bono de $730.000 en concepto de “participación en las ganancias” por parte de los trabajadores del neumático de Bridgestone ha sacudido el panorama sindical y colocado en debate el origen y la naturaleza de dicho instituto.

Quien salió a adjudicarse el éxito, sin temor a sonrojarse, fue el sindicalista oficialista Pedro Wasiejko, exdirigente del Sutna derrotado en 2016 y recientemente en su seccional de origen (Llavallol), quien rememora la introducción de dicha cláusula de participación en 2001. Lo que deliberadamente omite es esta fue el telón de una reducción salarial del 40% y que en los sucesivos años solo se pagó episódicamente y por sumas insignificantes que no superaron los $7.000.

La directiva clasista del Sutna, que viene de recuperar la seccional correspondiente a la empresa Bridgestone, obtuvo el reconocimiento del pago del bono por ganancias gracias a una laboral de organización y acción en el lugar de trabajo. Y adelantan que verificarán la cifra comprometida y la existencia o no de montos adeudados por este ítem.

Un recurso de la privatización menemista

La “participación en las ganancias” tiene su origen inmediato en el Programa de Propiedad Participada (PPP) del menemismo (Ley N° 23.696), con el cual se aceitó el proceso de privatización de las empresas públicas, con beneficios excepcionales para los sindicalistas colaboracionistas y dejando un tendal de despidos y acuerdos incumplidos.

El PPP se aplicó en varios procesos de privatización, como el de la telefónica Entel, la empresa de correo Encotel, la petrolera estatal YPF, Obras Sanitarias y la antecesora de las concesionarias privadas de distribución eléctrica, Segba, entre otras, y planteaba otorgarle una participación accionaria a los trabajadores y sus sindicatos para hacer pasar el ajuste y la liquidación de las empresas del Estado.

La consecuencia de esta política fue una estafa mayúscula contra los trabajadores, que fueron apartados y excluidos de la entrega de estas acciones y de sus frutos: las ganancias.

Por ejemplo, las empresas Telefónica y Telecom obtuvieron un decreto, al poco tiempo, que las eximia de la obligación legal del PPP, el cual 16 años después fue declarado inconstitucional por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, impulsando distintas presentaciones judiciales. A la fecha, la burocracia sindical del gremio telefónico no impulsa ninguna lucha por su reconocimiento y pago. El Partido Obrero en el Frente de Izquierda tiene presentado un proyecto de ley de Néstor Pitrola al respecto, y la agrupación Naranja Telefónica es la que impulsa el reclamo en el gremio.

Similar es el caso de los trabajadores de la empresa YPF despedidos en el proceso de privatización y excluidos de su “participación accionaria”, quienes tuvieron que luchar durante décadas para que se les reconociera legalmente una indemnización por tal apartamiento. La ley 27.133 fue sancionada gracias a la lucha de los exypefianos y la bancada del Partido Obrero en el Frente de Izquierda, con Néstor Pitrola. Sin embargo el kirchnerismo demoró su reglamentación y los pagos se realizan a cuentagotas. Tampoco hubo acción alguna de los gremios petroleros, al respecto.

Para el caso de la empresa de correos (Encotel), la privatización dejó un tendal de 20.000 despidos y aunque un decreto de 1998 establecía la cesión del 14% del capital accionario a los trabajadores esto nunca se cumplió. El kirchnerismo, al rescindir el contrato de la gestión macrista del Correo Argentino, no reintegró ni un solo trabajador, no cedió las acciones, ni pagó resarcimiento alguno. Fue Romina Del Plá, quien presentó un proyecto para que el Estado reconozca el pago de una indemnización equivalente  a 60.000 dólares para cada trabajador.

Un logro inédito del Sutna

Con estos antecedentes –y existen muchos más- la conquista del Sutna no debe ser soslayada, ya que implica uno de los pocos reconocimiento de un recurso que se ha empleado para estafar a los trabajadores, en distintas ocasiones.

La burocracia sindical pacta con las patronales cláusulas de participación accionarias y/o en las ganancias para disfrazar su política entreguista. Estas cláusulas son desconocidas y/o manipuladas por los capitalistas, quienes controlan los libros, balances e informes de sus empresas para evitar su pago.

El compromiso de la empresa Bridgestone es un reflejo de la transformación clasista de un sindicato que ha venido recuperando poder adquisitivo y que recientemente le ha asestado el golpe de gracia a la burocracia Violeta, allí en la “casa” del burócrata Pedro Wasiejko –hoy devenido en elemento patronal-, en la seccional Llavallol de la cual depende el personal de dicha patronal.

Un salto que todo el movimiento obrero ve con buenos ojos y un proceso que es seguido por los trabajadores, como experiencia para luchar por la recuperación de sus sindicatos y por una nueva dirección para el movimiento obrero.